Parejo es Jon Snow

“Como Jon Snow, Parejo ha sido macheteado en las últimas semanas por gente contraria y gente afín por igual. Sus defensores han tenido que aceptar que Dani la ha cagado. Que esté cansado de las críticas furibundas no es excusa.”


Pidió perdón internamente y aquí no ha pasado nada. Lo que se generó en la caseta se ha resuelto en la caseta mientras el ruido de sables se hacía ensordecedor en el exterior. Presuntamente, Dani Parejo tuvo un desplante con sus compañeros y técnicos al negarse a entrenar con la actitud adecuada y al no comportarse profesionalmente dentro de la disciplina del vestuario. Nosotros sólo pudimos ver un atisbo de dicho comportamiento –inaceptable a todas luces- cuando saltó al terreno de juego en el amistoso ante el débil Ilves Tampere y careció de la intensidad necesaria. Cualquiera podría achacarlo desde fuera a la falta de ritmo de pretemporada, pero en el seno del club se zanjaron las dudas bien pronto y así se transmitió a los medios para que lo hiciesen público: castigo ejemplarizante y apartado del grupo.

El debate en la calle, elevado a cuestión capital después de la palabras de Suso García Pitarch poniéndolo en el disparadero (“en todos los años que llevo en el fútbol nunca había visto un comportamiento como el suyo”, “está faltando al respeto al valencianismo”), no ayudó a mejorar la situación. El club fue implacable, todo lo implacable que no fue con Otamendi hace doce meses, todo lo implacable que no fue con otros futbolistas que no fueron profesionales la temporada anterior. Una coyuntura de la que tendríamos que congratularnos todos -¡al fin van aprendiendo!- de no ser porque no es difícil sospechar que es mucho más sencillo ser ‘fuerte’ y decidido con Parejo que, por ejemplo, por dar un nombre al azar, con Negredo.

Porque Parejo, como Jon Snow, lleva la capa negra a la espalda del que está marcado de por vida. No es un bastardo como el personaje literario, pero se le trata siempre con la misma condescendencia.

Como Jon Snow, Dani Parejo hubiese preferido por carácter un papel menor o de secundario de lujo en este equipo. Un deseo al que las circunstancias dieron la vuelta para pasar a armar prácticamente todo lo que sucede en el interior de la maquinaria valencianista en torno a él. Si Parejo funciona, el Valencia también. Si Parejo tiene un mal día, el Valencia también. Una situación que evidentemente hay que achacar a la confección de plantilla y al hecho de que se haya buscado, sin encontrarlo todavía, a un recambio que ofrezca más garantías que el de Coslada en su posición. Hay dos disyuntivas: o los encargados de buscar son muy torpes –no lo descartemos-, o es que efectivamente no hay en el mercado ningún jugador que mejore las prestaciones del centrocampista –que, números en mano, son considerables- a un precio razonable.

Como Jon Snow, Parejo ha vivido toda la vida con el 'sambenito' a cuestas. El bastardo de Invernalia nació en plena guerra, llegó al Norte y vivió permanentemente a la sombra de sus hermanos Stark. El cosladeño aterrizó en Valencia con la vitola de ser el ‘protegido’ de Di Stefano, y un chaval joven que apuntaba maneras tras su paso por el Getafe. Sólo a partir de la segunda temporada, bajo la batuta de Valverde, empezó a mostrar su verdadero potencial. Para entonces, poco importaba a un sector de la hinchada: hiciese lo que hiciese, asistiese, anotase, tirase del carro o fuese sistemáticamente uno de los líderes del equipo, la cruz estaba puesta prácticamente antes de que el balón echase a rodar. En Valencia tienes que caer de pie, sí o sí. Una vez se tiene una opinión formada… mal asunto.

Como Jon Snow, Parejo ‘no sabe nada’. La memoria me remite a una anécdota con su vehículo estacionado en zona de carga y descarga en una concentración, y a la llamada telefónica que le ‘salvó’ de que se lo llevase la grúa. Había aparcado, había puesto las luces, se había metido en el hotel y la despreocupación y su despiste había hecho el resto. Era un niño grande cuando llegó a Valencia, igual que Jon al entrar en la Guardia de la Noche. Tipos inocentones, con aire despistado y a los que les falta un hervor, inadaptados para sobrevivir en dos mundos (Poniente y el del fútbol) en los que o ganas o mueres, literal o figuradamente. Tiene la maldita bendición, o la bendita maldición, de que cuando la pelota cae en sus pies los diez tíos vestidos de blanco y negro empiezan a asemejarse a un equipo de fútbol. Para un espectador como yo, es una sensación muy frustrante. ¡Claro que preferiría a un Xavi Hernández! ¡A un Iniesta! ¡A un Koke! Hablamos de jugadores de un nivel altísimo. Pero aquí y ahora, Parejín es lo más parecido que tenemos a un jugador diferencial. Ayestarán lo sabe. Suso lo sabe. Lim lo sabe. Los rivales lo saben. Joder, incluso los que le revientan sistemáticamente, en un rinconcito de su mente, lo saben.

Como Jon Snow, Parejo tiene ese ‘algo’ que te anticipa que, tarde o temprano, quien sabe si aquí o en otro lugar, acabará haciendo algo importante. Trono de Hierro o alzar una copa de campeón, lo mismo da. Imposible asegurarlo. De hecho, lo normal es que no lo haga, porque un jugador no hace a un equipo y el desequilibrio económico y deportivo entre la élite futbolística y el resto es abrumador. Pero incluso quienes más abjuran y despotrican del mediocentro madrileño no están dispuestos a regalarlo al primero que pase, mucho menos al Sevilla o cualquier rival que pueda ser percibido como directo. Se raja del ‘10’ aludiendo a su lentitud, sus pérdidas, su horrible rendimiento, “habría que quitárselo de encima cuanto antes”, etc… y se exigen veinte millones por dejarle marchar. Sorprendente. Incoherente. Otro día en la oficina por estos lares.

Como Jon Snow, Parejo ha sido macheteado en las últimas semanas por gente contraria y gente afín por igual. Sus defensores han tenido que aceptar que Dani la ha cagado. Que esté cansado de las críticas furibundas no es excusa. Tal y como Pako Ayestarán ha explicado, es absolutamente inaceptable que un futbolista de un equipo profesional no se deje el 100% en cada entrenamiento. Intolerable. No hay paños calientes. Pero ya somos mayores como para diferenciar entre la crítica y el ensañamiento. Cuestión de percepción, pero servidor cree que hubo ensañamiento. Al final, como era de prever a poquito que conozcas cómo funcionan los mecanismos del fútbol, también Parejo ha ‘revivido’ y ha sido rehabilitado para la causa. Veremos si de manera temporal, para poder venderle antes de que termine agosto, o si para todo el año. Veremos bajo qué parámetros y condiciones. Veremos si, como Jon Snow, Parejo regresa de entre los muertos igual que antes o ‘diferente’.

En definitiva, Dani Parejo es Jon Snow. Porque me resultaba un tipo indiferente al principio, aburrido incluso. Sin sangre. Anodino. Insulso. Nunca será mi personaje favorito. Porque ha ido madurando con el paso de las temporadas. Porque está lejos de ser perfecto. Porque a veces –muchas- lo encalaría sin dudar. Porque se aleja mucho del prototipo de centrocampista que me gustaría para mi equipo.

Y porque, de tanta hostia desproporcionada que se ha llevado… demonios, acabas queriendo que las cosas le salgan. Y más si el rendimiento global del Valencia depende de ello.

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