‘Hacer un Grenoble’: Sofiane cierra el círculo

Veremos de lo que es capaz en un equipo potente si, a sus 26 años y en plena madurez futbolística, es capaz de elegir bien su próximo destino. El tiempo dirá si el club ha cometido o no un error con el que es, hoy por hoy, el jugador más veterano de su primera plantilla.


En los próximos días, Sofiane Feghouli pondrá punto y final a su trayectoria como futbolista del Valencia CF. Ni siquiera fue convocado para vestirse de corto en su último partido en Mestalla. Descartamos absolutamente un giro de última hora que suponga su continuidad en el club, ya que ambas partes (futbolista y directiva) han tenido meses de sobra como para alcanzar un acuerdo. Hay quien dice que el chico ya tiene un precontrato con su próximo club. No existe ninguna prueba sólida que lo confirme. Es, sin embargo, la conclusión más lógica viendo los precedentes y la manera en que el futbolista aterrizó en Valencia hace seis años.

Seis años… El tiempo vuela. Efectivamente, Sofiane Feghouli (26 de diciembre de 1989, Levallois-Perret, Francia) va a marcharse tras convertirse en uno de los extranjeros con más partidos a sus espaldas de las últimas décadas. 240 apariciones, 161 de las cuales han sido como titular. La estadística oficial le otorga 31 goles anotados entre Liga, Copa, Champions League y Europa League. El dato más esclarecedor, sin embargo, recae en las asistencias: 40 en total. Su temporada más productiva fue la 2013-2014, precisamente una en la que contó con dos técnicos (Djukic primero, Pizzi después) y mil y una vicisitudes sacudieron a la entidad. En un año convulso, Sofiane se destapó con 4 goles y ocho asistencias para convertirse en uno de los pilares del nuevo Valencia que iba a nacer tras el proceso de venta. Sólo en una ocasión el argelino había hecho más goles: dos años antes, en una 2011-2012 magnífica que le valió la renovación por parte de Manuel Llorente.

Y todo habiendo llegado a coste cero a la capital del Turia. Un detalle muy importante o nada importante en función de a quien se consulte respecto a un jugador bipolarizante, de esos que portan el ‘sambenito’ a cuestas prácticamente desde el primer día.

UN AÑO SIN JUGAR PARA VENIR AL VALENCIA

Corría el año 2009. Una época convulsa en el Valencia, para no perder las buenas costumbres. Tras una temporada irregular sobre el césped, un equipo plagado de figuras (Villa, Silva, Mata, Joaquín, Morientes, Marchena, Albelda, Baraja…) no había conseguido entrar en Champions en el año del debut de Unai Emery en un grande de la Liga. Algo tuvo que ver lo sucedido en los despachos y el agujero en la caja fuerte, repleta de telarañas que supusieron retrasos en las nóminas de los futbolistas, quienes curiosamente encadenaron los peores guarismos en los meses que pasaron sin cobrar. Se recuerda el momento en que Fernando Gómez, director deportivo por aquel entonces, se encerró con los futbolistas en la caseta para dar y pedir explicaciones. Las promesas incumplidas de Vicente Soriano respecto a la venta de las parcelas del viejo Mestalla y demás asuntos extradeportivos detonaron la bomba en el mes de abril, aunque los efectos se notaron a principios de junio: presidente por el aire, Javier Gómez como dirigente interino y la designación –por parte de Bankia y los poderes fácticos- de Manuel Llorente como ocupante de la silla presidencial para mantener a flote el barco a base de meter la tijera. Sobre el césped, sextos en la tabla. En resumidas cuentas, un año de mierda, pero sin una Copa del Rey para enjugar las penas como sí había ocurrido la temporada anterior.

El trabajo de la dirección deportiva en aquella etapa guardaba poca o ninguna relación con el Valencia actual, el de los 30 millones por Rodrigo o los 22 por ‘La Roca’ Abdennour. Había que gestionar miseria y, por tanto, tirar de ingenio y bucear en las profundidades del mercado en busca de oportunidades buenas, bonitas y, por encima de todo, baratas. Así surgió un desconocido Mathieu que llegó libre del Toulouse, llegaron fichajes de perfil bajo como Bruno Saltor y se dio la posibilidad de firmar a un prometedor argelino que ya destacaba en un humilde de la Ligue 1 como el Grenoble. Un proyecto de futbolista que, con 19 años, ya era internacional sub-21 con Francia y había llamado la atención de muchos equipos potentes de Europa. “En aquella época no teníamos un duro para fichajes, teníamos que hacer apuestas de este tipo. Unas salieron bien y otras salieron mal”, recuerda Fernando. La secretaría técnica trabajó la incorporación durante meses de un chico que podía jugar en varias posiciones de la zona de tres cuartos, con un físico todavía por desarrollar y que, por desgracia, se había lesionado el menisco de gravedad nada más empezar la temporada siguiente. Mientras el propio Fernando, Braulio Vázquez y Javi Garrido no perdían detalle de sus evoluciones en sus múltiples viajes a Francia, el argelino pasó por quirófano. Era octubre de 2009.

