DE PELO EN PECHO

Siempre pensé que un buen futbolista no es el que sabe hacer rabonas, 453 toques sin que el balón caiga o el que las pasa todas de tacón. El buen futbolista conlleva otros aspectos que, por mucho que mire, en muchos casos, no veo en esta plantilla


Vaya por delante que soy un ferviente amante de las "teen movies" de los ochenta y principios de los noventa y, como actor de aquella época, sin duda siento predilección por Michael J Fox, protagonista de "Teen Wolf, de pelo en pecho". Y no, no hablo de Amadeo Salvo, hablo del sesudo mensaje de ese largometraje.

Si no la han visto, además de no tener perdón de Dios, les diré que es la historia de un chaval humilde, el "don nadie" de un típico instituto estadounidense, integrante, a su vez, de un equipo de baloncesto malo hasta rabiar. Pues bien, un día descubre que se puede convertir en un hombre lobo, que corre más, que salta más, que las mete machacando, que mola mucho y que, incluso, liga como el que más. Hasta que un día se da cuenta de que, molar tanto, le hace perder la perspectiva de la realidad que le rodea, y, por resumir, se da cuenta de que siendo ese chico humilde con sueños es cuando se consiguen los objetivos.

Alguno, quizá, andará perdido. Tranquilos que yo se lo explico. Resulta que me recuerda en exceso a la plantilla del Valencia. Unos chavales que, en muchos casos, han perdido la perspectiva de la realidad, agrandados a más no poder, creyendo que son mucho mejores de lo que realmente son. Y no lo digo yo, lo dice el currículum de títulos de muchos de ellos.

Al lío, estos futbolistas que hoy visten ese escudo por el que muchos se han dejado el alma deben tener más humildad y respeto. Descubrir que sólo como equipo se consiguen las cosas y que los egos están muy bien para cuando enseñas el coche nuevo. Y si, esos egos en parte han sido el detonante de la salida de Djukic, muchos no han querido, o por lo menos, eso se ha visto en el césped.

La época de Djukic llegó a su fin y, en parte, por él: no supo gestionar a la plantilla, se dieron demasiados bandazos y, si miro hacia atrás para caracterizar el fútbol de los del serbio, no encuentro ningún calificativo. Ese es el gran debe de un entrenador al que, seguro, el fútbol le devolverá esta oportunidad. Djukic llegó a Valencia como un sueño que se hacía realidad, con la ilusión del primer beso, y esa ilusión le nubló. Creyó que con ese beso se comería el mundo, pero no, las relaciones, para ser duraderas han de basarse en la realidad, y no en lo que uno desea bucólicamente. He aquí el gran error de un serbio que hablaba de títulos, que hablaba de despertar a un gigante. Él creía que esta plantilla estaba para hablar en esos términos pero se equivocó y, a partir de ahí, empezó su declive. Se ha ido un entrenador que sentía el escudo, que conocía al Valencia, que vive en su ciudad y que sabe que éste, a pesar de todo, es un gran club. Una pena que ese sentimiento no cuajara en su paso por el banquillo. Seguro que esto le hará madurar como a muchos otros grandes entrenadores.

Ahora bien, el escudo Djukic para la plantilla se acabó. Ahora quiero ver a esos jugadores plantar cara a sus rivales. Siempre pensé que un buen futbolista no es el que sabe hacer rabonas, 453 toques sin que el balón caiga o el que las pasa todas de tacón. El buen futbolista conlleva otros aspectos que, por mucho que mire, en muchos casos, no veo en esta plantilla. Aquello de la ‘testiculina’, aquello del honor, aquello de la vergüenza, aquello de la superación, aquello de la solidaridad, aquello de ser fuerte mentalmente y aquello de la profesionalidad. Todo eso hace de un futbolista un muy buen futbolista. Ahora es el momento de reafirmarse, y de que desde la portería hasta el ataque se rebelen ante lo que muchos pensamos que son: futbolistas sin más.

Del aspecto social, del nuevo entrenador, del nuevo dueño… Quizá en otro momento. Pero sólo diré una cosa: que no jueguen con un escudo en el que a muchos les va su propia vida, que se dejen del "yoismo" y piensen en lo que representan para miles de personas. Jamás tendrán una oportunidad como la que estos tiempos les brindan para no ser recordados como los últimos que estuvieron al mando de esta entidad, o sentados en la poltrona, o manejando los hilos desde Ayuntamiento o Generalitat.

Un abrazo canallas.

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