La indolencia pasa factura

Un Valencia desdibujado en la primera parte, sin ambición y sin hambre permite al Basilea encarrilar la eliminatoria. El gol de los suizos a última hora hace que el Valencia, prácticamente, se despida de la competición


Los aficionados valencianistas pasaron de estar ilusionados a ser unos ilusos en 90 minutos gracias al desastroso primer tiempo del equipo. Todas las esperanzas de la temporada quedaban ligadas a lo que sucediera en el St. Jakob Park, en un estadio vacío y frente a un equipo, el Basilea, que llegaba sin su máxima estrella y con más de la mitad de su defensa titular ausente. Es evidente que el equipo de Pizzi no salió con la mentalidad adecuada al encuentro. El entrenador argentino decidió experimentar en un partido crucial. Así, colocó a Feghouli por el centro y a Vargas por la derecha. El invento duró menos de 45 minutos. El Valencia, tal vez afectado por la falta de aficionados, entró al terreno de juego como si el partido fuera amistoso, sin tensión competitiva. Esto permitió que el Basilea llevara el ritmo del partido controlara el juego y empezara a crear ocasiones de gol. En el minuto 10, un despiste defensivo del Valencia permitió que Degen se presentara sólo contra Guaita. Senderos acudió al rescate y estuvo a punto de hacer penalti lo que le hubiera supuesto la expulsión. Afortunadamente, el árbitro vio bien la jugada. Tal vez, si hubiera habido público el impulso del colegiado hubiera sido otro. Pronto se vio que el partido no iba a ser sencillo. O por lo menos, se vio dese fuera porque, dentro del campo, los futbolistas blanquinegros seguían paseándose. El equipo suizo jugaba a placer. Marcelo Díaz probó a Guaita desde fuera del área y también lo hizo Schar. Al Valencia se le complicaban más las cosas cuando Senderos tuvo que dejar, lesionado, su lugar en el campo a Barragán. Sólo Mathieu daba un poco de consistencia a la zaga, sostenía la temporada del Valencia. Pero en el minuto 35, de tanto ir el cántaro a la fuente, se rompió en mil pedazos. Matías Delgado, ante la pasividad defensiva, armó el disparo desde fuera del área con total comodidad. La estirada de Guaita fue insuficiente para detener el balón. Pudo reaccionar el Valencia a continuación pero Alcácer no logró controlar un pase de Feghouli que le dejaba sólo. Sin embargo el que volvió a marcar fue el Basilea. Joao perdió el balón en la banda derecha y el centro del futbolista suizo encontró de nuevo a Matías Delgado que volvió a rematar entre los palos para hacer el segundo. En esta ocasión, Mathieu no estuvo fino en el marcaje. El Valencia era una sombra y la decepción se multiplicaba dada la excepcionalidad del encuentro planteado como único clavo ardiendo para salvar un temporada mediocre. La falta de espíritu era alarmante y triste. Al menos, se llegó al descanso con el equipo de Pizzi cerca de la portería suiza.

 Quedaba la esperanza de que el técnico argentino revirtiera la actitud de sus futbolistas con la charla del vestuario. El Valencia salió algo más enchufado tras el descanso. Por otra parte, no quedaba otra. En el minuto 49 los blanquinegros tuvieron una ocasión de gol inmejorable. Ni Alcácer ni Vargas pudieron concretar un gran centro raso de Fede. El Valencia presionaba la salida del balón de los suizos y empezó a llevar el peso del partido. Vargas ponía a prueba al portero suizo, Sommer, que hasta ese momento no había tenido necesidad de intervenir.  El Valencia había mejorado pero no le llegaba para encerrar al equipo suizo en su área. Aún así, se demostraba que con algo más de actitud e intensidad el Valencia era superior a los suizos. Una lectura que deja más en evidencia la primera parte perpetrada por los blanquinegros. La volvió a tener Vargas, esta vez de cabeza, pero su remate salió ligeramente desviado. Pizzi realizó su segundo cambio y entró Piatti por Fede. Los minutos se consumían y el Valencia, pese al dominio territorial era incapaz de meterle una marcha más al partido. En el 78 el Valencia tuvo un oportunidad clara para reducir las diferencias en el marcador. Bernat desdobló a Piatti y el argentino, a diferencia de lo que había hecho Fede, le cedió el balón al lateral. Bernat ganó la línea de fondo y su centro llegó a Vargas en el segundo palo que, inexplicablemente no pudo rematar a portería. Tuvo otra ocasión Keita pero su remate a bocajarro salió demasiado centrado. La ofensiva del Valencia no le daba para marcar gol pero sí para dejar desguarnecida la defensa. En el último minuto, a la contra, Stocker puso la puntilla y el 3-0 en el marcador definiendo con una vaselina el mano a mano con Guaita.   

Estamos en lo de siempre. Se puede perder pero importa el cómo. La actitud con la que el Valencia encaró el partido fue algo más que decepcionante. Era el partido más importante de la temporada y ningún futbolista actuó en conciencia. Además, el lamentable espectáculo, frustra cualquier esperanza para la épica en el partido de vuelta.

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