45

Lo más positivo en estos momentos y desde el punto de vista deportivo es el mensaje coherente del entrenador Juan Antonio Pizzi. Parece saber exactamente lo que lleva entre manos, el equipo con el que cuenta y las necesidades existentes.


45. No se trata de los minutos que dura medio partido de fútbol.
Tampoco del número de calzado que utiliza nuestro chaval, que cada vez está más alto. Ni siquiera de la temperatura máxima que hizo un día del pasado verano en mi pueblo. No. Se trata de otro registro. Se trata de los puntos con los que el Valencia acabará la Liga si mantiene la línea de puntuación que ha mostrado hasta el momento. Las matemáticas (¿la estadística?) dicen que veinticinco puntos en veintiún partidos es lo mismo que 45 en los 38 de la Liga.
 

Obviamente, si el equipo mejora, superará esa cifra, pero si empeora, no la alcanzará. Casi ningún equipo avanza por la Liga con total regularidad, pero también es muy difícil revolucionar una trayectoria cuando no ha habido síntomas de ello pasado el ecuador de la competición.

El Valencia es actualmente un equipo de la zona media de la tabla en una temporada en la que ni ha tenido una mala suerte especial, ni ha sufrido bajas sensibles por lesión, ni ha tenido arbitrajes especialmente adversos. Se puede hablar de una campaña sin sobresaltos, en la que no ha habido desgracias, pero que hasta el momento no ha dejado gestas, partidos para enmarcar, actuaciones personales destacadas o reacciones fulgurantes. Nada. Ni frío, ni calor.

El público dejó Mestalla tras el empate contra el Espanyol sin sufrir y sin gozar. No estaba ni contento, ni enfadado; ni conforme, ni disconforme; ni esperanzado, ni decepcionado. El entorno, ya saben, Bankia, la venta, la Fundación, la asamblea informativa, el presidente, la Generalitat … centran la atención desde hace mucho tiempo y las ramas no dejan ver el bosque del fútbol.
 

Lo más positivo en estos momentos y desde el punto de vista deportivo es el mensaje coherente del entrenador Juan Antonio Pizzi. Parece saber exactamente lo que lleva entre manos, el equipo con el que cuenta y las necesidades existentes. Llega Eduardo Vargas. El valencianismo sólo puede desear que al chileno le vaya bien, que meta goles y que del número 45 del que hablamos al principio no nos acordemos más gracias a que el equipo, con victorias y goles, dé motivos para olvidarlo. De lo contrario, dentro de un año añoraremos partidos que ahora casi despreciamos contra rivales como el St Gallen o el Kuban.

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