Nueva encrucijada

Si nos acercamos a Navidad sin que el panorama haya cambiado, nos veremos abocados a una temporada mediocre en el mejor de los casos.


         El Valencia se encuentra ante una encrucijada deportiva. No es la más importante de los últimos años, pero sí la que nos toca vivir, la que ahora mismo nos preocupa. Cuando se cumplen dos meses de competición, todos los equipos han dejado ver con claridad sus intenciones y sus posibilidades y las del conjunto valenciano no están a la altura de lo esperado. Es cierto que en la Liga de Campeones solo una debacle le dejará fuera de los octavos de final, pero también que solo un giro de 180 grados le llevará en la Liga a los puestos europeos a los que aspiraba al inicio de la temporada. Ser tercero con lo ofrecido hasta el momento se antoja difícil.

         La encrucijada, por tanto, está servida: ganar para que los resultados impulsen al equipo y le permitan mejorar su juego o empezar a jugar mejor con la certeza de que esa mejoría conllevará goles, victorias y un ascenso en la tabla. El huevo o la gallina.

         Considero que en esta ocasión, el primer paso debe ser el de las victorias. Marcar un gol más que el rival en cada partido para de esta forma coger confianza, asentarse y, poco a poco, encontrar el patrón de juego que el Valencia no ha tenido desde hace tiempo para poder, a partir de ese estilo propio, volver a ser el equipo que quiere la afición. Nadie olvida lo que supuso un solo resultado, el de Montjuïc ante el Espanyol en el invierno de 2001 (2-3), para que el Valencia cambiara radicalmente y se embalara hacia el título de Liga.

         El valencianismo no va a exigir tanto en este momento, pero tampoco se conforma con lo que tiene: un equipo sin ideas, con un perfil de mitad de la tabla y al que se suponen muchas dificultades para doblegar al primer espada europeo que con toda seguridad le corresponderá en febrero en la Champions.

         A la hora de mejorar sus resultados, el Valencia tiene algunos huesos duros de roer a la vuelta de la esquina a partir del derbi ante el Levante, que se convierte en una prueba de fuego. Tras este encuentro aparecen una serie de choques a domicilio, tanto en Europa como en la Liga, que se presentan comprometidos, con un solo partido en casa, ante Las Palmas. Las visitas a Gante y a San Petersburgo en Europa y, sobre todo, los encuentros a domicilio ante un buen Celta y un siempre correoso Sevilla deben dar la pauta de lo que el Valencia puede dar de sí este año. Fuera de casa el equipo tiene la desventaja de no contar con el apoyo de su público, pero con la ventaja de que tanto los jugadores como el entrenador están menos presionados. El año pasado solo perdió en cuatro desplazamientos; este, en octubre, ya lleva tres viajes sin puntuar. Por ello, si nos acercamos a Navidad sin que el panorama haya cambiado, nos veremos abocados a  una temporada mediocre en el mejor de los casos, lo que supondría un fracaso. Si la situación revierte, se abrirá una puerta al optimismo y quedará tiempo para pensar en recuperar el terreno perdido.

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