Feghouli no volvería a ponerse la camiseta del Grenoble nunca más.

El contrato del muchacho finalizaba ocho meses después, en verano de 2010. Los rectores del Grenoble habían intentado renovarle en varias ocasiones, para acabar topándose con la negativa de Habib Antar, agente del jugador. El representante jugaba sus bazas: ya sabía que varios equipos, entre ellos el Valencia, andaban tras su chico. La primera toma de contacto ‘oficial’ entre ambas partes tuvo lugar en el aeropuerto de Lyon en verano de 2009. Un miembro de la dirección deportiva valencianista aprovechó su regreso de un partido de pretemporada para reunirse con las dos figuras clave en la negociación: el agente Alex Bonnot (que poseía parte de los derechos de Feghouli) y el propio Antar. Un encuentro en el que se perfilaron las líneas maestras de su futuro contrato. Como anécdota, ya meses después, otra de las reuniones clave para fijar las condiciones finales del acuerdo tuvo lugar con Antar sentado de espaldas al cónclave, en una mesa adjunta para no levantar sospechas. ¿Exceso de precauciones o excentricidad? Curiosidades de un agente peculiar donde los haya.

“El contrato se plasma en enero de 2010 para no incurrir en ninguna legalidad”, recuerda Fernando. Mientras se recuperaba de su lesión, ya a inicios de 2010, Feghouli poco a poco fue apartado de las convocatorias. El Grenoble se sentía engañado y, ya que no podría contar con el jugador más allá del 30 de junio, no iba a ponerle fáciles sus últimos meses en Francia. Sofiane, sin embargo, no se echó atrás y se recuperó de la operación por su cuenta: el proyecto del Valencia le convencía, la ciudad también, y su agente había maniobrado para que el club apostase fuerte por él con un contrato por cuatro años. Un documento que se topó con una traba de última hora en forma de derogación de la conocida como ‘Ley Beckham’ ese mismo verano, y que obligó a rehacer desde cero la documentación debido al endurecimiento de la fiscalidad para los jugadores extranjeros. A la postre, todas las partes tuvieron que ceder para que la operación cristalizase. La prima de fichaje, en la mayoría de casos abultada al traer a un jugador libre a un club, fue en este caso un gesto de cortesía de Antar, quedándose en nada. El Grenoble hubo de conformarse con apenas 300.000 euros en concepto de derechos de formación. El 20 de mayo de 2010, Feghouli ya era oficialmente jugador del Valencia.

Fernando Gómez, que no llegó a ver al jugador vestido de corto (“yo no lo ‘disfruté’ como jugador aquí”, recuerda tras su ‘amortización’ en el cargo por parte de Manuel Llorente) resume en una frase aquella época: “El chaval estuvo un año entero sin jugar con el Grenoble tras no renovar, y todo porque quería venir al Valencia. Y ahora lo estamos matando”.

UNA ADAPTACIÓN DIFÍCIL

La vida de un futbolista de élite depende, en gran medida, del entorno que lo rodea. La rutina de entrenar, cuidar la alimentación, descansar lo suficiente, rendir al 100% a nivel físico, recuperar la musculatura, viajar 3 o 4 veces al mes y el resto de obligaciones que conlleva la competición requiere de ayuda extra cuando el atleta regresa a casa, a la protección del hogar. En el caso de futbolistas jóvenes, una ausencia de estabilidad en su círculo más íntimo puede dar al traste con la proyección de cualquiera. Recuerden las anécdotas de Banega y su nevera repleta de cerveza y nada más cuando llegó a España, o los primeros meses de Mina en la actual temporada y una alimentación a base de natillas que no hicieron demasiado bien a su figura. Necesitan cobijo y protección, una ‘burbuja’ de confianza que les permita rendir luego en el césped. Sofiane no se encontró eso tras su aterrizaje en el Cap i Casal.

