Año nuevo

Es cierto, muy cierto, que el Valencia no será más de los valencianistas, pero eso no es nuevo, eso es algo que quedó claro en 1992, cuando se transformó en sociedad anónima deportiva. Desdramaticemos un poco la situación.


        Poco o nada sabemos por estos pagos sobre Singapur. ¿Quien preside el país?, ¿cómo es su bandera?, ¿qué diferencias tiene su comida con la vietnamita?… Un buen amigo me comentó tras el partido Valencia- Celta que pronto nos tendremos que familiarizar con todo ello. No en vano, el magnante Peter Lim, el comprador del Valencia, proviene de allí.

        Debería ser este un artículo de repaso y valoración de la temporada recién concluida, pero los acontecimientos nos obligan (afortundamente) a mirar hacia el futuro. Despacharemos, pues, lo vivido hasta ahora con un resumen simple. La campaña ha sido (desafortunadamente) la peor en Primera División desde 1986 y ha propiciado que el Valencia no juegue en Europa por primera vez desde 1997. Con eso todo queda dicho.

        Dado que la primera noticia del siguiente ciclo se solapó por cuestión de horas con el último partido del anterior, podemos decir que hemos entrado antes de los previsto en el año nuevo, aunque primero nos hemos felicitado y a continuación hemos tomado las uvas.

        Ese año nuevo, no chino, sino de Singapur, acaba de comenzar y sólo tiene un misterio, un gran misterio. Si el señor Lim piensa que la mejor forma de rentabilizar su inversión es hacerlo a través de un equipo competitivo, que esté entre los grandes y consiga títulos, los valencianistas serán felices. Un modelo del estilo del Chelsea, el City o el PSG devolvería al equipo a los parámetros de hace una década. Si por el contrario el inversor piensa en otras cosas, el aficionado y la sociedad no sólo pueden despedirse de revivir momentos históricos, sino que vivirán en directo el obituario del club porque no se me ocurre cuál podría ser el parche para resolver una situación que fuera todavía más comprometida que la actual.

        Es cierto, muy cierto, que el Valencia no será más de los valencianistas, pero eso no es nuevo, eso es algo que quedó claro en 1992, cuando se transformó en sociedad anónima deportiva. Desdramaticemos un poco la situación. Nos gustaría que el club fuera nuestro y que nos diera alegrías. Lo primero es imposible, pero si al menos el nuevo proyecto alimenta nuestra autoestima, nos daremos por satisfechos. De momento, quiero pensar en positivo e ilusionarme un poco aunque en el fondo el asunto ni me gusta, ni me permite olvidarme de los bendecidos con la exclusión del proceso del 92.

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