Dosis de orgullo

El Valencia hizo un gran partido en Bulgaria


Parece evidente que el momento decisivo del partido fue la parada de Diego Alves en el lanzamiento de penalti. Tal vez, el partido hubiera sido otro si el Ludogorets hubiera entrado en estado efervescente pero tal vez no, porque enfrente estaba el Valencia. Hay dos detalles significativos que ya destacamos en la crónica del partido que reflejan por dónde camina este equipo. En el minuto 77, con 0-3 a favor y un jugador menos sobre el campo, el lateral derecho presionaba en el córner contrario la salida de balón del rival. Y en el final del partido, Jonas hacía la cobertura defensiva como último hombre de la zaga. Con estos dos ejemplos se extrae la conclusión de que estamos ante un equipo ambicioso y sacrificado. El Valencia sabe a lo que juega y sabe qué tiene que hacer para llevarse los partidos. Al gen competitivo que parece que se va instaurando en el equipo le acompañó ayer un manual de cómo hacer las cosas sobre un terreno de juego.  

Es cierto que, como siempre, no conviene lanzar las campanas al vuelo. De momento, el Ludogorets no es la Juventus. Pero tampoco se debe infravalorar las dosis de orgullo que genera este equipo entre sus aficionados con actuaciones como las de ayer. El Valencia toma posiciones para recuperar su prestigio europeo. Un reto apasionante.

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