En su lugar, decidió cambiar de aires y afrontar su adaptación a la ciudad en solitario. De un suburbio complicado de Paris a una capital costera con muchas tentaciones y en la que la calidad de vida es una de sus señas de identidad. La ocasional visita de alguno de sus amigos franceses y argelinos dejaba estampas en Paterna difíciles de olvidar: grupos de cinco o seis jóvenes luciendo estética ‘gangsta’, pantalones anchos y gorras invertidas. Chavales, al fin y al cabo. Con pasta y con ganas de divertirse.

Sin embargo, la mayoría del tiempo Sofiane estaba sólo. Apenas un par de visitas mensuales de Antar, mucho más que un agente para él. El representante siempre ha actuado como su tutor, su confidente, el hombre cuyos consejos sigue ciegamente. Su relación no es meramente profesional: para Feghouli, Antar es como de la familia, y su palabra es ley como si de una suerte de tío autoritario se tratase. El club poco podía hacer, dado que tampoco el chico daba pasos para integrarse. Podían vigilarle muchos parámetros (la dieta, estricta siempre que el doctor Candel estuviese involucrado, o la disciplina interna del vestuario) pero no podían ofrecerle un entorno con todas las letras. Sofiane tendría que creárselo poco a poco en una ciudad extraña para él.

Tras disputar apenas 28 minutos en tres ratitos sobre el césped en sus primeros meses en el club, la situación debía dar un giro radical en enero. La decepción en el año del debut de Emery había dado paso a una tercera plaza basada en el pragmatismo y la pegada de un equipo cuyo tridente en ataque (Villa, Silva, Mata) había sido clave para regresar a la Liga de Campeones. Tras la marcha de los dos primeros en verano, Unai no podía arriesgar con jóvenes promesas. Llorente, desde la silla presidencial, apretaba y tensaba la cuerda. Había que entrar entre los cuatro primeros sí o sí. En la banda derecha, un pujante Pablo Hernández había adelantado sin miramientos a Joaquín en la rotación meses atrás. Titularísimo. No había sitio para Feghouli, que fue cedido al Almería a mitad de temporada y donde fue noticia por tres factores: un desafortunado error de impresión en su camiseta durante su presentación (“Feghonli”), los dos goles que anotó en sus nueve partidos disputados en tierras almerienses, y por el acto de indisciplina que protagonizó al negarse a viajar en autobús al Bernabeu en la recta final del campeonato. Le cayó un buen ‘paquete’ y, de rebote, sembraba la inquietud en un Valencia que esperaba su regreso un par de semanas después con cierta incertidumbre.

PATINAZOS Y MADUREZ

El mensaje del club iba a ser contundente: o Feghouli empezaba comportarse como un adulto, o acabaría de patitas en la calle. Braulio Vázquez y Unai Emery lo tenían claro en el arranque de la 2011-2012. El niño debía hacerse hombre porque el fútbol, la competición, es un tren al que hay que subirse en marcha. El paso de los meses empezaba a mutar el aspecto físico del argelino: de joven desgarbado y algo enclenque a un auténtico toro con un tren inferior imparable, preparado para ir al choque y cambiar de ritmo con velocidad. Poco a poco, el ‘outsider’ que había pasado por Almería sin pena ni gloria se iba convirtiendo en el mejor encarador de la plantilla, un superdotado del desborde, una auténtica pesadilla en el uno contra uno para cualquier lateral. A Emery, clave en su transformación, le gustó el nuevo Feghouli no sólo en el césped, sino también en la relación con sus compañeros, y empezó a darle cancha. Sofiane al fin dejaba a un lado sus sempiternos auriculares tamaño XXL en las concentraciones para relacionarse con el resto de la caseta. Y, como Pablo hiciese dos años antes con Joaquín como damnificado, el argelino empezó a golpear con fuerza la puerta de la titularidad. El año culminó con otro tercer puesto en Liga para el equipo y un Feghouli que, además, se había convertido en uno de los fijos para la selección de Argelia.

Este último aspecto presentó ventajas e inconvenientes a su trayectoria en el Valencia cada par de años. Empezó a ser tradición que el futbolista arrancase las campañas con fuerza para, una vez participase con su combinado en la cita de selecciones a principios de año, su presencia se diluyese en el tramo final. El “¡Feghouli no ha vuelto de la Copa de África todavía!” empezó a convertirse en un chascarrillo recurrente. En el lado positivo, Sofiane llenaba el depósito de confianza cada vez que disputaba un choque con su país, donde es un ídolo nacional. A fecha de hoy, 38 partidos oficiales con Argelia y once goles anotados son, con apenas 26 años, cifras muy a tener en cuenta.

