The Times They Are a-Changin’

En las despedidas, una cierta melancolía que marca el final de una era, pero también el análisis crítico de una afición que siempre exige porque siempre lo da todo. Comprobar que sigue habiendo corrientes de opinión diferentes, puntos de vista opuestos y valoraciones de todo pelaje que son capaces de coexistir supuso un motivo de orgullo


Era una cuestión de principios y de consecuencia. De respetar una decisión pero no compartirla. De dejar patente, en la medida de lo posible, que se ha incurrido en un error. Se puede escoger cualquiera de las anteriores. Por primera vez en casi una década, el abajo firmante no se acreditó a través de su medio de comunicación para una Junta de Accionistas del Valencia.

El motivo, obviamente, radicaba en las restrictivas condiciones que alguien -todavía no he logrado averiguar quién- quiso implantar de cara al 20 de noviembre. "Así evitaremos el circo", dijeron de puertas para adentro. Como si los culpables de la aparición de elementos circenses fuesen los medios. Oiga, pero era la casa del Valencia, y en su derecho estaba de imponer las reglas que considerase oportunas a sus invitados. Dependía de los segundos el aceptar firmar 'el papelito' de las futuras responsabilidades o, como fue el caso, declinar amablemente la invitación.

Así que, once acciones en ristre, no quedó otra que acudir a la platea como un accionista más. Una nueva perspectiva. El traje de periodista quedó a buen recaudo en casa -junto a portátil, grabadora y bloc de notas- y la persona, el ser humano, fue la única que hizo acto de presencia en la reunión. Por delante, cinco horas con mucha información que procesar… y una melodía reproduciéndose en bucle en mi cabeza.

"LAS AGUAS CRECEN (…) MÁS VALE QUE NADES O TE HUNDIRÁS CUAL PIEDRA"

Inmediatamente vinieron a mi mente, tras tomar asiento, las docena de actos semejantes cubiertos profesionalmente en la última década. Los cambios tecnológicos que convirtieron aquellas reuniones bullangueras y con la perenne huella de la socarronería valenciana a finales de los noventa en espectáculos para todos los públicos repletos de frases épicas y mucha mala leche. De radio a TV, de TV a Internet, de Internet a las retransmisiones en 'streaming', del 'streaming' a la velocidad incomparable de Twitter. Cada vez más audiencia potencial, cada vez más inmediatez, cada vez más expectación.

Pensaba en todo esto cuando Amadeo Salvo subió al atril a desgranar, a lo largo de tres cuartos de hora, lo ocurrido en el último año. Qué lejos quedaba el discurso pausado y conciliador de junio de 2013. El mensaje de no mirar atrás ha saltado por los aires en dieciocho meses, pero quizá lo raro sería que se hubiese mantenido dicho compromiso. Demasiada rémora, demasiadas cuentas pendientes y demasiadas alfombras que levantar.

El accionista que tomó el control de mi cuerpo durante cinco horas escuchó con atención y sin anotar ni una letra. Puro ejercicio memorístico. Se tocó la venta del club, el nuevo Mestalla, el lavado de cara del antiguo, la cantera… Y en todos esos puntos, el deje de lástima y de oportunidad perdida cuando para ensalzar acciones y decisiones indudablemente meritorias se echaba por tierra el trabajo de anteriores gestores. Una labor que, siendo justos, le corresponde al accionariado y al aficionado, no al protagonista de la comparativa. De nuevo, visto lo sucedido en los últimos meses, quizá lo inusual hubiese sido no encontrar referencias a Manuel Llorente tras tantos aspectos reprochables a su gestión.

La memoria volvió a mirar atrás, a tiempos pretéritos, a las dificultades del ex dirigente a la hora de afrontar el cuerpo a cuerpo en los careos con accionistas, en las dudas, en la puesta en escena, en la escasa claridad a la hora de exponer asuntos delicados. Siempre se justificó con el argumento del "hombre de números", del gestor en la sombra que pasa un mal trago cuando el foco se posa sobre él. Por eso Llorente nunca conectó por la grada. Por eso, y por muchas otras cosas. Para Salvo, en cambio, los cuarenta y cinco minutos seguidos hablando fueron un mero calentamiento vocal.

