Venta VCF (epílogo): Homenaje a los ‘sin trinchera’

Compara noticias, enfoques y datos. Aporta todos los ingredientes posibles a tu coctelera mental, agítala con fuerza y fórmate una opinión.


Supongo que mi buen amigo Ignacio y el equipo de Diario de Mestalla esperan un sesudo análisis sobre la conclusión del proceso de venta, las repercusiones, el futuro, lo que está por venir… Habrá tiempo para eso. Mucho tiempo, según Lay Hoon, porque vamos a tener Peter Lim para rato. Si es así, me alegro. Sería la mejor de las señales.

El fin de la agonía escenificada el pasado viernes merece otro tipo de reflexión. Merece que hablemos de la ansiada firma, tan anticlimática como deseada. Merece que recalquemos el 'mareo' de los patronos a primera hora, que algunos dejasen a decenas de alumnos universitarios abandonados en plena clase a primera hora del viernes tras una última petición de Bankia de acudir a Madrid cagando leches a firmar todos los documentos de una tacada. Merece intrahistorias, entresijos y curiosidades del día más largo en la historia del valencianismo, coronado con un doble comunicado a las 23:45 horas del 24 de octubre de 2014.

Y, desde luego, merece un pequeño guiño hacia ti, estimado lector.

Nadie esperaba tener que lidiar con diez meses y medio de proceso de venta y, desde luego, pocos podían imaginar la gran cantidad de giros y golpes de efecto que han tenido lugar en tan extenso plazo de tiempo. Tantos, que son imposibles de resumir en apenas unas líneas. Si nos ponemos a tirar de hemeroteca -todos, insisto, todos-, habría más heridos que en Normandía -de los dos bandos-. En aras de la brevedad, huelga decir que los bulldozers hicieron acto de presencia en los albores de la batalla, cavaron un par de trincheras bien profundas y lanzaron a los actores de este 'barrejat' de comedia, drama, suspense e intriga para que se colocasen en posición. A un lado, unos. Al otro, los otros. Y, quiero pensar, deseo pensar, en el centro, desconcertados ante el ruido de las balas silbando a su alrededor, la amplia mayoría de valencianistas.

El mero hecho de que dos bandos se hayan sacado los ojos en el último año ya es motivo suficiente para ver la imagen del club arrastrada por el barro. Que presidentes y ex presidentes manchen historiales pasados, presentes y futuros con declaraciones indignas del cabeza visible de un club casi centenario debería ser motivo de preocupación. Y, sin embargo, se han jaleado dichas actitudes hasta la extenuación. Un puñetero circo. Un ejercicio impecable de autodestrucción que le pone la labor fácil, extremadamente fácil al resto de medios nacionales, encantados de rebozarse en la basura que gustosos les proporcionamos.

Y ahí estabas tu. Flipando, alucinando, sin dar crédito a lo ocurrido. A la junta reventada por Bankia, a la llegada de Lim de la mano de Salvo, a los retrasos, a las exigencias desorbitadas del banco, a la Comisión Gestora (¡ja!), a los veinte requisitos para vender (¡ja!), a las siete ofertas vinculantes (¡ja!), a sus representantes públicos, a las puñaladas, a los chascarrillos, insultos y vejaciones. Imagino que también a la persecución, 'Inquisition-style', de todo aquel que no mantuviese un discurso pegado con super-glue a las tesis oficialistas, por muy razonables, ponderadas y argumentadas que fuesen sus motivaciones. Imagino que evitaste gran parte de los insultos y faltas de respeto en las redes sociales porque, al contrario que nosotros, fuiste hábil para 'pasar' de Twitter allá por el mes de febrero, cuando la tormenta todavía no había descargado sobre la capital del Turia.

La llegada de Peter Lim es la mejor solución posible porque, principalmente, era la única solución posible. No funcionó la solución de refinanciación propuesta por Salvo y su equipo. No funcionó la solución caracoliana de Manuel Llorente, consistente en permanecer cuatro años inmerso en su particular caparazón esperando a que la crisis amainase y papá Generalitat y mamá Bankia arreglasen el entuerto. Para salir de un agujero has de tirar de originalidad, improvisar, devanarte los sesos: en cambio, asistimos a un proverbial proceso de amputación progresiva de miembros -venta de jugadores- para seguir vivos, sí, pero a un precio muy alto.

Así mismo, asistimos en los últimos meses a un necesario y fundamental recordatorio de los motivos por los que estábamos -y estamos, ojo, que queda un largo camino por recorrer- hundidos en la más absoluta mierda, damas y caballeros. Desempolvar al asunto Porxinos, cinco años escondido en el fondo de un cajón, ha servido para rememorar una batería de golfadas y majaderías perpetradas cuando la Comunitat Valenciana era la hostia y el dinero crecía en los árboles o, más bien, al abrigo del añorado ladrillo. Los 'flashbacks' han servido para tenerlo bien presente cuando ha llegado la hora de firmar la venta. Señor Soler, cuánto daño hizo usted y menudo boquete nos hizo, fenómeno. Señor Soriano, cuántas bacaladas trató de vendernos. Señor Llorente, deje de ponerle el adjetivo rimbombante a su condición de gestor a sueldo. Su labor durante cuatro años puede calificarse de muchas maneras en función de filias y fobias, pero ni siquiera el análisis más exhaustivo hallará en ella ni rastro de grandeza.

