Desafección

Mériton debe defender el proyecto ante el valencianismo de forma directa y más a menudo.


La victoria contra el Espanyol ha calmado los ánimos del valencianismo y la virulencia de la crítica contra Mériton. También fue un aporte en este sentido la rueda de prensa de Amadeo Salvo la semana pasada. La intervención del ex presidente fue incongruente porque habló de no volver al pasado deteniéndose en el proceso de venta y pidió unidad a la vez que demandó hacer encuestas. Pero no fue inútil. Salvo ha rebajado el grado de reproche a Peter Lim de los valencianistas que se identifican con él y del sector mediático próximo a su figura. La presidenta, por su parte, trata de negociar la tregua en la otra trinchera. Layhoon Chan ya conoce la capacidad de la prensa para desestabilizar. Por eso se esfuerza en contentar a todos. La máxima dirigente del Valencia CF quiere hacer realidad su proclama en la junta de accionistas de que la guerra “ha terminado". Los movimientos de Mériton son lógicos pero la paz es una quimera teniendo en cuenta los intereses que mueven a los medios de comunicación. No se pueden conceder privilegios informativos a todos porque dejarían de ser privilegios. Y la lucha, a la vista está, pasa por encima del Valencia.

En la rueda de prensa Amadeo Salvo dio una clave que tendría que memorizar la presidenta del Consejo de Administración. No se puede vivir de espaldas a la afición. Más que esforzarse en controlar desde la sombra qué se dice y qué no se dice, buscando un equilibrio mediático imposible, Layhoon debe gastar sus energías en hablar con el valencianismo. Debe decir lo que piensa qué es mejor para el club más a menudo. Debe perder el miedo a equivocarse en público. El valencianista debe sentir que la presidenta es una persona cercana y, para eso, tiene que haber más comunicación directa a través de ruedas de prensa o entrevistas. En esta crisis deportiva sólo se ha defendido el proyecto de Mériton públicamente en dos ocasiones: García Pitarch en su presentación y Amadeo Salvo la semana pasada. Un balance muy triste para el aficionado y dañino para el club en comparación con la cantidad de opinión contraria vertida. De esta manera se ha agravado la desafección por el proyecto generada por los resultados.

Se han vuelto a reabrir las heridas del proceso de venta. Y eso es un bucle enfermizo. Nunca sabremos qué hubiera pasado si las asambleas para elegir al comprador hubieran sido para no vender el club, qué hubiera pasado si el valencianismo hubiera presionado a los políticos en vez de al banco, qué hubiera pasado si Salvo hubiera peleado por Wanda o si los aficionados hubieran conocido todas las ofertas y hubieran tenido ocasión de decidir. Admite poca discusión que la opción de Mériton era mejor que cualquiera de los candidatos del banco. Pero eso ahora mismo tiene una importancia muy relativa. Debería estar superado. Lo sustancial es que la mayoría accionarial acabó en las manos Peter Lim y que la primera decisión del empresario asiático, incluso antes de comprar, fue imponer a Nuno de entrenador. Eso es una obviedad que confirmó Salvo. Es importante recordar que todavía no se había vendido el club. Todavía no había pisado el palco de Mestalla y Peter Lim ya había puesto al frente de la dirección del equipo al amigo de su amigo que era también su amigo. El año pasado toda la afición estaba entusiasmada y el proyecto era exactamente el mismo. El fútbol es así. Todo se justifica con los resultados. No habría que darle muchas más vueltas más allá de valorar la contratación de Gary Neville, el juego del equipo o los fichajes de invierno. Pero la crítica llega más lejos y en el debate sobra oportunismo por un lado y falta coherencia por el otro. En estas circunstancias, sería recomendable que el club tuviera la capacidad de defenderse por sí mismo.

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