Jonas y los 24.000 euros por gol

“Como una suerte de Bruce Banner carioca, Jonas tenía su particular ‘Hulk’ escondido en algún rincón de su ser. Siempre afable, siempre educado, no comprendía a veces las críticas por su actitud en el campo o por su presunta parsimonia durante los partidos.”


"El gol se paga". Uno de los topicazos más extendidos de nuestro tiempo. Los clubes, dicho esto, se empeñan en cumplirlo a rajatabla. En un verano relativamente tranquilo, al Manchester se le ha ido la cabeza en dispendios estratosféricos de libras esterlinas para firmar a profesionales de esta materia como Falcao. También el Real Madrid ha tirado de chequera en casos como los de Chicharito o James Rodríguez. Incluso el Barça, me perdonarán el chiste, ha decidido darle un mordisco al mercado apostando por un '9' contrastado mundialmente como Luis Suárez.

En todos los casos citados anteriormente, las cifras mareantes se pueden amortizar de muchas maneras: vendiendo camisetas -se agradece en estos casos que las cifras sean reales y no imaginarias, como sucedió con James-, aumentando los ingresos televisivos, reventando los estadios con llenos hasta la bandera… y ganando títulos. Para esto último, hace falta marcar goles. Ahí también se mide la rentabilidad de un definidor.

Numéricamente, Jonas Gonçalves Oliveira quedará para los libros como uno de los delanteros más rentables de la historia del Valencia CF. Para un club camino de los cien años, no está nada mal. Costó 1.250.000 euros e hizo 52 goles en tres años y medio. A 24.000 euros por tanto anotado. Por comparar esta faceta, Roberto Soldado hizo 83 tantos y costó 10 'kilos' procedente del Getafe (120.500 euros por anotación en esta particular media). En el caso del emblema moderno del gol en Mestalla, David Villa, la cantidad asciende a 70.200 euros por diana (171 goles y un fichaje de 12 millones de euros).

A Jonas, eso sí, lo superan los goles con denominación de origen Paterna. Paco Alcácer, otro que ya chutaba a portería desde el mismo vientre materno, siempre será más rentable que cualquier fichaje forastero. La valía de criar asesinos del área en tu vivero y no traerlos a golpe de talonario era algo que, sin ir más lejos, a tipos como Manuel Llorente les costaba procesar.

UN FICHAJE DE TAPADILLO

Pero hablábamos de Jonas. El brasileño llegó en enero de 2011 envuelto en la incógnita. La casualidad quiso que su fichaje coincidiese con la pantomímica 'renoventa' -sí, servidor inventó la palabreja- que Llorente escenificaba en Denia con Juan Mata. El autobús de periodistas iba camino de Alicante cuando el club emitía un comunicado -en aquella época los comunicados eran algo excepcional, mucho menos frecuentes que en la actualidad- para anunciar la incorporación.

"¿De dónde ha sacado Braulio a este tío?" La pregunta se le escapó a más de uno. Una búsqueda rápida por Youtube y un par de vídeos después, el brasileño se confirmaba como un goleador capaz, pero cuyo rendimiento iba a ser una incógnita. Horas después se conoció el precio del traspaso y la singular triquiñuela que Tiago, el hermano del delantero, usó para hacer la envolvente a Gremio e instigar su fichaje. 'O Detonador' -al chaval nunca le hizo demasiada gracia el apodo- aterrizaba envuelto en el misterio.

Le costó dos partidos marcar su primer gol. Lo hizo en un escenario mítico como San Mamés. Esos fueron sus primeros seis meses, los de la adaptación. En su segunda temporada, pese a tener la imponente figura rematadora de Soldado por delante, el brasileño anotó 19 dianas. En su tercera, otras 19. Y el año pasado, el año del desastre deportivo, con una decepcionante octava plaza en Liga y la Europa League escapándose por un suspiro, el de Bebedouro cinceló 11 muescas en su revólver.

LA BIPOLARIDAD DEL TIPO QUE HUÍA DE LOS FOCOS

Sin embargo, el día a día cerca del futbolista no era para nada corriente. Por definición, casi por castigo, el goleador es un deportista en una lucha constante con su ego, centro de todas las miradas, foco de todos los 'flashes'. Sus guarismos son su gasolina. Jonas, en cambio, pasaba por allí como si la cosa no fuera con él. Sus números de asistencias en tres años y medio, más de una veintena, son casi igual de sorprendentes. De delantero o de mediapunta, sabía celebrar con idéntica efusividad el perforar la red y el habilitar a un compañero para que lo hiciese.