Un Feghouli desencadenado protagonizó un fulgurante inicio en la 2012-2013, en la que se le recuerdan actuaciones extraordinarias como aquella velada ante el todopoderoso Bayern de Munich: un 1-1 en el que su gol, puro corazón, potencia y técnica individual (y una pizca de fortuna), llevó el delirio a la hinchada a quince minutos del final. La celebración del tanto, a grito pelado, llegaba tras un partido en el que había tenido que doblar funciones en banda derecha ejerciendo de atacante y también de cierre tras la expulsión de Barragán en los primeros minutos de partido.

Era noviembre de 2012 y, ya entonces, Feghouli volvía a ser una pieza codiciada en el mercado. Tanto, que el Valencia aprovechó la entrega del Balón de Oro al Mejor Jugador Argelino a su futbolista (a manos, nada menos, de el añorado Johan Cruyff) para incorporar a Braulio Vázquez a la expedición y aprovechar el desplazamiento para avanzar en su renovación. La hinchada valencianista alucinaba ante la posibilidad de que uno de sus jugadores más prometedores pudiese hacer las maletas, y Manuel Llorente cedió a la presión: en Navidades de ese mismo año anunció la renovación de Feghouli hasta verano de 2016, fijándole un contrato de 1,2 millones de euros netos por temporada.

Con todo a favor, Sofiane volvió a las andadas. El jugador maduro volvía a incurrir en una chiquillada cuando fue ‘cazado’ conduciendo sin carné a finales de 2012. Quizá la ausencia de una línea clara en la caseta tuvo que ver (eran las últimas semanas de Pellegrino como técnico, antes de ser destituido), pero los que siempre sospecharon de Feghouli volvieron a tener munición para atizarle. Tras pasar por comisaría y ver cómo se le llevaban el vehículo al depósito, tocaba volver a empezar, al menos en lo que respecta a su imagen. En lo deportivo, 'Txingurri' Valverde lo tenía claro: el argelino era una pieza básica para rearmar a un Valencia capaz de luchar por entrar en Champions hasta la última jornada. Fue la campaña en la que el jugador amasó más minutos en Liga y se consolidó como referente en una plantilla que, cada vez más, mutaba en fisonomía y prescindía de futbolistas veteranos.

LIDERAZGO, OCASO Y UN FINAL ESPERADO

2013 trajo consigo el fin de una era: Valverde no renovó, Llorente se marchó del club, Albelda dejó el fútbol, la plantilla perdió a referentes como Soldado en verano… Nuevos tiempos, un nuevo entrenador (Miroslav Djukic) y pocos futbolistas con galones en el vestuario. De golpe y porrazo, el muchacho desgarbado que había llegado tres años atrás era uno de los hombres importantes del Valencia, recién renovado y con muchísimo margen de crecimiento. Era el momento de erigirse en líder, quizá no por personalidad, pero sí por fútbol. Y, pese a la sospecha permanente en torno a su figura, Feghouli cumplió. En números y en sensaciones. Sobre el césped, la 2013-2014 fue su temporada más completa hasta la fecha pese a la línea irregular de un equipo que, recordemos, se quedó a un minuto de jugar una final europea.

Fuera del campo, su integración en la ciudad completaba sus últimas etapas. Cada vez su familia tenía un papel más activo en su día a día. Tras el incidente con su vehículo, hacía tiempo hasta que le fuese devuelto el permiso de conducción manejando un Smart sin necesidad de licencia. También hubo tiempo para el amor y para sentar la cabeza: el pasado mes de noviembre, Feghouli fue padre por primera vez. También se implicó al máximo en causas sociales y humanitarias, como la que le llevó a conocer a Lucía Moreno, una pequeña de 12 años que padece distrofia simpática refleja. El atacante conoció su caso, la visitó en su domicilio, trabó relación con la familia y ha colaborado en varias iniciativas (incluyendo una suma importante de su propio bolsillo) para sufragar el tratamiento de la niña, cuya enfermedad está catalogada como rara y cuyo tratamiento requería de una costosa máquina de la que no había unidades en nuestro país debido a su alto precio. El Feghouli más solidario coincidía con el más centrado fuera del campo y el más activo, participativo y decisivo dentro de él. Su participación en el Mundial de 2014 con Algeria, todo un hito para su país, fue el colofón a su temporada soñada.

