Sobran las palabras

Miroslav Djukic ya no es capaz de dirigir este equipo, existe un abismo entre el técnico y la plantilla; se nota con claridad meridiana.


Ante la evidencia de los hechos, ante la contumacia  de la realidad, no queda otra alternativa que reconocer la realidad, asumirla y tratar de aplicar soluciones. El Valencia no puede competir hoy en día  con un rival como el Atlético, que se ha distanciado a años luz de los de Mestalla. Ni una primera parte apañada, pudo evitar el hundimiento valencianista en el segundo tiempo. Con una marcha más, el cuadro de Simeone se deshizo del equipo de Djukic que sucumbió con estrépito y mostró sus numerosas carencias. Triste, pero cierto. Esto es lo que hay. El Valencia podría haber estado jugando dos días más que habría sido incapaz de marcar. Courtois, el meta colchonero, sufrió tan solo por baja temperatura que reinaba a orillas del Manzanares. No hubo de intervenir en ningún lance reseñable. Un espectador privilegiado.

El Valencia lleva demasiado tiempo enviando señales alarmantes de descomposición. Quién no las quiera ver, se engaña. Miroslav Djukic ya no es capaz de dirigir este equipo, existe un abismo entre el técnico y la plantilla; se  nota con claridad meridiana. Si no se consuma el relevo en el banquillo, la derrota está cantada el próximo domingo frente al Real Madrid. Tres días antes, debe solventarse el compromiso copero con el Nástic de Tarragona que puede convertirse en el aperitivo del hundimiento definitivo. La afición está con la moral por los suelos, abatida y desorientada por el futuro de la entidad. Son tiempos difíciles, en los que sobran las palabras, hay que tragarse el dolor, apretar los dientes y renovar el apoyo a un club que se halla en la encrucijada, en uno de los momentos más trascendentales de su larga existencia.

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