Medidas de presión efectivas

Se habla mucho de Bankia y poco de la Generalitat


Hoy llega Amadeo Salvo de su viaje a Singapur directamente para ver el partido del primer equipo contra el Getafe. Se espera que el presidente valore los últimos acontecimientos en torno a la venta del Valencia y la ruptura de las negociaciones escenificada con la retirada de los hombres de Lim. No hace falta ser muy perspicaz para imaginar que el presidente cargará las tintas en contra de Bankia y alentará a la gente para que presione a la entidad financiera.

Sin embargo, se habla mucho de Bankia y muy poco de la Generalitat y lo cierto es que hay muchos motivos para dirigir las miradas al gobierno valenciano. En primer lugar, parece lógico que los problemas se resuelvan en el punto donde se crean. Hay que insistir, porque a veces se pierde la perspectiva, en que Bancaja, en su día, cuando empezaron los desmanes que ahora ahogan al Valencia, estaba controlada por la Generalitat. Olivas pasó de presidente del Govern a presidente de la entidad financiera con la misma facilidad que Rodrigo Rato llegó a la cúpula directiva de Bankia. Lo reiteramos porque parece que no está claro aunque sea una perogrullada: las responsabilidades la deben asumir los responsables. Es verdad que ya no están ni Camps, ni Olivas, ni Rato pero las siglas del partido político de Alberto Fabra y de María José Catalá ("nosotros no participamos en las decisiones de transacciones de estas características entre entidades privadas" dijo el otro día) son las mismas.

Además, en segundo lugar, como ya hemos comentado en otras ocasiones, no es lo mismo presionar a una entidad financiera intervenida que a un político que tiene las elecciones a la vuelta de la esquina. Esto se podría resolver en una tarde si Mariano Rajoy entiende el costo en imagen que puede suponer la actitud contemplativa de la Generalitat en uno de sus feudos tradicionales. Una llamada del presidente del Gobierno a Goirigolzarri agilizaría esta agonía. El Valencia puede convertirse en cuestión de estado si hay cientos de miles de votos en juego. Para eso, obviamente, sería necesario que la afición, comandada por su presidente, señalara a los verdaderos culpables.

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