La Trampa

Al Valencia, club en permanente erupción, no lo tienen en demasiada estima los organismos competentes mientras no se asiente un modelo definitivo de gestión y se sepa, de una vez por todas quién va a ser el interlocutor fetén.


Vallecas fue una trampa para un Valencia confiado en su inercia ganadora, limitado por las ausencias, desquiciado por el escenario y el rival, y rematado por Clos Gómez, ese árbitro que se cruza en el camino y te empuja al precipicio. El colegiado aragonés se ha convertido en una bestia negra para los de Mestalla y en el club no parecen haberse enterado todavía. Nadie asume la magnitud del problema que delata una inquietante fragilidad institucional. En realidad, los dirigentes del Valencia llevan años sin rascar bola en las altas esferas futbolísticas del país, salvo para cargos representativos, caso de Pedro Cortés en la Federación donde antes también estuvo Paco Roig, o para recolocaciones de altos vuelos, véase Javier Gómez, en la Liga Profesional, ese órgano que condenó al cambio de horario del partido por una ocurrencia delirante. Esto es lo que hay mal que nos pese. Al Valencia, club en permanente erupción, no lo tienen en demasiada estima los organismos competentes mientras no se asiente un modelo definitivo de gestión y se sepa, de una vez por todas quién va a ser el interlocutor fetén. A partir de entonces, será momento de poner las cartas encima de la mesa y cantar las cuarenta a quién corresponda.  Hasta que llegue ese momento, no se puede esperar nada bueno. A los hechos me remito.

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