Eché un vistazo al auditorio y reparé en el escenario, en los detalles. No se puede negar -todo lo contrario, habría que aplaudirlo- que en el último año y medio se ha venido cuidando y cultivando la imagen como nunca antes se había hecho. La disposición, el orden, el personal del club atento a cualquier imprevisto… Formalmente, estéticamente, el salto hacia el futuro es indiscutible. A todos, absolutamente todos los niveles.

"TUS HIJOS E HIJAS ESCAPAN A TU CONTROL"

La Junta se desarrolló sin mayores sobresaltos, una auténtica balsa de aceite sólo mecida suavemente por el oleaje en un par de momentos puntuales, cada vez que un accionista pegaba un 'raje' de lo que había anteriormente -algunos fueron brillantes y arrancaron los aplausos del respetable- o bien, en un hecho inesperado, se criticaba al consejo la poca claridad del presupuesto del año que viene.

Las protestas por esto último pillaron a contrapié al consejero Gil de Pareja, que explicó como buenamente pudo lo que supone para el balance contable del club la entrada en el accionariado de Meriton Holdings. Efectivamente, tener un magnate como mecenas supone un activo importante de cara a las cuentas anuales. Efectivamente, el hombre va a ser dueño del 70% del capital, dejándonos al resto de accionistas en un reducto insignificante. Pero la mujer de César también tiene que dar explicaciones presupuestarias alguna vez, por mucho formalismo que sea. La salida por peteneras, en este caso, no dejó satisfechos a la mayoría de los presentes, lo cual no fue óbice para que se diese un respaldo del 99% del capital en su aprobación.

Fue quizá la primera vez que muchos de esos accionistas empezaron a tomar conciencia de lo que va a ocurrir en los próximos meses. En que el núcleo de poder se trasladará a muchos kilómetros del Cap i Casal. Y en que, más pronto que tarde, las Juntas pasarán a ser algo testimonial, tras un cambio de los requisitos para asistir -aumentar el número de acciones necesarias, por ejemplo- o bien un simple traslado de escenario. Nada impide que la próxima, ya en 2015, se celebre en Singapur. O dónde sea. Y me parece bien. Me parece lo normal. Después de todo, ¿qué son quinientos, seiscientos pavos invertidos en acciones al lado de tantos millones de euros?

Dicho esto, será misión imposible arrebatar al pequeño accionista su derecho fundamental, único e intransferible de preguntar. Varios subieron al escenario precisamente a eso, manteniendo por regla general un tono moderado y muy alejado de explosivas declaraciones de eventos anteriores. Por cierto, hablando del pequeño accionista y con todo el respeto del mundo, debo decir que todavía no he escuchado al señor Vallés protestar respecto a la medida que impidió el seguimiento en directo de la Junta a aquellos que, siendo dueños de más o menos acciones, no estuvieron presentes en el Palau de la Música. Un pequeño lapsus, supongo.

Me gustó ver a clásicos como Rocatí, Jaime Torres o Ramón Nacher llevar a cabo sus intervenciones anuales. Lamenté que otros, como Chimo Ríos-Capapé o Jaume Part, optasen por el silencio por motivos varios. Los recesos y la salida al pasillo del auditorio principal sirvió para mantener conversaciones interesantísimas con valencianistas de todo tipo y procedencia. Una gozada. Caras conocidas, otras nuevas y un mismo sentimiento de responsabilidad societaria en un momento trascendental para el futuro del club. Ah, y bocadillos. Y agua. Detalles con el accionista que, no hace demasiado, eran inimaginables y obligaban a Juntas de ocho horas sin un mísero aperitivo para matar el hambre.

