2015: todo cambia para que todo siga igual

El análisis anual podría extenderse ad infinitum, pero gran parte del valencianismo maneja las mismas vibraciones de cara a 2016: el club se halla, deportivamente, en un momento peligroso. Y la efervescencia propia de los cambios de entrenador ya se ha diluido.


Hace doce meses cerrábamos el resumen del año 2014 con el firme deseo de que, de una vez, la línea a seguir del Valencia CF fuera siempre hacia adelante, dado que “el valencianismo ya tiene de por sí suficientes enemigos en el exterior como para seguir regando las semillas de más problemas internos”. Doce meses después, estamos en las mismas. El año del regreso a la Champions fue también el año del batacazo en la Champions. El año de la ilusión desmedida fue también el año del topetazo con la realidad. 2015 termina y confirma, eso sí, una verdad palmaria: la capacidad de autodestrucción del club sólo es superada por su capacidad de supervivencia.

Al igual que los yogures se venden en 'packs', los análisis del año que termina deben hacerse de modo indivisible, aunque el cuerpo pida segmentar los acontecimientos en dos periodos exactos de seis meses que confluyeron en aquella rueda de prensa de Layhoon Chan el 1 de julio. La ‘Teoría de la Olla Express’: los resultados (muy buenos) como figurativa tapa cerrada a cal y canto, mientras dentro del club bullían y hervían los sentimientos, conflictos y desencuentros entre dos bandos contrapuestos. Con Rodrigo Caio no “empezó todo”, como sostienen los más bromistas, pero sí terminó de manera abrupta. Peter Lim tuvo que elegir, y eligió a las personas (Mendes y Nuno) con quien más años de amistad mantenía, por encima del hombre que había maniobrado para facilitar su adquisición del paquete accionarial mayoritario y un manager general con galones, buen trato con la plantilla y un trabajo interesantísimo en las categorías de formación. La escenografía trató de dejar a todas las partes bien posicionadas de cara a la opinión pública, pero las heridas de Salvo y Rufete (profundas) dejaron un reguero de sangre difícil de borrar.

No hay marcha atrás para los errores en el mundo empresarial. Meriton Holdings, cuyo ‘business plan’ depende en gran medida de la capacidad para generar recursos propios y los ingresos anuales por competiciones europeas, lo sabe. No se puede caminar hacia atrás para deshacer lo andado: sólo hacer propósito de enmienda y corregir el rumbo para regresar a la senda adecuada, pero siempre hacia adelante. El primer paso se llevó a cabo hace unas pocas semanas, con el cambio de inquilino en el banquillo. Nuno, el mismo Nuno que se llevó (merecidamente) los vítores de igualar los 77 puntos de Benítez en una temporada y que devolvió al Valencia a la Liga de Campeones tres años después, fue fulminantemente destituido tras un arranque de temporada muy deficiente. Destituido, sí: aquí, en los medios al margen del oficialismo y ajenos al navajerismo, nos vemos obligados a decirles sin rodeos que a Nuno se le echó y que el técnico percibió un finiquito sustancial, muy elevado, producto del (temerario) nuevo contrato que se le firmó precisamente a principios del año que acaba.

Tres años para un técnico novato en Primera eran, son y serán demasiados en un proyecto como este. Predicamos en el desierto cuando ocurrió (textualmente: "demasiado pronto, demasiado tiempo"). Recibimos críticas. Las tornas cambiaron en verano: Nuno pasó de técnico cercano con el pueblo a demonio oficial, ‘ninot’ fácil de atizar en un momento en que los intereses personales y la bilis se apoderaron de los sectores más cercanos al ex presidente. Producto de la cobardía, de no querer rozar siquiera a Lim (que fue quien tomó la decisión) ni de cargar excesivamente las tintas contra Mendes, Nuno se quedó como tonto útil, la estera a la que sacudir con saña. Y el propio Nuno, en un error de cálculo garrafal que demuestra bien a las claras su carácter altivo y su falta de experiencia, pensó que iba a poder cargar con la mochila llena de piedras. Que aguantaría el chaparrón. Que sería capaz de revertir una imagen tiránica y despótica que se machacaba a diario en el imaginario colectivo valencianista.

