Sol y sombra

Después de la experiencia, expreso mi discrepancia. Lo siento, no me van a convencer, estoy demasiado acostumbrado a las citas vespertinas y nocturnas.


Un ambiente irreal reinó en Mestalla. Curiosidad y despiste a partes iguales flotaban en una atmósfera tan extraña como impropia. El personal acudió al estreno de un horario que el valencianismo desconocía en carne propia. Después de la experiencia, expreso mi discrepancia. Lo siento, no me van a convencer, estoy demasiado acostumbrado a las citas vespertinas y nocturnas. Para mí, como creo que para la mayoría de los habituales, todo resultaba extraño y ajeno. Un partido raro. Las mañanas de domingo no me cuadran con ver al Valencia en su feudo.  Ya podemos contar a hijos y nietos que en Mestalla se jugó un partido de Liga al mediodía. Solo han tenido que pasar 84 años, los transcurridos desde el debut valencianista en primera división.  Para que se aligere el trago han programado otro en dos semanas. Aceite de ricino.

La matinal nos ofreció otros aspectos insólitos: una declaración matrimonial en toda regla, rodilla hincada sobre el césped y el apoyo incondicional al novio de una grada que olvidó, por unos instantes, gracias a tan inesperada escena,  la primera parte insípida de su equipo. La proximidad de San Valentín también debió ejercer su influencia en la reconciliación de la afición con Quique Sánchez Flores. Buen gesto de una Curva desarmada de símbolos  y que se sacó de la chistera una pancarta de reconocimiento al Faraonito, en definitiva, por encima de todo, uno de los nuestros.  Así que entre el horario inusual, y estas escenas conmovedoras, el fútbol adquirió un papel secundario. El Getafe, “ordenadito”, como le gusta a su entrenador.  El Valencia atascado, como de costumbre, pero resolutivo, todo hay que decirlo también. No hay partido en Mestalla sin penaltis de un tiempo a esta parte. Así que Negredo firmó la victoria mientras Pedro León seguía en el banquillo. Solo faltó él a la fiesta.  

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