El ‘crash course’ de Gary

La llegada de Aiestarán ha “mejorado” la “comunicación”. Un argumento que no convencerá a aquellos que creen que al fútbol sólo se juega con los pies, pero que nos resulta enormemente revelador a todos los demás. Pako se ha convertido en el Señor Lobo de Paterna, alguien encargado de solucionar problemas en lugar de generarlos.


Está costando. Está costando un huevo. Sangre, sudor y lágrimas. Pero, poco a poco, la tortilla empieza a voltearse. Tres victorias consecutivas dan aire a cualquiera, y el inexperto Gary Neville no iba a ser menos. La situación del técnico valencianista ha mejorado ostensiblemente en apenas diez días: dos triunfos ligueros –ante rivales de la zona baja- y una goleada espectacular en la Europa League ante un decepcionante Rapid de Viena sirven para matar dos pájaros de un tiro. Marzo va a arrancar con el Valencia alejado de puestos de descenso y clasificado para octavos de final de competición europea. ‘Not bad’, que diría aquel.

A la hora de aprender un nuevo idioma, suelen proliferar en los países sajones algunos cursos acelerados, algo atropellados y que lanzan al alumno a una vorágine de palabras, vocabulario y frases hechas en una lengua desconocida mientras esperan que, por arte de magia, el pobre estudiante se quede con lo esencial sin explotarle la cabeza. ‘Crash course’, lo llaman: un curso acelerado de lo que sea. Tras aterrizar en tierras valencianas en diciembre, Gary Neville vive en un ‘crash course’ permanente que le ha obligado a averiguar sobre la marcha cómo hablar en español, cómo expresarse, cómo entrenar a un equipo de élite, cómo manejar un vestuario con la moral por los suelos, cómo lidiar con el entorno, cómo comprender la idiosincrasia del Cap i Capas y, por encima de todo, cómo narices ganar algún partido. Y todo, en tiempo récord.

El asfixiante clima de cuchillos largos se ha apaciguado conforme los puntos han permitido al equipo dar un estirón en la tabla que lo sitúe en la zona tranquila. Sigue siendo una temporada infame por el momento, pero retirar nuestras carnes de la parrilla al rojo del descenso permite respirar momentáneamente. Pako Aiestarán, claro está, ha tenido mucho que ver. Siempre habrá una minoría –ruidosa, eso sí- que no lo crea, o que prefiera mofarse de la prensa por recalcar algo que es obvio. Criticar en lugar de disfrutar de los triunfos de su equipo, ese gran clásico. Pero la realidad es que el aterrizaje de Pako ha traído consigo oxígeno. Oxígeno del bueno. Oxígeno en más áreas de las que se cree.

Para los que dudan, más allá de las victorias, sólo hay que escuchar a los futbolistas. El algodón no engaña. Lo ha dicho Negredo en público, lo ha dicho Parejo en público, lo ha dicho Santi Mina en público: la llegada de Aiestarán ha “mejorado” la “comunicación”. Un argumento que no convencerá a aquellos que creen que al fútbol sólo se juega con los pies, pero que nos resulta enormemente revelador a todos los demás. Pako se ha convertido en el Señor Lobo de Paterna, alguien encargado de solucionar problemas en lugar de generarlos. ¿Qué el Valencia tiene dificultades al defender a balón parado? A trabajar esa parcela. ¿Qué el Valencia da lastimica al desaprovechar una y otra vez jugadas de estrategia? Sólo en los últimos dos partidos hemos visto más pizarra que en toda la temporada. ¿Qué, cómo ocurrió en Granada, Gary tiene problemas para hacerse entender por uno de sus jugadores? Basta con girarse al banquillo y gritar dos veces (“¡Pako! ¡Pako!”) para que el segundo de a bordo salga a darle instrucciones a Parejo después de que el equipo se ponga 0-1 arriba. Problema, solución. "Llamadme Winston".

