Un traje cada vez más cómodo

Qué gran momento para lucir de etiqueta, a diez partidos del final. Qué planta más imponente tiene el equipo a día de hoy: tan poderosa, tan fiable, que en la recta final de temporada son el resto de escuadras las que te miran con asombro… y con respeto. Mucho respeto.


Pues bien, ya estamos en la Zona Aragonés del campeonato. Y todo marcha viento en popa. Exceptuando la cabeza de la tabla (que semana a semana permanece a la misma distancia, dando pie a un cierto grado de frustración entre el sector más soñador de la hinchada), el resto de competidores en la carrera por la Champions se han ido dejando puntos por el camino mientras el Valencia de Nuno suma y suma: 16 de los últimos 18 en juego, unos guarismos para enmarcar.

Mucho se criticó desde esta tribuna (con los argumentos correspondientes) el juego del equipo o, más bien, la ausencia del mismo en aquella fase aciaga que la escuadra atravesó en el mes de enero, treinta días ‘negros’ que dejaron al Valencia fuera de la Copa del Rey y con muchas dudas que resolver. Al abrigo de Mestalla, los partidos se sacaron adelante. Pero a domicilio, desvalido sin el apoyo de su gente, el equipo se derrumbaba y besaba la lona al primer derechazo.

En Elche, en cambio, el Valencia goleó con solvencia y cuajó quizá el partido más completo de la temporada, futbolísticamente hablando. Quizá otros tuvieron más empaque por la competitividad mostrada (ante Atlético o Real Madrid, por ejemplo), pero la realidad es que el Valencia jugó la pasada jornada muy bien al fútbol. Muy, muy bien. Y Nuno tiene gran parte de la responsabilidad.

PRUEBA Y ERROR, PRUEBA Y ERROR, PRUEBA Y ERROR…

“¿Dónde están Feghouli? ¿Dónde está Piatti?” Todos recordamos la rueda de prensa posterior al batacazo en La Rosaleda (1-0). Fue quizá el momento en que vimos al Nuno más a la defensiva, quizá frustrado tras tanto buscar y buscar, cambiar, rotar e improvisar, persiguiendo un ideal de equipo, un esquema que se amoldase a su gusto futbolístico, un traje a su medida.

Si hay algo que se le ha de reconocer al técnico portugués, es que este año lo ha intentado prácticamente todo: 1-3-5-2 ultraofensivo con carrileros abiertos y dos puntas, 1-4-4-2 con sólo dos centrocampistas en la sala de máquinas, 1-4-4-2 con el rombo de cuatro mediocentros (precisamente el sistema con el que saltó a jugar ante el Málaga), 1-4-3-3 con los tres puntas (Alcácer por la derecha, Rodrigo por la izquierda y Negredo arriba) en posiciones de ataque… Casi todas las variables posibles las hemos visto, en mayor o menor medida, dispuestas sobre el césped.

La metodología de Nuno no pudo ser más científica: probar y fallar, probar y buscar alternativas, probar jugadores diferentes, otros esquemas, con bandas, sin bandas, por el centro, con tres mediocampistas, con carrileros… hasta encontrar el oro en forma de esquema ideal. “¡Eureka!” El triunvirato formado por el luso, su ayudante Rui Silva y el prodigio escocés Ian Cathro dio con la tecla en el momento clave de la temporada, el del arreón final. Otro acierto más que anotar al cuerpo técnico: tan elogiable es aquel equipo con una identidad definida desde el primer día, como aquel que la encuentra tras mucho bucear en sus propias variantes tácticas y futbolísticas.

UN EQUIPO DE CARRERILLA

Tras seis meses en los que entrever el once de Nuno en Paterna era complicado, ahora ya empieza a recitarse de carrerilla. Tras medio año elucubrando sobre esquemas tácticos, ya podemos decir orgullosamente que este Valencia juega con un 1-4-3-3, con un portero titularísimo y cuya presencia bajo palos es una garantía, dos centrales de talla mundial, un mediocentro de contención puro, dos laterales con proyección ofensiva, dos interiores con velocidad, desborde y buen golpeo para servir balones al área, y un ‘nueve’ de referencia puramente rematador y ratonero (Paco) o con capacidad para el juego aéreo, aguantar la bola y jugar de espaldas (Álvaro). Y el traje, como decíamos, le sienta cada vez mejor al equipo.

Veamos sino la evolución futbolística del Valencia tras aquella rueda de prensa en La Rosaleda. Semanas después, vuelta al lugar del crimen: Cornellà-El Prat, donde los de Nuno habían enterrado sus aspiraciones a llegar a la final del Copa. Sin Otamendi, Orban formó pareja de centrales junto a Mustafi. Piatti regresó de su lesión y ocupó la banda izquierda, mientras que Rodrigo Moreno fue el encargado de atacar por la derecha. Fue un choque poco vistoso y con deficiencias notables, pero la voluntad visitante se impuso gracias a los tantos del propio Piatti y de Parejo. El postrero gol de Sergio García (1-2) sólo sirvió para activar el cagómetro en los últimos minutos. Se sufrió, pero se ganó. Cuarta plaza recuperada.

