A propósito de George

Mendes es el número uno en su sector. Pocos lo ponen en duda. Pero su sector no es la tecnología o la medicina: es la representación de futbolistas, una profesión en la que el mercadeo está a la orden del día. Y las comisiones. Los agentes viven de ellas, y George no es una excepción.


Ni ángel ni demonio. La repetición y reiteración en las últimas semanas (Mendes, Mendes everywhere!) obliga a hablar del hombre del verano en la ciudad, un tipo que ni siquiera tiene raigambre en la capital del Turia pero que, sin embargo, tiene gran parte del futuro deportivo del club en sus manos. Jorge Mendes (‘George’, de ahora en adelante) cuenta con el crédito conferido por su amigo Peter Lim para la planificación deportiva, mano a mano con su también amigo y representado Nuno Espírito Santo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Recapitulemos. Ya tendremos tiempo para valoraciones.

NEGAR LA MAYOR

Finales de 2013. Días después de que se confirmase el aterrizaje de Luis Vicente Douwens en el área del marketing del club, la influencia del superagente ya era lo suficientemente palpable, con muestras los suficientemente sólidas, como para conectar los puntos sobre el papel. Esta ‘Mendes Connection’ salió publicada un 7 de noviembre, en una pieza periodística más que neutra en la que apenas se hacía un repaso de aquellas operaciones en las que el portugués había tenido cierto grado de influencia: el fichaje de Postiga, la representación de Joao Pereira (eran otros tiempos…), el aterrizaje de Pabón (aunque se trate de un fondo ‘rival’, George sigue teniendo buenos contactos en Doyen Group), el fichaje de Vezo (el propio presidente del Vitoria Setúbal admitió que sin George, esa operación no se habría producido) y, por último, la llegada de Luis Vicente, amigo personal del representante luso.

Veinticuatro horas después, el Valencia CF emitió un comunicado negando estas informaciones. No opiniones, no: informaciones sin un ápice de afán valorativo.

Un mes después, otro amigo personal de George, el magnate singapurense Peter Lim, visitaba Valencia para reunirse cara a cara con Alberto Fabra y las autoridades locales. Ese mismo día, ya de noche, Bankia soltaba la bomba en plena junta de accionistas del Valencia. Arrancaban doce meses de drama que, sinceramente, no nos apetece recordar.

EL SILENCIO

Durante un tiempo, nombrar a George en voz alta fue poco menos que un sacrilegio. Su apellido era una palabra tabú, vetada por aquellos afines al discurso oficial y cuyo uso estaba fuertemente penalizado. Desde dentro del propio club se encargaron de engrandecer y mitificar una figura que, en su versión más destilada y simplificada, no es más que otro agente de futbolistas más, con mucho poder e influencia pero humano al fin y al cabo.

Durante meses, el sector más cauteloso del entorno (en el que no tengo reparos en incluirme) se reservó su opinión sobre George ante la palpable reticencia a hablar de él, a mencionarle siquiera en las conversaciones como si de un Voldemort a la portuguesa se tratase. Iban llegando hombres al club (el fichaje de Otamendi y su cesión seis meses a Brasil, el técnico Nuno Espírito Santo y su ‘staff’, los jugadores Rodrigo Moreno, André Gomes, Filipe Augusto, Joao Cancelo…) pero contar los entresijos de cada operación suponía una lluvia de insultos teledirigida. Más silencio. Ni siquiera cuando George visitó Lisboa en compañía de Lim para convencer al férreo Luis Felipe Vieira de que dejase salir a Enzo Pérez (con testimonio gráfico incluido) se pudo hacer referencia al luso. Su nombre seguía siendo tabú.

Hasta que dejó de serlo.

LOS DESENCUENTROS

A fecha de hoy, se desconocen las premisas bajo las cuales Nuno Espírito Santo aterrizó en verano de 2014 en el Valencia. Por ello hablaremos de indicios y no de información confirmada: sospechamos que, una vez el cambio de manos estaba definido (mayo de 2014), a Nuno se le expusieron unas condiciones en su contrato diferentes a aquellas que se encontró al llegar. En otras palabras, los indicios apuntan a que al luso se le ‘vendió’ como aliciente el hecho de tener mando en plaza, un poder de decisión importante que no encontró en la práctica tras su aterrizaje.

Francisco Joaquín Pérez ‘Rufete’ y Amadeo Salvo no pudieron ocultar al ciento por ciento lo que para ellos había supuesto un ‘palo’ a nivel personal: verse obligados a prescindir contra su voluntad de Juan Antonio Pizzi, al que habían refrendado y ratificado en público como ‘su’ entrenador, tras conocer el deseo por parte de Peter Lim de contar para el banquillo blanquinegro con el técnico del semidesconocido Río Ave. Salvo salió airoso del trance público. Rufete, en cambio, no pudo evitar tener un alarde de sinceridad en aquella rueda de prensa: “Cuando se me pregunta, mi respuesta es que Juan es mi entrenador y que confiaba mucho en él, pero sé que todo va unido al proceso de venta y que Peter Lim confía mucho en Nuno. Nuestra responsabilidad es el Valencia. La situación que estamos viviendo es compleja”. 4 de julio de 2014. Nuno tomó buena nota de lo ocurrido.

