Pizzi en el alambre

Analizamos la trayectoria de Pizzi en el Valencia cuando se empieza a dar por hecho que su etapa como técnico blanquinegro ha finalizado.


El 17 de mayo, en la rueda de prensa en la que la Fundación anunció que había elegido a Mériton para venderle la mayoría accionarial del club, Aurelio Martínez aseguró que esta oferta garantizaba la continuidad el actual equipo gestor y de la dirección deportiva. Amadeo Salvo, que estaba sentado viendo la comparecencia le dijo a Aurelio "y Pizzi". Así, el presidente de la Fundación. delante del micrófono, dijo "y de Pizzi". El técnico argentino, de esta manera, quedó ratificado públicamente. Después, en una reunión que tuvo el presidente con Rufete y Pizzi le comunicaron personalmente que sería el entrenador del Valencia en el nuevo proyecto de Lim.

Así las cosas, en los últimos días, se da por hecho que Pizzi no seguirá al frente del equipo y que su puesto será ocupado por Nuno Espírito Santo. Sobre la elección de Nuno hablamos en el editorial pero ahora lo que nos ocupa es el análisis de la labor de Pizzi en el medio año que ha estado en el Valencia.

La llegada

El entrenador argentino llegó a la capital del Túria avalado por su reciente título liguero con el San Lorenzo de Almagro. Hubo quién no se explicaba por qué Pizzi renunciaba a jugar la Copa Libertadores a cambio de venir a un club sumido en un proceso de venta. No en balde, cuando llegó, cabía la posibilidad que un mes después el Valencia cambiara de dueño. Pizzi asumió que pese a la inestabilidad daba un paso adelante en su carrera. En la estación de tren, cuando pisó Valencia, dijo que venía "a uno de los clubes más grandes de España y de Europa". Para no perder la perspectiva. En su primera comparecencia habló de poner "metas cortas y reales". De hecho, el discurso de Pizzi, a diferencia de otros, siempre ha girado en el mismo sentido. Es un técnico que nunca ha rehuido ninguna pregunta ni ninguna responsabilidad. La idea que expresó en su presentación sobre su forma de trabajar, "muy noble, muy transparente, la base de nuestro juego y de nuestra vida es el esfuerzo", la ha cumplido a rajatabla.

Pizzi no vino sólo. Llegaron con él el chileno Manuel Suárez como segundo entrenador y el uruguayo Alejandro Richino como preparador físico. La primera evidencia de que algo había cambiado de forma radical en Paterna fue ver en acción al 'profe' o al 'loco', los dos apelativos por los que se conoce a Richino. Si Djukic e Ilic no apelaban a la intensidad de sus jugadores a la hora de entrenar, el método Richino iba en dirección contraria. Sus formas apasionadas y peculiares calaron rápido entre la afición y generaron sorpresa en los jugadores.   

Efecto Pizzi

Así pues, con un discurso impecable y una manera de trabajar impactante, empezó Pizzi su andadura al frente del Valencia. El técnico argentino asumió que, en los primeros partidos, sólo por su presencia, es decir, por el hecho de haber un entrenador nuevo, los jugadores se iban a entregar al máximo y que su labor consistiría en mantener ese estado. Y no se equivocó demasiado. El efecto Pizzi sirvió para ganar al Levante en casa en un partido trabajado y para empatar, también en Mestalla, contra el Atlético de Madrid en la ida de octavos de Copa del Rey. Sólo Courtois evitó la victoria valencianista tras un gran partido. La expectativa crecía. Sin embargo, en el tercer encuentro, contra el Celta, reaparecieron los fantasmas y en la segunda parte se vio a un equipo desdibujado y sin alma. Pizzi vio claro el problema, en los entrenamientos y en rueda de prensa machacaba el concepto de la intensidad, pero lo cierto es que no fue capaz de hacérselo llegar a sus jugadores de forma permanente. El mercado de invierno estaba abierto y Rufete, con buen criterio, esperó a que Pizzi tuviera una idea de los futbolistas que conformaban la plantilla para conocer las necesidades del equipo en cuanto a altas y bajas. El Valencia perdió en el Calderón y quedó eliminado de la Copa. Compitió pero sin éxito. Después encadenó sendos empates: dejando buena imagen en Málaga y mal sabor de boca en Mestalla contra el Espanyol.

Una victoria memorable

Mientras tanto, de acuerdo con Rufete, los componentes del vestuario habían cambiado. Ya no estaban Banega, Canales y Pabón entre otros y se percibía un grupo con menos egos y más comprometido. La prueba que sostuvo esta teoría estaba a la vuelta de la esquina con la machada de vencer en el Camp Nou en un partido memorable. El valencianismo recuperaba sensaciones, hacía mucho tiempo que no se conseguía asaltar el feudo de uno de los dos protagonistas de la Liga bipolar. Además, Pizzi encandiló denunciando el nefasto arbitraje sufrido. Por si fuera poco, en el siguiente encuentro, el Valencia le hizo una 'manita' al Betis. Como es habitual se desató la euforia. Los recién llegados como Vargas parecían claros aspirantes al balón de oro por lo que decían algunos. El Valencia estaba inmerso en una buena racha. El sistema de Pizzi funcionaba: presión arriba y juego por las bandas con Piatti y Feghouli en su mejor versión. En el centro del campo Parejo se iba convirtiendo en el líder e irrumpía en ataque Alcácer como goleador. El Valencia empató en el Pizjuán pese a la actuación del árbitro, encarriló la eliminatoria europea en Nicosia contra el Dinamo y ganó con apuros al Almería en Mestalla. Demasiados apuros. Se hizo la lectura optimista de que el equipo había dado una muestra de carácter por ganar en el último minuto pero la realidad, como se demostró en Vallecas el fin de semana siguiente, era otra. El equipo perdió merecidamente contra el Rayo y la ausencia de Parejo por sanción evidenció que todo el fútbol del Valencia dependía de él. Pizzi aprendió la lección y utilizó a Parejo hasta la extenuación. Tal vez, esa sobrecarga de partidos motivada por la ausencia de alternativas, fue la que llevó al técnico argentino a sustituirle en el partido de semifinales contra el Sevilla en Mestalla. Pero no adelantemos acontecimientos. Pizzi también había perdido a uno de los jugadores que le había dado una identidad propia al equipo en sus primeros partidos. El técnico argentino tuvo muchas dificultades para suplir la baja de Piatti. El equipo se resintió en el estilo de juego puesto que el sustituto de Piatti, Fede, no tenía las cualidades para dar profundidad por la banda.