"TU ANTIGUA CARRETERA ENVEJECE A TODA PRISA"

En unos días, todo lo que conocemos del actual Valencia pasará a la historia para dar paso al 'remix' más exótico que nadie pudiese haber imaginado: un club valenciano, con un propietario asiático y un modelo de gestión típicamente anglosajón. Cosas de la globalización. Ha tardado diez años y muchas, muchísimas, una lista larguísima de quejas, pero al fin el Valencia dará el paso adelante que debió dar en 2004, cuando era el rey del mundo. Sugerencias que hace cuatro o cinco años eran motivo de risa -"¿por qué no se hacen rueda de prensa en inglés para los seguidores extranjeros?"- son ahora el nuevo estándar. El accionista 59.4xx está feliz de que, de una puñetera vez, el club se haya propuesto regresar a la primera fila sin la necesidad obligatoria de que la pelotita entre. No es necesario tener siempre un gran equipo para poder presumir siempre de tener un gran club.

No era el camino. La contención, la austeridad, la venta de activos deportivos, el inmovilismo, la falta de ideas originales… No lo era. Era un parche. Innegablemente, funcionó mientras el resto de la Liga holgazaneaba a nivel deportivo sin dar la talla. En cuanto los rivales espabilaron, mandaron a la lona a un Valencia que cada año tenía menos argumentos en forma de jugadores para reclamar su puesto en la corte de la Champions. No nos hace falta que Dylan nos lo recuerde: era un camino ajado, transitado, gastado y sin salida. Y ni siquiera la idea de la refinanciación, punta de lanza de Salvo en verano de 2013, era viable. Hacía falta dinero. 'Cacaos'. Alguien que los pusiese, sin importar quién.

Pasaron las horas, los discursos y las estampas memorables. El minuto completo de aplausos a Aurelio Martínez en su última intervención fue significativo. Quedará, como único lunar reprochable, que el contrato de compraventa no se vaya a conocer con pelos y señales, algo que debería ser derecho inexcusable para una masa accionarial de una sociedad que es mucho, muchísimo más que una simple empresa.

Al margen de eso, el papel del economista sólo se reconocerá debidamente con el tiempo. El mal trago personal y familiar de todos estos meses, por fortuna, quedará fuera de la escena pública. Amadeo Salvo siempre, desde el primer momento, se reveló como un animal político preparado y formado, sin miedo al escrutinio popular y un buen dominio de la escena. Aurelio, en cambio, comprobó con el paso de los meses como el devenir del proceso de venta iba a ser mucho más complicado que una de sus clases de universidad. Le superó. Y, lejos de arredrarse, aceptó el desafío aun cuando todos a su alrededor le insistían en que no merecía la pena el desgaste.

Acabó la Junta y llegó el momento de marcharse. En las despedidas, una cierta melancolía que marca el final de una era, pero también el análisis crítico de una afición que siempre exige porque siempre lo da todo. Comprobar que sigue habiendo corrientes de opinión diferentes, puntos de vista opuestos y valoraciones de todo pelaje que son capaces de coexistir supuso un motivo de orgullo. Hasta en eso parece que al fin vamos madurando: lo que durante unos meses ha sido etiquetado como "pro" o "anti" acabará siendo, esperemos, un argumentario diverso, plural, abierto al debate y a la disidencia pero siempre en pos de que el Valencia alcance la mayor de las grandezas.

"The times they are a-changin'". Lo anunció Bob hace medio siglo, un 24 de octubre. El que quiera creer en casualidades respecto a la fecha, que lo haga. Los tiempos están cambiando. Los tiempos han cambiado. Sólo falta que el resto acompañemos con una correcta lectura del hecho en sí. No una triunfalista y prepotente, ni trincherista y divisiva. Ni siquiera de pena por la venta de algo, un club, que seguirá arraigado a Valencia, a lo nuestro. La lectura debe ser la de la reflexión. Una introspección profunda hacia lo que hemos hecho mal, cómo corregirlo, cómo mejorarlo. La defensa con la verdad en la mano y sin estridencias debe derrotar a los ataques biliosos y sin fundamento. La crítica constructiva y respetuosa debe doblegar al cierre de filas pretoriano y maleducado. Está en nuestra mano.

Los tiempos han cambiado. Lo dice el aficionado y accionista 59.4xx, insisto, no el periodista. Disfrutemos pues del viaje, melancólico e ilusionante como aquella añeja melodía.

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