Entre uno (Nuno) que llegaba con ganas de tener margen de maniobra y otro (Rufete) que había dejado claras sus preferencias el primer día, la situación no parecía demasiado halagüeña. Y la relación entre ambos, con el paso de los meses, no mejoró un ápice. Nuno y Rufete son dos tipos con mucho carácter, con orgullo y fuertes convicciones. Eran inevitables los roces: desde sus opiniones en materia de fichajes hasta la forma de trabajar a diario en Paterna. En Navidad llegó Enzo, un jugador que gustaba a Nuno para reforzar la parcela ancha, en la que el técnico consideraba imprescindible poblar el centro del campo con tres hombres versátiles. Pero el luso quería más. Quería dos refuerzos más para apuntalar al equipo en el mercado invernal.

En enero confluyeron dos hechos clave en cuestión de días: la renovación de Nuno hasta 2018, y el batacazo estrepitoso en la Copa del Rey ante el Espanyol. Tras una agónica victoria ante el Almería en Mestalla (3-2), Nuno escogió el 17 de enero de 2015 para echar un pulso público a Rufete, aunque nadie podía sospecharlo por aquel entonces: “Esta es una semana muy importante para todos, tenemos que trabajar mucho, hay que tomar decisiones importantes de cara al futuro, importantes para la segunda vuelta en la estructura del club”. 

La presidenta ejecutiva Layhoon Chan iba a ser la juez en esas ‘decisiones estructurales’: en un bando, Nuno y su petición de fichajes, con la concesión intrínseca de una mayor cuota de poder en la parcela deportiva; en el otro, Rufete y su informe futbolístico, que apuntaba a una plantilla amplia de 20 hombres, más que suficiente para afrontar y lograr los objetivos en la única competición que disputaba el club. Layhoon dio a Rufete la razón. Nuno aceptó la decisión de la 'jefa' y, tras emplear el 'ascenso' de Tropi y Salva Ruiz a la primera plantilla como pretexto para zanjar el asunto y maquillar su derrota, sacó de nuevo la libreta mental y tomó nota. Otra vez.

Desde la distancia, George observaba el desarrollo de los acontecimientos. Mendes tenía trabajo en el mercado de invierno, sí, pero si hay algo por lo que destaca es por su habilidad para permanecer al día e informado a la perfección de todo lo que ocurre con sus representados. Y Nuno, como amigo íntimo, merecía una amplia cuota de su atención.

En abril, no obstante, tuvimos una pista. Otro indicio más. Ocurrió en el Westin. Una mañana, George aprovechó la visita de Lim a nuestra ciudad para acercarse desde Madrid hasta la capital del Turia. Allí se reunió con Nuno, su representado, y con Peter, su socio, en el lujoso hotel valenciano. Amadeo Salvo se acercó un rato después a despedir a Lim, que se marchaba a París en su jet acompañado de George. En ese cónclave se habló del Valencia, evidentemente. Y de su parcela deportiva. Y Rufete, Manager General del Valencia, no estuvo allí. Contar la ausencia del de Benejúzar supuso una nueva oleada de descalificaciones del sector más maleducado… pero a estas alturas, las espaldas eran anchas. Y la información, correcta. Y con la información correcta se puede ir al fin del mundo.

EL PULSO

La segunda vuelta liguera transcurrió en ese estado de calma chicha que proporciona el competir semanalmente, un ‘status quo’ en el que la pelota todo lo puede y en el que las ilusiones de los resultados son capaces de opacar cualquier discrepancia interna dentro de un club. Pero la desaparición de dichas tensiones del debate público no significaba que dejasen de existir, todo lo contrario: de hecho, fue la finalización de la Liga lo que empezó a descosturar el discurso del ‘todo va bien’ promulgado por el oficialismo, desarbolado e incapaz ya de señalar con el dedo a las opiniones disidentes ante la contundencia de la realidad. Y todo por ‘culpa’ de un chico brasileño de 21 años llamado Rodrigo Caio y que no tuvo responsabilidad alguna de lo sucedido.

Días antes, la primera chispa había venido de la mano de Otamendi y su representante, Eugenio López. El agente sí mencionó sin tapujos a George, dijo que departía con él y que la operación de su salida sería guiada por la mano del portugués. Las declaraciones sentaron a cuerno quemado en la cúpula del club y, quizá diciendo lo que pensaba y no pensando lo que decía, Amadeo Salvo lanzó el guante: “Mendes no pinta nada en el Valencia”, repitió en varios medios, “Jorge Mendes nunca ha intervenido en esta operación, no fue él quien trajo a Nico al Valencia, ni será él quien lo saque”. Pulso abierto. George también tomó nota.