El equipo no arranca y una noche mágica

Así las cosas el Valencia seguía dando una de cal y otra de arena. Eliminó al Ludogorets tras hacer un buen partido en Bulgaria en el que se volvió a percibir al equipo bronco y copero que colma las aspiraciones de los valencianistas. En Liga se empató en casa contra el Athletic jugando bien y perdió en San Sebastián jugando mal. Eso sí, con recadito a Canales en la rueda de prensa previa. Era evidente que el Valencia no arrancaba. El técnico lanzó un ultimátum antes del partido contra el Villarreal fiando todas las opciones del Valencia en Liga a conseguir una victoria contra los 'groguets'. El equipo respondió. Pero no lo hizo en el siguiente desafío público del entrenador. Antes del choque contra el Almería Pizzi señaló que si su equipo no estaba al límite de sus posibilidades "cualquier rival nos puede ganar". Un concepto que volvería a repetir en diferentes ocasiones. Pero en Almería el Valencia se dejo empatar tras ir ganando por 0-2. El equipo entraba en barrena. Pizzi seguía conectando con la parroquia valencianista con sus declaraciones que advertían que el aficionado "lo único que no perdona es que falte entrega en el campo". Sin embargo, no conectaba tan bien con sus jugadores. Tras un horrible partido, perdió en casa contra el Getafe. Más doloroso aún fue la derrota en Basilea haciendo un ridículo espantoso en la primera parte. Pizzi asumió la responsabilidad y pidió perdón.  En el siguiente compromiso en Valladolid el Valencia mejoró su imagen pero sin conseguir sumar los 3 puntos. Y llegó la previa del partido de vuelta contra el Basilea y Pizzi dijo aquello de "queremos, podemos y lo necesitamos". El resto es historia: una noche gloriosa como hacía mucho tiempo que no se vivía. A continuación el Valencia derrotó al Elche en casa y el Valencia volvía a tener alguna opción remota en Liga. Sobre todo, por demérito de los equipos que le antecedían en la tabla. Sin embargo, las aspiraciones  del Valencia se verían frustradas en Pamplona con otro partido gris en el que sólo se obtuvo un punto. El equipo era incapaz de mantener una línea positiva en Liga. Éste, sin duda, ha sido en el balance final el gran déficit del Valencia.

Un final de curso como metáfora de la temporada

Se venía, eso sí, las semifinales de la Europa League y la ilusión estaba por todo lo alto. En Sevilla el equipo se llevó un palo que tuvo su continuación en Mestalla frente al Atlético de Madrid que se llevó los 3 puntos. De nuevo tocaba la gesta y el Valencia vivió otra noche mágica pese a que el desenlace fue funesto. Pizzi, en rueda de prensa, visiblemente emocionado, habló de que se sentía tremendamente identificado con la afición valencianista. El equipo, en otra muestra de orgullo, estuvo a punto de ganar en el Bernabéu. La temporada se acababa marcada por la decepción de la Europa League pero aún quedaba un disgusto más que asumir en forma de derrota en el Ciudad de Valencia contra el Levante. La despedida en Mestalla, sin embargo, endulzó el final del curso futbolístico. PIzzi ya había cumplido una vuelta con el Valencia, medio año de trabajo con aspectos positivos y negativos.

Lo positivo

Las noches épicas en Europa son producto de noches desafortunadas en la ida pero son noches épicas. Algo que el valencianismo no vivía desde hacía años. Trozos de historia que quedarán en el orgullo para siempre. Ganar en el Camp Nou y estar a punto de hacerlo en el Bernabéu no justifica, ni de lejos, una temporada pero son sensaciones impagables que tampoco se daban desde hacía mucho tiempo. Todo esto se produjo bajo la dirección de Pizzi y sus ayudantes. Además el técnico argentino ha hecho gala de un discurso claro y coherente y unos métodos de trabajo, con Richino a la cabeza, como mínimo, atractivos. Todo esto ha hecho de él un líder. Un jefe respetado por sus subordinados. Ha conseguido seducir a sus jugadores, por lo menos, en los momentos clave y eso, en un vestuario como el del Valencia, tiene bastante mérito. Pizzi, además, también ha seducido a gran parte de la afición.  

Lo negativo

Pizzi dijo en su última rueda de prensa, tras haber sido ratificado por Rufete y Salvo, que sabía qué tenía que hacer para corregir los problemas del equipo. Porque, más allá de las luces señaladas, en algunos casos destellos, la labor de Pizzi también alberga sombras. Los números del técnico argentino en Liga son irrefutables y han sido mediocres.

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