OTOÑO DEPRESIVO

Nunca fui del Valencia por sus dirigentes, ni por toda esa escenografía banal y autoimpuesta por el establishment local como mantra irrenunciable.


Expectativas

Definitivamente somos un equipo que no sabe competir. Nos falta contundencia atrás y delante. Somos un equipo sin el mítico pasillo de seguridad al que siempre aludía Luis Aragonés. Eso sí, hemos encontrado, al menos lo parece tras el partido de Elx, la tecla de la fluidez y el juego dinámico. Con semejantes argumentos es posible que no pasemos apuros pero sólo seremos el “made in Valencia” que tanto gustaba en la Meseta en tiempos de Hiddink.  Un equipo chollo. Divertido, estético…vulnerable.  Y gracias. Sólo si Canales, Jonás, Fuego y Parejo se juntan  la temporada no acabará en drama. No pido la champions. Me conformo con llegar a la primavera sin la amenaza del  descenso a la vuelta de la esquina. Es lo que hay. Por supuesto, nada me gustaría más que tragarme estas palabras llegado el caso. Y si es en Torino, el 14 de mayo de 2014, mucho mejor.

 

Paterna

Lo primero que debe hacer la nueva Academia es encontrar el manual para fabricar centrales como antaño. Hubo un tiempo no muy lejano en que la defensa de Mestalla hablaba en valenciano. Centrales expeditivos, rápidos, que jugaban el balón con criterio. Hasta Juárez e Higinio serían titulares en este Valencia. La sola mención de los Arias, Tendillo, Voro, Giner, Dani, Cordero, Moreno o Camarasa reduce a ceniza cualquier comparación. Salieron bien Roche, Björklund, Ayala, Pelegrino y Djukic, pero una cantera incapaz de fabricar defensas es una cantera que no tiene valor. Empiecen por ahí, por favor. Si luego encima son buenas personas y saben escribir global con b y con v, miel sobre hojuelas.

 

Mestalla

La temporada puede ser larga y difícil. Los enemigos del Valencia ya se frotan las manos. Hace tiempo que decidieron que la afición del Valencia es culpable. Lo han escrito, lo han radiado y lo han televisado de tantas maneras posibles que a veces hasta lo parece.  Evidentemente, muchos de los ventajistas que lo hacen no sienten el mínimo afecto por nuestro club. Son profesionales de sí mismos, juegan la liga del comercio y la vanidad. Es su derecho y no seré yo quien se escandalice cuando tantos y tantos prohombres de la tribuna han ayudado a convertirnos en el club a la deriva que ahora somos. Pero hecho este inciso, nada me gustaría más que Mestalla asuma lo que queda de temporada con un plus de amor hacia el club. Ese plus de amor pasa por crear una atmósfera propicia en los partidos de casa. Que nadie pueda ni tan siquiera insinuar el prejuicio falaz de Mestalla como enemigo de su equipo. Habrá que desempolvar las  banderas y los cánticos de apoyo. Habrá que hacer bueno aquel viejo grafiti que alguien escribió en las tripas del Gol Gran hace algunos años: “cuando menos lo merezcas más te animaré porque será entonces cuando más lo necesites”

 

El club

Ahora que la derecha especulativa ha convertido definitivamente al País Valenciano en un ente despersonalizado y triste; ahora que ya no tenemos red económica, ni tejido empresarial, ni burguesía ilustrada, ni medios de comunicación en valenciano, ni nada con lo que uno pueda identificarse mínimamente sin caer en el pozo de la mezquindad, empieza a darme un poco igual quien sea el propietario del club. Nunca fui del Valencia por sus dirigentes, ni por toda esa escenografía banal y autoimpuesta por el establishment local como mantra irrenunciable. Fui y soy del Valencia porque un hombre bueno así lo quiso. Esta misma mañana recordaba el penúltimo viaje que hicimos juntos. Fue precisamente a Elx, en el otoño de 1986. Estábamos en segunda división pero no por ello dejamos de viajar y sentirnos orgullosos de una militancia que nunca estuvo supeditada a modas, títulos o estilos de juego. Ese es el Valencia que nadie nunca podrá arrebatarnos. Sobre esa mística de compromiso y lealtad me gusta pensar que miles de valencianistas sabremos estar siempre en el lugar que corresponde. En eso, pese a todo, soy optimista. Somos el Valencia.

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