Y, poco a poco, las cosas cambiaron. Llegó Nuno al Valencia, la estructura del club dio un vuelco tras la venta a Peter Lim y Feghouli, sin padrinos dentro del organigrama, sin un agente vinculado a Jorge Mendes, volvió a quedarse sólo. El fútbol y su rendimiento eran los únicos argumentos de los que podía echar mano semana a semana para reivindicar su importancia en una plantilla en la que los valores se subvirtieron de la noche a la mañana. El año pasado, el chico (ya todo un hombre) vio como Fuego, Barragán, Piatti, Parejo… iban renovando su vinculación con el proyecto. Él se quedaba como el último de la lista, cuando quizá había hecho méritos para ser el primero. El gran contrato que Llorente le había firmado a finales de 2012 se había quedado obsoleto tras los tremendos desembolsos que Lim había realizado en fichajes y en salarios. Si iba a ser líder, si iba a ser importante, Feghouli quería ser considerado igual de ‘top’ que el resto de los puntales del equipo.

Como en toda negociación, hay dos partes que ofrecen su versión de los hechos. En el bando del jugador, se afirma que no se ha valorado al argelino en su justa medida. En el bando del club, que la oferta realizada era sustanciosa y que es responsabilidad del atacante no haber aceptado. Cada vez que era cuestionado en público, Feghouli afirmaba querer seguir en el Valencia. Fernando Gómez y muchos otros coinciden en el diagnóstico: “El Valencia ha llegado tarde a la renovación y el jugador, en su derecho está, juega sus cartas”. Nadie puede entender que el Valencia, incapaz de arrancarle la renovación al jugador, no buscase activamente una venta antes de que finalizase el pasado año 2015. Y más conociendo los precedentes y con un ejemplo tan claro como el vivido en 2009 con el Grenoble. Si había ocurrido con el club francés, era lógico pensar que el ‘modus operandi’ de Antar podía repetirse.

Por desgracia, los meses finales de 2015 pasaron sin que hubiese ‘fumata blanca’ ni para bien ni para mal. En lo deportivo, una desafortunado problema en la zona plantar le impidió rendir en condiciones en el tramo intermedio de la temporada, ya sin Nuno en el equipo. Con Neville, como todo el mundo sabe, los resultados fueron catastróficos, depreciando el valor de la plantilla al completo, Sofiane incluído.

Así arrancó 2016. Desde el 1 de enero, el jugador (al igual que ocurrió seis años atrás en Grenoble) podía rubricar un contrato con cualquier equipo. Era agente libre de nuevo. La presión mediática volvió a golpear con fuerza. Y, entonces, el niño de 19 años volvió a tomar el control. Feghouli volvió a cagarla más de dos años después de su último patinazo: negarse a entrenar tras un partido y negarse a hacerlo al día siguiente aduciendo molestias físicas. ¿El resultado? Una multa de 12.000 euros (tope permitido por la AFE) y un expediente disciplinario. ‘Pecata minuta’ sobre el papel, pero una forma increíblemente torpe de emborronar una trayectoria de seis años en la entidad. La historia se repite: de sus últimos días en Almería a sus últimos días aquí, dejando por el camino en ambos casos un acto de indisciplina como rúbrica lamentable a una trayectoria deportiva más que correcta.

El comportamiento del jugador desde el mes de marzo –todo un dechado de inmadurez- va a acabar justificando a los que le han ‘matado’ sin argumentos de peso durante un lustro. Ellos quizá querrán reescribir la historia a posteriori, y quizá tengan éxito en hacerlo. Mientras llega ese revisionismo tan habitual por estos lares, aquí queda constancia de que Sofiane Feghouli pasó por el Valencia con buena nota en líneas generales y con pocas, muy pocas ocasiones en la que el club y su particular idiosincrasia cerraron filas en torno a él.

Y quedará constancia de que, al final de la corrida, el muchacho cerró el círculo de la misma manera en que lo comenzó en Grenoble: marchándose con la condición de agente libre bajo el brazo. Un borrón actitudinal en los últimos meses no desequilibra la balanza tras un buen rendimiento global durante seis años. A coste cero. Quienes vieron potencial en el chico en 2010 lo tienen claro: “Hay que hacer una valoración global, y tener en cuenta lo deportivo y su coste económico. Mira las estadísticas: Feghouli sí ha rendido en el Valencia”, reflexionan. Un cierre algo lacónico para una figura que nunca generó unanimidad, ni siquiera en sus momentos más brillantes. Veremos de lo que es capaz en un equipo potente si, a sus 26 años y en plena madurez futbolística, es capaz de elegir bien su próximo destino. El tiempo dirá si el club ha cometido o no un error con el que es, hoy por hoy, el jugador más veterano de su primera plantilla.

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