Ese fue su error fatal: no ser consciente de que la paciencia que su amigo Lim iba a mostrar con sus deslices no iba a existir en la masa. Bienvenido a Valencia. La histórica pitada que le brindó ‘su’ afición a mediados de agosto debería haber sido un magnífico despertador. Pero lo ignoró. Se creyó por encima de la grada. Obvió el plano deportivo y no encontró la tecla que tocar. Instigó los conflictos internos (De Paul, Negredo…) igual que la temporada anterior (¿alguien recuerda a Joao Pereira y la humillación que hubo de soportar?), con la diferencia de que ahora los palmeros no le bailaban el agua, sino que le clavaban cuchillos a la mínima oportunidad. Espírito Santo configuró un equipo a su medida (y a la de Gestifute) excesivamente bisoño e inexperto, con mucho fondo de armario a precio de alta costura. No tomó conciencia (de nuevo, error de ‘rookie’) de lo que supone afrontar una campaña con tres grandes torneos y una eliminatoria previa en agosto que superar, ni el altísimo coste físico cuyo peaje han de pagar todos los equipos que la disputan. Y lo pagó. Lo pagó carísimo. El transcurso de los partidos hizo aflorar el diagnóstico más temido por cualquier dirigente: grada encabronada con el técnico, entorno navajero y arribista que le llevaba esperando con la escopeta desde junio cebándose con su figura, incapacidad manifiesta para obtener resultados, cabezonería evidente para no reconocer errores propios y, qué demonios, un equipo cuyo fútbol (¿?) hacía daño a la vista. Ni siquiera la paciencia del ‘modelo sajón’ de gestión de Lim pudo soportar semejante infamia. A la calle.

La figura de Nuno acapara la atención en un 2015 que, deportivamente, nos deja buenas noticias y otras no tan buenas. La más evidente es Mestalla: tras aquel arreón de pasión popular arrastrado por las huestes de Pizzi (seguimos preguntándonos qué haría el Lagarto con una plantilla como esta), los números como local del Valencia este año son inmaculados en Liga: cero derrotas. En Champions, claro, la historia fue diferente: Zenit y Olympique de Lyon desnudaron las carencias que todos veíamos. Pero dentro de la estadística, dos datos simbolizan a la perfección las dos etapas vividas dentro del coliseo este año: sí, el Valencia ha pasado un año natural entero sin perder en casa (12 victorias y 7 empates)… pero también lleva unos guarismos lamentables como local en la 15-16, en la que ya han ‘volado’ 10 de los 24 puntos disputados en feudo blanquinegro. Para tomar algo de perspectiva, en la 14-15 el Valencia sumó como local 48 de los 57 puntos posibles, fundamentando ahí su clasificación para la Champions. En media temporada, la actual, el equipo ha dejado escapar más puntos de territorio local que en toda la campaña anterior. Mestalla gana partidos, sí, pero sólo cuando equipo y grada están ‘enchufados’ y caminan de la mano. Quítale eso, y Mestalla se convierte en un campo más.

Fue el año del gol de Alcácer en Almería y su irrupción definitiva en la Selección Española. De las paradas milagrosas de Alves que acabarían siendo decisivas para alcanzar la cuarta plaza. De la estelar aparición del ‘Gato’ Jaume Domenech, un tipo que se merece todo lo bueno que le ocurra y que encarna como nadie el sueño de cualquier futbolista humilde que pide una oportunidad, sólo una, de demostrar su valía. Fue también el periodo en el que Mustafi se reveló como un baluarte insustituible, y en el que Otamendi optó por pastos más verdes en Manchester pese a haberse hecho con un hueco en los corazones de la hinchada con inusitada rapidez. André Gomes, Gayà (quien sufrió en sus carnes una bochornosa persecución repleta de mentiras durante su proceso de renovación)… Fue el año de los jóvenes y su rebeldía, de tipos sin experiencia pero con una enorme calidad en sus botas. Tipos que, cuando han venido mal dadas, han sufrido los rigores de las crisis como nadie.

En el apartado negativo, seguimos esperando un mejor rendimiento de futbolistas que costaron mucho dinero (ellos no son responsables de ello) y que sí están cuajando una campaña por debajo de las expectativas: Abdennour, Santi Mina, Danilo Barbosa… Más allá de los ‘flashes’ de Bakkali y la sobriedad de Aderlan Santos, ningún refuerzo ha supuesto un salto cualitativo. Seguimos esperando que los futbolistas renovados durante el año (Barragán, Fuego, Piatti, Parejo…) se acerquen siquiera a las cotas de rendimiento que mostraron la temporada pasada. Seguimos esperando a la ‘bomba’ Negredo, cuyo enfrentamiento con Nuno fue uno de los catalizadores de la fragmentación del vestuario; al desafortunado Rodrigo y a un Enzo Pérez cuyos problemas crónicos con las lesiones musculares hacen temblar a más de uno al pensar en lo que costó y en que dicho futbolista se halla en edad de plenitud deportiva. Y lo más importante: oyendo al nuevo entrenador, parece evidente que en las próximas semanas no se avecina una revolución en el vestuario (de haber fichajes, serán pocos), sino un complicado proceso de análisis e introspección para tratar de sacar todo el jugo posible a una plantilla que parece tener todavía mucho que ofrecer.

