Álex

De su privilegiada pluma nacieron auténticas obras de arte, piezas de obligada revisión para quienes se adentren en esta profesión. Cuidadoso y esmerado con el lenguaje, sabía decir mucho con muy poco.


Un titular corto para un hombre grande. Se ha ido un periodista único, irrepetible. Se rompió el molde. No habrá otro igual. José Vicente Aleixandre era, además, una gran persona que se empeñaba, algunas veces, en aparentar todo lo contrario. Bajo el disfraz de distante y enfurruñado, se escondía un tipo generoso y afable. A Vicent  no le gustaban los convencionalismos ni las relaciones públicas. Él había creado su mundo, con sus reglas propias, y entraba solamente quién él quería y cuándo quería. Para quienes lo conocieron en las distancias cortas, no hace falta añadir mucho más. Álex era muy suyo, había que aceptarlo así, formaba parte de su irresistible encanto.

Aleixandre tenía una legión de lectores incondicionales, devotos de su extraordinario talento. No cabe mayor gloria para un periodista que crear esa dependencia. De su privilegiada pluma nacieron auténticas obras de arte, piezas de obligada revisión para quienes se adentren en esta profesión. Cuidadoso y esmerado con el lenguaje, sabía decir mucho con muy poco. Tenía un pacto secreto con la inspiración que era la envidia de los colegas. En la hemeroteca aguarda un tesoro: el legado de crónicas antológicas, columnas magistrales,  entrevistas profundas y  reportajes sobresalientes. Vivo y astuto, mordaz e irónico, socarrón y comprensivo, quienes compartimos andadura vital con José Vicente Aleixandre nos consideramos afortunados por haber sido discípulos de su magisterio.

“No t´hauries de morir mai”. Ese fue el mayor elogio que recibí de él y, aunque parezca mentira, he olvidado la razón de semejante muestra de cariño. La frase, por lo inusual, se me quedó grabada y se la devolví, a propósito, años después, en la dedicatoria de un libro. Ahora que se ha ido, afloran los recuerdos emocionados y las vivencias que derivaron en una sólida amistad. Siempre le estaré agradecido por el memorable prólogo que escribió para la obra “Camp de Mestalla, un recorrido por la historia”, ejemplo de su brillante prosa y de su orgullosa militancia valencianista. Atrás quedan miles de kilómetros recorridos junto al Valencia CF; compartimos  viajes, hoteles, partidos, tertulias, momentos inolvidables, en definitiva. Todo ello daría  para un amplio anecdotario que resumiré con la estrecha relación sostenía con dos personalidades de la talla de Pasieguito y Alfredo Di Stéfano. Fútbol elevado a la enésima potencia. Para un joven e inexperto informador, entrar en ese exclusivo mundo de su mano, significaba adentrarse en el reino de los elegidos.      

Aleixandre fue el primer jefe de deportes de la desaparecida Televisión Autonómica Valenciana. Un pionero rodeado de entusiastas y animosos colaboradores rumbo a un futuro incierto. Un reto considerable que precisaba de pulso firme y de capacidad de gestión. Sin duda, era el candidato adecuado. La integridad, la honestidad y la independencia se le suponían, virtudes que, con el paso del tiempo, no fueron, por desgracia, norma de la casa. Canal 9 empezó su andadura apostando por el fútbol y “Minut a Minut” fue su principal bandera.  Un título emblemático que surgió después de  muchas cavilaciones y que, con el paso de los años, vivió varias etapas, se fue reinventando hasta alcanzar la condición de programa de referencia.  Ambos nos podemos vanagloriar de su creación.

En esta sentida despedida ya no hay lágrimas. Se han agotado. Supe hace tiempo que se le acababa el tiempo y que el destino estaba escrito.  Lo he llevado lo mejor que he podido, entiendo, Álex, que no estuvieras para nadie. No había nada que añadir  en un último encuentro que  carecía de sentido. Ventajas de la complicidad mutua. Sobraban las palabras.  Te estaré siempre agradecido y procuraré seguir por el camino que me enseñaste en estos tiempos tan complicados.  Bon viatge, Vicent. Amic i Mestre.

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