La historia se repite

La fórmula siempre ha sido la misma: un buen portero, una defensa experimentada y sólida, una gran cobertura por delante de los centrales, un par de jugadores de creación y una buena dosis de velocidad y llegada arriba.


        El tema puede resultar tópico, pero la recta final de la temporada es el eje del valencianismo a estas alturas del año, cuando a falta de diez partidos para conclusión de la Liga el equipo tiene que apretar los dientes para mantener su actual línea de juego y resultados y acabar tercero, sin olvidar que cualquier despiste puede acercar a los que vienen por detrás y sin renunciar al sueño de que desfallezcan los que le preceden.

        Debo reconocer, lo he dicho en más de una ocasión, que el juego del Valencia a lo largo de la Liga no me ha maravillado, pero también debo dejar claro lo que salta a la vista. El equipo de Nuno Espirito Santo es intenso, rocoso y difícil de superar: un bloque compacto y sin individualidades determinantes que está más que cumpliendo.

        Lo cierto es que este año se repite la dinámica de todas las buenas temporadas completadas por el Valencia a lo largo de su historia. Los resultados y los títulos han llegado al palmarés sin alardes, ni florituras. Muchos todavía recordarán las Ligas de Rafa Benítez, pero lo mismo ocurrió en 1971 y en los años cuarenta. La fórmula siempre ha sido la misma: un buen portero, una defensa experimentada y sólida, una gran  cobertura por delante de los centrales, un par de jugadores de creación y una buena dosis de velocidad y llegada arriba. Todo ello se sazona con los errores justos en Mestalla y sin excesivos goles a favor, pero con pocos, muy pocos, en contra, además de con contundencia y concentración en unos jugadores con hambre por ganar y con mucha motivación. La calidad, que la hay, es un valor que se añade a todo lo anterior y que ayuda mucho, pero que por sí misma no da para rendir como ha rendido hasta el momento el Valencia. ¿Brillantez en el fútbol? A veces, sí y a veces, no, aunque ese debate va a tener cada vez menos peso en los dos meses que restan de temporada: ahora lo único importante es ganar.

        Quedan diez partidos en los que no se puede bajar la guardia porque ser tercero tiene mucho valor. Ofrece lo mismo que ser segundo al  evitar la fase previa de la Liga de Campeones. Ganarle el pulso al Atlético de Madrid es el objetivo fundamental del momento, aunque no me disgustaría que el equipo aderezara su puesto en el podio con una alegría para la afición con victoria en casa y, a ser posible, en las visitas al Camp Nou y al Bernábeu.

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