Hablemos de Gary. 2016 arranca con el Valencia décimo, 22 puntos, a once de los puestos de Liga de Campeones. No es imposible, pero la empresa se antoja dificilísima principalmente por las sensaciones que deja el equipo. Ya contamos en su momento que el problema no era sólo de entrenador, aunque sólo ahora más voces se han unido a esta corriente de pensamiento. Han pasado ya varias semanas desde la destitución de Nuno y, más allá del par de motivos para la ilusión en la breve etapa de Voro como primer entrenador, tampoco Gary Neville ha dado con la tecla para extraer juego y resultados de este bloque de futbolistas. El idioma es un problema, cómo no, pero también su falta de experiencia al lidiar con situaciones límite (y la de ahora lo es) y la necesidad inmediata de victorias que impiden el tan necesario periodo de adaptación. Gary –hablaremos de él dentro de unos días más en profundidad- va a intentarlo, pero incluso dentro del club se asume que la temporada podría terminar antes de lo previsto si el equipo no revive. Y un 'año de transición' sería una noticia pésima para las intenciones de Meriton, dado que bajar escalones y no subirlos es una inversión del orden natural en un proyecto que, en condiciones normales, debería crecer año a año.

Directiva. Los que esperábamos un modelo de gestión profesionalizado, adaptado a los nuevos tiempos y que rompiese con modelos anteriores, tendremos que seguir esperando un poco más. Es cierto que el club, desde la llegada de Meriton, ha dado pasos en la dirección correcta en muchas de sus parcelas. Y también que Layhoon Chan (ojalá esta frase no me persiga en el futuro) podría erigirse en el mejor presidente de la historia del club debido a su preparación y seriedad. Pero… en el fútbol manda la pelota. Sin victorias, será difícil mantener un proyecto viable. Sin victorias, será difícil crecer. Y, sin victorias, el pueblo comenzará a impacientarse. 

En este sentido, Peter Lim ha descolocado incluso a sus más fieles este 2015, al revelarse como un máximo accionista que ejerce como tal. Al que le gusta mandar. Y que decide. Vaya si decide. Todos los fichajes, movimientos y decisiones clave han sido tomadas por el magnate desde Singapur: mercado de enero, renovación de Nuno, salida de Salvo y Rufete, plenos poderes para Nuno, fichajes de la mano de George Mendes, ampliación de capital, ratificación de Nuno, búsqueda de alternativas, arreglo del finiquito con Nuno, fichaje de Neville… Todo. Una gestión personalista que, en este sentido, no difiere demasiado de lo que hacían Salvo, Llorente, Soriano o el ínclito Juan Soler. Y nadie quiere que se repita lo de Juan Soler. Dotar al club de una estructura de verdad (repetimos: de verdad) y una dirección deportiva con hombres ‘de fútbol’ es prioritario. Si bien la temporada podría quedarse corta para tantos deberes que finalizar, desde luego semejante problemón debe estar solventado para el mercado de verano.

El análisis anual podría extenderse ad infinitum, pero gran parte del valencianismo maneja las mismas vibraciones de cara a 2016: el club se halla, deportivamente, en un momento peligroso. Y la efervescencia propia de los cambios de entrenador ya se ha diluido. La temporada, con Liga, Copa del Rey y UEFA Europa League por delante y muchos jugadores mermados físicamente, puede hacerse eterna. ¿Temporada de transición? Podría ser. Siempre podríamos asirnos a chicos como Rafa Mir o (especialmente) Fran Villalba, a los que se les podría dar cuerda y minutos de cara a una mayor participación a partir de agosto. Los resultados marcarán también el futuro de Neville y las decisiones de Peter Lim volverán a ser la piedra angular sobre la que se sustente el club en lo que respecta al balón. 

En los despachos, ‘apoquinar’ 100 millones de euros ha servido para borrar de un plumazo gran parte de las dudas sobre Meriton, aunque su gestión seguirá siendo objeto de escrutinio por estos lares como ha sucedido con absolutamente todos los dirigentes de la historia. Pongamos por ejemplo la enésima reestructuración del Nuevo Mestalla, por la que Mark Fenwick va a cobrar su tercera (¡!) minuta cuando sea finalizada. Por último, los cuchillos seguirán volando en las trincheras del entorno mientras los que pintaban algo siguen pataleando porque dejan de pintar, los que no pintaban nada empiezan a hacerlo y la balanza de poderes, filtraciones e informaciones se equilibra o desequilibra en función de los intereses de turno. Así ha terminado 2015 y así será en el futuro: todo cambia para que todo siga igual. Autodestrucción. Supervivencia. Hablamos de Valencia, después de todo…

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