Otro pibe inmortal

El futbolista argentino, ídolo de la afición del Valencia, ha anunciado que cuelga las botas con 35 años. Repasamos su trayectoria como blanquinegro


Pablo Aimar siempre tendrá un lugar importante en la historia del Valencia CF. Disputó una Final de la Champions y participó en una de las épocas doradas del club con la consecución de dos Ligas y una Europa League. Él era el futbolista más imaginativo e imprevisible de aquel grupo que puso pata arribas el orden establecido.

La experiencia con Ariel Ortega, también mediapunta, argentino y de River Plate, había sido bastante decepcionante pocos años antes. Con Aimar, llegaba al Valencia un nuevo sucesor de Maradona, aunque esta vez, apadrinado por el 'Pelusa' como tal. En el mercado de invierno de 2001 el club de Mestalla fichó a Pablo Aimar por 20 millones de euros, el fichaje más caro de la historia hasta ese momento.

Vino con varios motes de Argentina pero el de 'Payasito o Payaso' trascendió que no le gustaba y, en todo caso, los medios le llamaron 'el Cai'. Sin embargo, muy pronto para la afición del Valencia pasaría a ser Pabilto o Pablito Aimar.

No hizo falta mucho para que el mediapunta de Río Cuarto se ganara a la grada de Mestalla. Un luminoso estreno contra el Manchester United en la liguilla de la Champions League sirvió para entrar de golpe en el corazón de la hinchada valencianista. Aquella noche Pablito puso sobre el tapete parte de su repertorio de regates y dejó evidencias de su facilidad e inteligencia para jugar al fútbol. Tenía un estilo muy particular, parecía conducir el balón sin esfuerzo y lo colocaba en el lugar más inesperado, tomando las decisiones a la velocidad de la luz, mucho antes que sus rivales. Era liviano y elegante pero no era fácil derribarle ni ganarle la posición. Después tenía un repertorio técnico y de regates muy variado y un juego asociativo espectacular hasta el punto de que su presencia condicionaba el estilo de fútbol ofensivo del equipo. Si a la acción se le podía dar continuidad con un pase al primer toque al compañero, Aimar lo ejecutaba antes de que la opción fuera evidente para los demás. Y cuando el rival esperaba el pase fácil, el argentino inventaba otra solución.

El Valencia de Cúper era bronco y copero, un equipo infranqueable, efectivo pero gris. Pablo Aimar, sin embargo, salía a jugar a fútbol con toda la paleta de colores en sus botas. Fue una bocanada de aire fresco, un jugador por el que merecía pagar el importe de la entrada. Por eso Mestalla le acogió como un hijo pródigo desde el principio y, muy pronto, desde la peña Gol Gran le dedicaron un cántico que acabó siendo himno del valencianismo. Aimar, a partir de entonces, pasó a ser "como Kempes y el Piojo, otro pibe inmortal".

Su primera media temporada acabó con una Final de Champions en Milán. Pablito Aimar salió de titular formando pareja en el centro del campo con Baraja. El Valencia se adelantó en el marcador en la primera parte y Cúper, en el descanso, sustituyó al mediaputna argentino por Albelda. La aportación del futbolista que entonces lucía en Europa el dorsal '35' fue bastante pobre aunque no tuvo demasiado tiempo para mostrar su fútbol. Por ahí empezó a forjarse cierta desconfianza sobre él.

No todo fueron halagos para Aimar en sus cinco temporadas y media en el club blanquinegro. De hecho, hubo parte de la afición que siempre estaba decepcionada con el argentino, probablemente, porque Pablito no era ni Kempes ni Maradona. La expectativa que levantaba su estilo de juego era tan alta que su rendimiento, a algunos, siempre les sabía a poco. Tal vez, la política de rotaciones de Benítez también influyó en que su peso en el equipo se diluyera. Su superioridad técnica era tan evidente que de Aimar siempre se esperaba que resolviera el partido. También, la frialdad con la que ejecutaba las acciones, la sensación de estar jugando permanentemente en el patio de la calle le conferían cierto aire de indolencia cuando, por el contrario, era un futbolista bastante sacrificado aunque sus capacidades físicas le limitaran en el plano defensivo. Aimar, en el imaginario popular, era el contrapunto de un equipo con un carácter aguerrido.

Aún así, Pablito fue pieza clave en la consecución del título de Liga de la temporada 2001/2002. Disputó 23 partidos de titular y 10 saliendo desde el banquillo. Para la historia queda aquel gol en Tenerife que valió tres puntos en un momento decisivo del campeonato. Por su importancia y por su belleza: Un lanzamiento a la escuadra desde una esquina de la zona de tres cuartos que entró en la portería después de que el balón impactara con violencia en la madera de la escuadra. Un gol antalógico. Como el que le marcó al Liverpool esa misma temporada en Champions. Un tanto fabricado con puro talento e intuición futbolística con la ayuda de Albelda y Baraja. De hecho, todos aquellos que siguen defendiendo que el Valencia de Benítez practicaba un juego rácano deberían revisar ese partido.

La siguiente temporada no fue tan buena en el plano colectivo aunque Aimar seguía demostrando su calidad. Con un caño imposible o con un quiebro sin necesidad de tocar el balón. Esta fue su mejor campaña en el aspecto goleador y acabó el año con 11 tantos en todas las competiciones. Después vendría la temporada del doblete y Aimar tuvo un papel destacado. Aún así, cabe recordar que en la Final de Goteborg contra el Olympique de Marsella Pablito no fue titular. Era el futbolista con más talento de la plantilla pero no era, ni mucho menos, indiscutible. De hecho, esa temporada fue la que menos partidos jugó.

Con la llegada de Quique el mediapunta argentino volvió a tener un papel preponderante en el esquema del técnico. Para entonces, entre la afición, el bando de los recelosos con 'el Cai' había aumentado. Aimar seguía siendo muy joven y muy bueno pero la efervescencia que desataba su fútbol parecía haberse evaporado por completo a los ojos de un sector del valencianismo.

Los aimiristas siguieron disfrutando de su ídolo otra temporada más. Pero en junio del 2006 se fue al Zaragoza por una irrisoria cantidad de dinero, es decir, devaluado y por la puerta de atrás. Sin una cálida despedida de su afición y sin unas emotivas palabras por su parte.

El corazón de Aimar pertenece, en primer lugar, al River Plate, club con el que debutó y en el que se retira. Sin embargo, las estadísticas dicen que el equipo más importante en la vida de Aimar ha sido el Valencia. Disputó con el escudo del murciélago más partidos que con cualquier otro club y en el equipo blanquinegro fue donde consiguió más títulos. Pablo Aimar es, para siempre, 'otro pibe inmortal'. Gloria eterna para él.

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