Una semana después, un ordenadísimo y correoso Getafe de Quique Sánchez Flores hizo sudar tinta a los de Nuno. De nuevo, el 1-4-3-3 funcionó, aunque esta vez Rodrigo de Paul fue la sorpresa entrando por el costado derecho. El argentino no estuvo bien, pero la introducción de Feghouli en el segundo acto sirvió para revolucionar el choque y volcar el fútbol en la portería de Jonathan. Negredo y su astucia decidieron: el ‘Tiburón’ provocó el penalti y mató desde los once metros (1-0). Un guión similar al del Nuevo Arcángel: poco a poco el traje se iba ajustando, el sastre recortaba de aquí y sacaba de allá mientras el Valencia amasaba puntos. En Córdoba, de nuevo hubo modificaciones sorprendentes en ataque (el tridente fue Piatti-Rodrigo-De Paul) y se pasaron muchos apuros tras el gol del empate, pero la entereza física del equipo y los cambios desde la banda (¡qué importante es hacer sustituciones que mejoren al equipo y no lo empeoren!) volvieron a resultar decisivos. Piatti ajustició a falta de diez minutos (1-2).

Y así, con suspense, llegamos al choque ante la Real Sociedad en Mestalla. Con el 1-4-3-3 y el once de ‘carrerilla’: Alves, Barragán, Otamendi, Mustafi, Gayà, Fuego, Enzo, Parejo, Feghouli, Negredo y Piatti. Lo intentó el equipo de Moyes en los primeros minutos, pero el ‘meneo’ que recibió el conjunto vasco fue de aúpa. Llegadas, ocasiones, fútbol de gran nivel. Faltó el gol en los primeros 45 minutos, lo que dio pie a los oportunistas habituales a hacer apología de un Valencia que gane, aunque no juegue a nada. Sin ser conscientes, quizá, de que el camino más recto y corto hacia los goles y los triunfos es el buen juego. Tras el descanso, nuevo repaso a la Real Sociedad, un doblete de Piatti en tres minutos y fiesta en la grada. Espectáculo, goles y triunfo. En casa. ¿Se puede pedir más?

Evidentemente, sí. Había que pedir al equipo competir en un gran escenario como el Calderón. Y el Valencia lo hizo. Había que pedir solvencia y fiabilidad en Mestalla ante rivales que se juegan la vida, como el Deportivo. Y el Valencia lo hizo. Había que pedirle al equipo partidos tan completos y redondos como el visto ante la Real a domicilio. Y el Valencia, ante el Elche, lo hizo. Las hechuras del traje son buenas, el tiro es ideal, la percha es magnífica. La evolución sigue semana a semana, la confianza se mantiene por las nubes. Qué gran momento para lucir de etiqueta, a diez partidos del final. Qué planta más imponente tiene el equipo a día de hoy: tan poderosa, tan fiable, que en la recta final de temporada son el resto de escuadras las que te miran con asombro… y con respeto. Mucho respeto.

POSDATA. JUGADORES ESTRATÉGICOS Y NO ESTRATÉGICOS

Dos semanas de parón liguero dan para mucho. El ansia competitiva carcome a los futbolistas, ansiosos de seguir jugando y ganando. Detener el torneo para dar relevancia a partidos bacalá y amistosos sin ‘chicha’ entre selecciones internacionales no sacia el hambre del aficionado. Y, evidentemente, cobran relevancia informativa otros asuntos que no tienen hueco en las semanas frenéticas con varios partidos que jugar. Las renovaciones de futbolistas son un tema recurrente; los intereses de otros clubes y rumores del ‘mercato’, el más socorrido.

En ocasiones, notará el lector avispado que varios medios destapan o cuentan una misma información prácticamente al unísono. No, no se copian entre ellos: más bien, la noticia procede de una filtración, interesada precisamente en que el mensaje alcance a la mayor cantidad de oyentes o lectores posibles. Ocurrió en las últimas horas con el espinoso asunto de Otamendi y el resto de jugadores por los que otros equipos suspiran. El club, a través de su aparato de Comunicación, quiso aclarar tres puntos: el primero, que no hay ninguna oferta formal o por escrito sobre su mesa por ningún futbolista; segundo, que ha dado orden a todos los agentes con los que opera de que no traigan ningún interés ni pregunten por ninguna situación hasta mediados de junio, cuando termine la temporada; y tercero, que tanto Otamendi como otros de los futbolistas en los que ustedes están pensando (Jose Luis Gayà, André Gomes, etc) son “jugadores estratégicos” y que, por lo tanto, el Valencia no dará ninguna facilidad para dejarlos salir.

Lo sucedido da pie a dos reflexiones. En primer lugar, la necesidad que tiene el periodista, en este caso, de concretar la procedencia de la información: en lugar de “podemos avanzar que…” o “hemos podido averiguar que…”, es de justicia un “el Valencia ha transmitido que…” porque esa es, y no otra, la realidad. Finalmente, las palabras escogidas: ya en 2013, nada más acceder la nueva directiva al cargo, Amadeo Salvo empleó las palabras “jugadores emblema” para describir a tipos como Parejo, Soldado o Mathieu, los pilares del proyecto deportivo pero también a nivel de imagen. Ahora se ha variado la denominación, pero no la paradoja: la existencia de “jugadores estratégicos” en la plantilla implica forzosamente la presencia de hombres que no lo son y que, por tanto, podrían salir llegado el caso si aparece una buena oportunidad de mercado.

¿Cómo diferenciarían ustedes entre futbolistas de valor estratégico o no? ¿En base a qué parámetros? ¿Netamente deportivos? ¿De popularidad? ¿De valor de marca para el club? Involuntariamente cualquier aficionado hará su rápida lista mental, ubicando futbolistas en una u otra columna. Imprescindibles o prescindibles. Protagonistas o secundarios. Fundamentales o condimentos. A la postre, el mensaje lanzado por el club acaba promoviendo (involuntariamente) algo que precisamente se trataba de evitar. Psicología inversa, qué peligro tienes…

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