El delicado equilibrio de parcelas, poderes y responsabilidades dentro de un cuerpo técnico tan numeroso que podría tener descuentos por grupos en los museos es otro de los retos de un Neville que sigue aprendiendo, evolucionando y pisando tierra para saber dónde está. Siempre he pensado que todo aquel profesional que aporte cosas positivas tiene hueco en un cuerpo técnico de élite; del mismo modo, un número excesivo de sugerencias, opiniones y cocineros dentro de la cocina puede desembocar en el caos más absoluto. Gary, con más tranquilidad gracias a las victorias, tendrá que aprender gestionando o, por contra, gestionar aprendiendo. La idea de incorporar a un ayudante con una trayectoria excelente en la parcela física y con dos décadas de experiencia en los banquillos está resultando un acierto tan predecible como necesario.

El ‘crash course’ incorpora asignaturas optativas como los ‘pollos’ en el área técnica y las discusiones subidas de tono con los técnicos rivales, como sucedió con un Sandoval desencajado a pocas horas de que le cortasen la cabeza a lo Juego de Tronos. Pero, en el lado positivo, podemos afirmar que Gary empieza a cogerle el aire a una de las troncales: la barrera idiomática. Sólo escuchando sus ruedas de prensa y consultando a tres o cuatro personas próximas al técnico podemos ver que el de Bury tiene más o menos dominada la ‘comprehension’ del español –algo nada sencillo en apenas tres meses-, que entiende gran parte de las preguntas que se le formulan y que ya se arranca a hablarlo –tímidamente, eso sí- en público. Los insultos en el banquillo, en cambio, los profiere en inglés. No pidamos milagros a estas alturas.

La mayor diferencia, sin embargo, guarda una relación íntima y personal con los resultados. Así es: pese a la alegría de aterrizar en un club grande de Europa para tomar sus riendas, Gary Neville todavía no había conocido la verdadera felicidad. Tres victorias se la han proporcionado en una dosis pequeña, aunque suficiente para ir tirando. Su rictus durante las ruedas de prensa ha dejado atrás la bisoñez y sonrisa risueña de las primeras comparecencias para tornarse en seriedad predominante con apenas una o dos concesiones a la broma. Es consciente que el horno sigue sin estar para bollos. Por fortuna, Gary empieza a saber dónde está. Un paso clave si pretende, tras darle la vuelta a la situación, seguir en el banquillo más allá de junio.

No todo es de color de rosa, claro. Un análisis frase a frase de todas sus intervenciones ante el micrófono –ventajas que tiene DIARIO DE MESTALLA, que graba y difunde contenidos muy útiles para aficionados de todo el mundo pese a las trabas que el club se empeña en poner a la prensa y de las que hablaremos en otra ocasión- revela varias cuestiones. Ya conocíamos de su tozudez y determinación gracias a su autobiografía, pero insiste en ver mejores partidos que los que el equipo realmente ofrece. Cuestión de puntería, ‘accuracy’, de no ser capaces de materializar ocasiones claras a su juicio. Un análisis demasiado reduccionista, visto lo visto, y que omite que el equipo sigue sin estar físicamente a un nivel óptimo (aunque recuperar a todos los futbolistas y tener a un tal Pako en el cuerpo técnico debería ayudar bastante en esta faceta), y que todavía falta mucho camino por recorrer.

Pero, como decíamos, hay que saber dónde estamos. Hace cuatro días, estábamos en la UVI. Ahora, acabamos de subir a planta. Hoy por hoy, no se pueden pedir milagros a este equipo. Dos o tres victorias más en Liga y hablamos. Ese será el momento de exigir ‘jogo bonito’ o fútbol que enamore. Mientras tanto, a Gary –y a la mayoría, para qué negarlo- le basta y le sobra con ganar. Porque, en el fútbol, ganar te asegura, como mínimo, aprobar. Y no está siendo un curso sencillo para nadie.

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