Parones

Los parones son malos cuando los equipos van bien. Cuando los equipos van mal, también lo son.


        Poco me han gustado los parones de la Liga, en especial los que de unos años hasta aquí se producen en el tramo inicial de la competición, en septiembre, octubre y noviembre. El primero es el peor. El torneo no debía comenzar antes de esa fecha para las selecciones. El de ahora rompe el ritmo de los equipos y el próximo llega en un momento en los que algunos ya tienen urgencias, bien por seguir arriba, bien por  recuperar el terreno perdido.

        Los parones son malos cuando los equipos van bien. Cuando los equipos van mal, también lo son. En uno y otro caso, salvo lesiones o sanciones, es mejor jugar a los tres días del último encuentro que a los catorce. Desde el punto de vista periodístico, no hay nada peor que un parón tras una derrota. Al quinto o al sexto día, sin los internacionales en la ciudad, con un ritmo de entrenamientos diferente y con un fin de semana de por medio, lo malo se magnifica. Recuerdo como exponente de esta situación, un parón que afectó al Valencia hace algunos años tras un 0-1 con el Logroñés en Mestalla, penalti fallado por Romario incluido. Fue el fin del mundo. El equipo no iba, Romario no iba y el horizonte del siguiente partido no se percibía.

        Por contra, las dos semanas de descanso con las que se encuentra ahora el Valencia apenas permiten vislumbrar allá a lo lejos el partido de Riazor. Además, al no jugar el equipo en Europa, parece que falta fútbol. No solo lo parece. Es así. Tras casi dos meses de temporada, el Valencia solo ha jugado siete partidos, tres de ellos en la misma semana. Algo no cuadra: hay síndrome de abstinencia. El equipo está en un buen momento y al aficionado le hace falta verlo jugar, disfrutarlo, comprobar que es capaz de mantener el nivel y de meterse en la escapada buena del campeonato, sin perder la rueda de los tres grandes del pasado torneo y del Sevilla.

        En los parones pueden descansar los que se quedan, pero no los que se van y el Valencia tiene jugadores que esta semana tendrán compromisos importantes. Es cierto que con la felicidad de las victorias se vive mejor la interrupción del campeonato, pero tras un triunfo no hay mayor felicidad que volver a ver jugar al equipo. Supongo que eso es lo que desean todos. Yo también.

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