Cerebralmente, es momento de reiniciar el servidor. De centrarse en Peter Lim, en el señor Kim, en Lay Hoon, en Desmond Choo. De disfrutar con el giro hacia la profesionalización que el club va a tener al fin, tan demandada por una minoría que con los años ha ido creciendo en número. De ruedas de prensa en español, sí, pero también en inglés. De aplicaciones para móviles, de 'streaming' de contenidos, de nuevas tiendas oficiales, formas de generar recursos, palcos remozados, iniciativas sociales, proyectos novedosos…

Es la hora de hacer las cosas tan bien, tan exageradamente bien, que el club acabará por no depender de que la pelotita entre o no. Ese será el día en que podremos celebrar alborozados que el Valencia ha roto con sus cadenas, con su complejo histórico y el miedo a crecer. Dentro de unos años, en el mejor escenario posible, no importará demasiado si el equipo acaba primero -¡ojalá!-, tercero, quinto o séptimo, porque el resto de áreas estarán tan bien gestionadas, los ingresos serán tan altos y la imagen del club será tan cojonuda que la grandeza de la entidad no se medirá simple y llanamente por la clasificación. Club. Por encima de presidentes, entrenadores, jugadores, periodistas, aficionados. Club por encima de todas las cosas.

EN DEFINITIVA…

¿Sigues ahí? Si es así, enhorabuena. Y gracias. Gracias por mantener vivo el sueño de cualquier informador. Deben haber sido unos meses muy duros, en los que muchos días te habrás cuestionado hasta los mismos principios por los que un día decidiste abrazar un escudo y lucir orgulloso unos colores. Lo que empezó como una broma, un chiste interno entre aquellos que seguíamos día a día el interminable proceso de venta, ha acabado suponiendo una losa que pesaba cada vez más. Llevar el recuento jornada a jornada jamás fue tan desesperante. 319 días después, la losa ha sido retirada, pero la carga permanece. Como una cicatriz que jamás podrá borrarse, haber seguido tan de cerca el proceso de venta del Valencia, a algunos, nos ha cambiado para siempre.

Pero tú no lo hagas. No cambies. Permanece despierto, atento y ávido de información. Cuestiona en lugar de aceptar, profundiza en lugar de ojear. Lee, escucha, mira y reflexiona. Compara noticias, enfoques y datos. Aporta todos los ingredientes posibles a tu coctelera mental, agítala con fuerza y fórmate una opinión. Será más o menos acertada, más o menos brillante… pero será la tuya. No todos pueden presumir de eso.

Has pasado meses a la intemperie, envuelto en una tormenta de la que no has sido responsable. Acepta mis disculpas, por la parte que me toca. Lo he hecho lo mejor que he podido, lo más honradamente que he podido. He tratado de entregarte a diario, como muchos otros compañeros, ingredientes para la coctelera, y no ha sido una tarea fácil en medio de tanta versión interesada, de tanta falsedad. ¿Cómo contrastar algo cuando todos los protagonistas, absolutamente todos, han mentido a lo largo de estos diez meses? Dar una noticia y que se cumpliese con exactitud plena era como encontrar una pepita de oro en un lodazal de barro. Sea como fuere, no acababa siendo más que un triste paraguas de papel en pleno huracán.

Y has aguantado.

Eres un héroe. El verdadero ganador, el único ganador de una batalla que seguirá ofreciéndonos episodios infames, porque ninguno de los dos bandos entregará la cuchara. Nunca. Cambiaremos de casa, de amigos, de profesión… y ahí estarán siempre, con sus respectivos sucesores, vestigios del mal que siempre retendrá a este club anclado a valores indignos como la mentira, la manipulación, la desvergüenza, la mala educación, la violencia, el chantaje, el dinero a cambio de ataques o defensas. Una rémora de otro tiempo. Una etapa superada que, sin embargo, se resiste a desaparecer.

Gracias por evitar atajos y haber transitado por el camino difícil, a pecho descubierto por la campiña, ignorando las trincheras a uno u otro lado. Quiero pensar que acaba la guerra y regresas a casa más sabio, más paciente, más ilusionado por el futuro Valencia que está por venir. Enhorabuena de corazón, porque vas a disfrutar de una era nunca vista, apasionante, cambiante, excitante. Sólo por el factor sorpresa, merece recibirla con los brazos abiertos y toda la ilusión que tu cuerpo sea capaz de contener.

Y descansa. En serio. Descansa. Te lo has ganado.

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