Pocas veces una pesquisa en profundidad en Paterna arroja semejante balance: es prácticamente imposible encontrar personas que no regalen elogios al chico. Desde dirigentes hasta consejeros, pasando por fisios, técnicos, compañeros y trabajadores del club. Recordemos que el delantero iba para farmacéutico -empezó la carrera en Brasil- pero su habilidad para acertar entre los tres palos parecía más provechosa que la de desenvolverse entre excipientes y principios activos. "Jonas es un tío con coco", se repetía a menudo. Uno de esos casos, por gratificante, de deportista con inquietudes más allá del césped.

Sin embargo, el depredador futbolístico asomó la cabeza en momentos puntuales. Como una suerte de Bruce Banner carioca, Jonas tenía su particular 'Hulk' escondido en algún rincón de su ser. Siempre afable, siempre educado, no comprendía a veces las críticas por su actitud en el campo o por su presunta parsimonia durante los partidos. Sus detractores aumentaron con el paso de las temporadas, pese a mantener unas cifras de goles más que aceptables. Por eso tuvo un par de 'enganchones' con la grada y algún gesto reprobable. El primero en avergonzarse, por cierto, era el propio jugador, que solía visualizar junto a su hermano los partidos repetidos para detectar aspectos a mejorar. No todos pueden decir eso, por desgracia.

SALIDA POR LA PUERTA DE ATRÁS

Estadísticamente, cuanto mayor es el número de repeticiones, mayor es la posibilidad de caer en el error. En un verano con más de treinta operaciones, era inevitable que la dirección deportiva del Valencia patinase en algún momento. Desde luego, parece de cajón que una de las peores estrategias para sacar dinero por un jugador con el que no se cuenta es tenerlo apartado del equipo. Así procedió el club con Jonas, Postiga y Jonathan Viera. Ingresos por traspaso: cero. El ahorro en las fichas y en las rescisiones, para jugadores de ataque con cierto cartel, supone un triste consuelo.

En los veranos de 2012 y 2013 se habló de ofertas por el brasileño por valor de siete, ocho, diez millones de euros. Un año después, Jonas se marchó del Valencia silenciosamente tras rescindir el año de contrato que le restaba y cobrar sólo los meses de julio y agosto, perdonando todo lo demás.

Su hermano Tiago, quien alertase astutamente a Braulio en 2010 respecto a la cláusula secreta de salida de su hermano en Gremio de Portoalegre, volvió a manejar los tiempos con inteligencia. Habían apartado al jugador, así que su precio de mercado disminuía con los días. Sólo hacía falta aguardar hasta la última jornada del periodo de fichajes para salir de las oficinas del club con la carta de libertad bajo el brazo. La encomiable labor de Rufete y colaboradores, en este caso concreto, no se remató con acierto.

Jonas Gonçalves, el de los 24.000 euros amortizados por gol anotado en tres años, representa a esa estirpe de futbolista incomprendido, de mucha calidad pero poco tirón con el graderío y cuya ausencia sólo se percibe cuando las cifras anotadoras no alcanzan lo esperado. Educado y silente, los suyo era salir y marcar goles. Eso y su familia, con la pequeña Maria Fernanda -nacida en verano de 2013 y el orgullo del jugador- a la cabeza. Un par de episodios aislados al margen, el ruido no ha sido su tarjeta de visita durante su etapa valencianista.

Incluso para marcharse, el jugador optó por la simplicidad de una carta escrita en lugar de una salida más dramática con comparecencia de prensa incluida. Ha concedido entrevistas innumerables en los últimos días, y más allá de leves protestas por el trato recibido este verano, de su boca no ha salido ni una mala palabra hacia el club. Simplemente, Rufete no veía al brasileño encajar en esta plantilla, Nuno estuvo de acuerdo y Salvo vio la ocasión de rebajar sustancialmente la masa salarial para acomodarla al 'fair-play' financiero. 

Y Jonas se fue. Marcará goles en otros sitios, obviamente. En Portugal, en Inglaterra o donde sea. Pero su forma de ser y la profesionalidad exhibida han hecho que, al contrario que otros muchísimos jugadores que demostraron infinitamente menos sobre el césped y dejaron tras de si tierra quemada, Jonas siempre pueda llamar a Valencia su casa.

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