El túnel del tiempo

Ranieri entonces, como Pizzi en la actualidad, debió afrontar el mismo reto: la reconstrucción de un equipo sobre la marcha. Así se forjó el inolvidable equipo que dos años después se plantó en la mismísima final de la Champions.


Han transcurrido más de 15 años desde aquel mágico mes de enero del 98 y, como si el destino se permitiera una pirueta, hemos regresado a través del  túnel del tiempo a vivir el mismo guión que se repite ahora  hasta en los detalles más insignificantes.  Todo el mundo recuerda aquella prodigiosa victoria en el Camp Nou con cuatro goles en veinte minutos frenéticos que obraron una milagrosa remontada. Aquella noche cambió la historia del Valencia. Una semana después, el Racing de Santander visitó Mestalla y se llevó una derrota inapelable: 6-1. El saco de goles todavía pudo ser mayor; el equipo de Ranieri se desmelenó y tuvo ocasiones para lograr una victoria de escándalo. Curiosamente aquel día el conjunto de Santander vistió con una camiseta a rayas verdes y blancas, igual que la lucida ayer por los jugadores del Betis.

Ranieri entonces, como Pizzi en la actualidad, debió afrontar el mismo reto: la reconstrucción de un equipo sobre la marcha. Esa misión obligaba a eliminar algunas piezas que se antojaban fundamentales y reemplazarlas por otras de menos nombre y mayor eficacia. Así se forjó el inolvidable equipo que dos años después se plantó en la mismísima final de la Champions contra todos los pronósticos. Los valencianistas vapulearon a un desahuciado Betis una semana después de haber vencido al Barça en su feudo con remontada incluida. No fue como en el 98, pero el Barcelona de ahora es muy superior al de entonces.

Juan Antonio Pizzi ha diagnosticado de forma certera y se ha aplicado en la labor de recomponer un plantel desorientado, ha sacado del vestuario a elementos poco comprometidos con la causa, ha logrado establecer un  criterio a la hora de jugar y ha conseguido una innegable mejoría. El Valencia ha vuelto a ser un equipo intenso, premisa básica sin la que resulta imposible encarar cualquier objetivo. De forma constante,  el equipo evidencia su mejoría, tanto en juego como en resultados. Este equipo promete lo más elemental, aquello que no tenía durante demasiadas fases del ejercicio: identidad propia. Nada hay seguro, pero al menos queda claro que el Valencia ya sabe cuál es el camino que debe seguir para aspirar a logros que hasta hace poco tiempo se antojaban imposibles.  

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