Un lunes, Salvo, Rufete, Salvans, Ayala, Nuno y su ‘staff’ mantuvieron una reunión deportiva para delinear las operaciones del presente verano y consensuar (‘”consenso” fue la palabra más repetida por los protagonistas) fichajes e incorporaciones inmediatas. Imbulá era el escogido para reforzar el mediocentro. Un martes, Nuno se marchó de nuevo de vacaciones. Un viernes a las 19:21 horas, el Sao Paulo hizo oficial la venta al Valencia de Rodrigo Caio por 12,5 millones de euros más otros 4 en variables. En las oficinas del club, literalmente, ‘fliparon’. También aquellos presentes en la reunión técnica, cuatro días antes. Todos fliparon. Todos… menos uno.

El golpe de timón de Nuno y Mendes, unido al desconocimiento de Salvo y Rufete, hizo insostenible la situación. El análisis del cómo, el cuándo y el por qué de aquella operación sólo encuentra una explicación plausible: una demostración de autoridad, un puñetazo sobre la mesa. George marcó su territorio y, en el camino, derrocó toda la estructura edificada en torno a la cúpula de mando. Ahora era Mendes el que no tenía ningún reparo en ponerse en el centro del escenario, pasto del escrutinio público. George se maneja bien en ese ámbito. Aquellos que señalaban con el dedo al que osaba proferir la palabra tabú, ahora cargaban contra el superagente a insulto vivo y presos de la indignación. La situación destapó muchas miserias y quitó muchas caretas. Días rocambolescos, pardiez.

LA LECTURA PERSONAL

Y así llegamos hasta hoy. El Valencia, ya sin Salvo en su estructura, ya sin Rufete y colaboradores en la parcela deportiva, sigue su camino guiado desde Singapur, con Nuno en un papel casi plenipotenciario y George como principal asesor en materia de fichajes. Un George que, según mostró sin reparos Kim Lim, forma parte del ‘Team Valencia’ desde hace meses, y al que no le hace falta ser consejero del club para dar consejo a su amigo Peter. Un George que lleva en nuestras vidas desde verano de 2013 (¿recuerdan ustedes nombres como el de Chicharito? ¿Quién creen que hubiese mediado en la operación?), aunque una parte importante del entorno sólo se haya dado cuenta (o haya querido darse cuenta, por puro interés) en los últimos dos meses.

Aquí sí entra la valoración personal: Mendes es el número uno en su sector. Pocos lo ponen en duda. Pero su sector no es la tecnología o la medicina: es la representación de futbolistas, una profesión en la que el mercadeo está a la orden del día. Y las comisiones. Los agentes viven de ellas, y George no es una excepción. Una profesión igual de respetable que cualquier otra, y de la que en Valencia tenemos ejemplos para llenar varios libros: Toldrá Sénior, Miguel Santos, Ginés Carvajal, Josep María Minguella, Manuel García Quilón, Paco Casal, Gustavo Mascardi, Interestar Deporte, Promoesport, Toldrá Consulting… Todos ellos con luces y sombras, y a los que debemos valorar por igual. No se puede achacar a ellos lo que se ensalza de Mendes; no se puede achacar a George lo que se ensalza de los primeros. La ecuanimidad en las valoraciones debería existir siempre, aunque eso quizá sea demasiado pedir en una ciudad como la nuestra. Una cosa sí es evidente: ni George ni Nuno actuaron con tacto en el 'affaire Caio'. Opinión irrebatible.

Así las cosas, a George (como antes a Rufete, como antes a Braulio, como antes a Fernando…) se le debe medir y enjuiciar de igual manera, en base a sus aciertos y errores en la política de fichajes que maneje conjuntamente con Nuno y Peter Lim. El míster y nuevo Manager General es quien escogerá a su mano derecha (me consta que se busca esa figura) para gestionar el día a día en la Ciudad Deportiva. Sería un error no mantener la estructura y los avances positivos que se dieron en la época de Rufete y colaboradores. Nuno, además, tiene los 77 puntos del pasado año como mérito incuestionable en su currículum. Sería triste (y ciertamente absurdo) una crítica enfurecida hacia su figura producto del interés y de la rabia, aunque después de lo visto y vivido el pasado año uno ya está curado de espanto. Del mismo modo, las odas al técnico tampoco serían comprensibles si los resultados y el fútbol (la pelotita, siempre la pelotita) no acompañan. Nuno quería poder absoluto. Ya lo tiene. Pero un gran poder, ya lo saben, conlleva una gran responsabilidad.

Y a propósito de George… Nos toca esperar. Veamos qué Valencia tenemos en septiembre. Al margen de los fichajes ya conocidos, los flamantes Mina y Bakkali han venido de su mano hace pocos días, ambos jóvenes y con potencial. Veamos el rendimiento que da este equipo a la hora de competir. Veamos como Nuno, ahora fichando a su gusto, logra encajar todas las piezas del puzle. Esperemos y deseemos que George, el amigo de Peter, el socio de Peter, convierta al equipo de Peter en un puntal. No hay otra alternativa. Al Valencia, literalmente, le va la vida en ello.

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