Dos noches más así

Ese mismo, el aficionado, conoce la realidad de este club y conoce y asume las aperturas por las que se pasan para poder competir con los tres de arriba y, por eso, se merecía una noche mágica.


Permítanme que lo primero que haga es pedir perdón al editor de este portal valencianista, perdón porque este artículo debería haber estado preparado para principios de semana.
Una vez pedidas las disculpas y enrocando con que a muchos les cuesta horrores sacar adelante publicaciones valencianistas, en este caso, quiero romper una lanza por aquellos que fruto de su esfuerzo, permiten que los que hoy leen esto tengan una opción más para informarse sobre su equipo. Y la verdad es que agradezco que me haya dado el tiempo para escribir tras pasar una semana donde el Valencia, más bien, ha sido lo más parecido al Dragon Khan.
 

A principios de semana el equipo era peor que el 90% de los nuevos canales de TDT.
Durante el transcurso de la misma alguno ya pensaba más con el corazón que con la cabeza por aquello de la remontada. Seré sincero, yo lo hice con la cabeza y me sorprendió el corazón. Luego volveremos a eso.
 

Durante la semana, más allá del famoso proceso de venta, apareció de lo más penoso que ha ocurrido en tierras valencianas en mucho tiempo. El secuestro, episodio triste que tan sólo mancha al Valencia porque el imputado fue tristemente presidente del club, nada más.

 
Pero volvamos a lo bueno, lo del pasado jueves, no voy a decir lo de "que poca vergüenza que lo hagan cuando quieran", aunque esté de acuerdo. El jueves se vivió en Mestalla una de esas noches que el viejo estadio tanto anhelaba. El jueves el Valencia, el club, el escudo, la institución, el sentimiento, se volvió a reencontrar consigo mismo.

 
No por ser menos habitual son fechas que han de recordarse con lo de "yo estuve allí". El jueves volvió a reverdecer lo que significa un club con 95 años de historia, y lo volvió a hacer con el mayor de sus activos, su afición. Esa afición que ha tenido que vivir muchas cosas que ni se merecía volvió a dejar claro que aquí no se piden títulos, aquí no se piden historias irreales. Aquí, lo único que se pide es que se muestre en el césped, que se escenifique aquello que pasa por el corazón del que paga su pase o su entrada, que por lo menos, el que corre por ellos ponga las mismas ganas que cuando se grita un gol o se pide un penalti.

Ese mismo, el aficionado, conoce la realidad de este club y conoce y asume las aperturas por las que se pasan para poder competir con los tres de arriba y, por eso, se merecía una noche mágica.
 

Sólo espero que se repita dos veces más, una tras la vuelta de semis ante  el Sevilla y la otra, bien lo sabéis, en Turín, y eso solo ocurrirá si se suplen las carencias de calidad con el mismo corazón que se puso el pasado jueves.

Un abrazo canallas.

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