Con los árbitros hemos topado

Como bien apuntaba alguien en las redes sociales, al Valencia le han robado más en el Pizjuán que en el Bernabéu. Pizzi se ha quejado con razón y de manera educada. Ahora falta que alguien en el club le secunde y la afición sea más consciente de la magnitud del problema.


De un tiempo a esta parte, en concreto desde el alirón de 2004, las visitas del Valencia CF al Sánchez Pizjuán han degenerado en una amplia lista de partidos polémicos, decisiones arbitrales erróneas, penaltis en contra y jugadores expulsados. El honor de encabezar esta lista de desacatos la ostenta  el madrileño Megía Dávila, por suerte para todos ya retirado, y que ahora ejerce de delegado arbitral en el Santiago Bernabéu. Con eso está casi todo dicho. Corría la temporada 04-05 y el Valencia sufrió su labor cuando señaló dos penaltis en contra  y anuló en el último minuto un gol legal a Xisco Muñoz que hubiera significado el triunfo por 2-3. No contento con ello, un par de campañas después, se superó expulsando a David Silva al cuarto de hora. El canario había sido víctima de las constantes provocaciones de Dani Alves que el colegiado pasó por alto.

Pero, sin duda, y aunque el listón estaba muy alto, la mayor tropelía fue la cometida por Clos Gómez  en la última jornada del pasado ejercicio. Su actuación fue todo un despropósito, se cargó el partido y perjudicó al Valencia de una manera desmedida. Aquella derrota tuvo consecuencias devastadoras: privó a los valencianistas de clasificarse para la Liga de Campeones. Hace poco más de un mes, Clos actuó en Valencia entre la indiferencia de la grada, tan sensible para algunos asuntos menores y tan amnésica para otros de mayor relevancia. La supuesta indignación del valencianismo se diluyó como un azucarillo. Esta actitud refleja, por desgracia cuál es el peso específico del club en los estamentos oficiales. La indiferencia que despierta el Valencia  es consecuencia directa de la permanente inestabilidad que proyecta  de la entidad.

Ayer en el Pizjuán se volvió a escribir el enésimo capítulo de este interminable culebrón. Se veía venir y los peores presagios se confirmaron. Como bien apuntaba alguien en las redes sociales, al Valencia le han robado más en el Pizjuán que en el Bernabéu. El partido se le escapó de las manos a Álvarez Izquierdo en el primer tiempo. Hubo lluvia de tarjetas y de acciones punibles en las áreas. El punto obtenido le sabe a gloria al equipo de Pizzi que debe el empate a la providencial actuación de Diego Alves. El entrenador argentino ya no se muerde la lengua tras haber sufrido en sus carnes una cadena de errores que han privado  al equipo de tener más puntos en la clasificación. Pizzi se ha quejado con razón y de manera educada. Ahora falta que alguien en el club le secunde y la afición sea más consciente de la magnitud del problema. 

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