Cinco claves de un Valencia ilusionante (de las que nadie hablará)

A estas alturas, ya puede decirse: el Valencia, como ya ocurriese el año pasado con el Liverpool en la Premier, gozará siempre esta temporada de una importante ventaja competitiva respecto a otros equipos de la Liga -aquellos que disputan competición europea- al apenas tener que centrarse semanalmente en un partido


Así somos: pese a que la venta del club no acaba de rematarse, el hincha valencianista se siente pleno, completo, feliz como hacía tiempo que no lo era. Sonríe más, se mira más al espejo y presume frente a sus amigotes. Un fulgurante arranque de año bien merece tanto jolgorio. Pura idiosincrasia en la capital del Turia. ¡Que se mueran los feos!

Y, sin embargo, una pregunta tan sencilla esconde innumerables respuestas. ¿Por qué el equipo de Nuno ha arrancado como un tiro esta temporada? Sacar 17 puntos de 21 posibles y permanecer invicto a estas alturas está sólo al alcance de los elegidos. Hacer palidecer los registros de la última década apunta a año de grandeza. Y los elogios siempre van al mismo sitio: a la plantilla, al entrenador, a los goles de Alcácer, a la contundencia de Otamendi, a la irrupción de André Gomes…

Todos son factores decisivos e importantes, pero demasiado 'mainstream' para nuestros gusto. Diario de Mestalla, en su primer año de vida, se ha especializado en sacar a la luz aquello que no se ve a simple vista. Sí, cada fin de semana se vence y se convence, pero la sala de máquinas permanece ajena a los focos. Y un equipo campeón, como el que estamos viendo hasta el momento, se consolida también gracias a los pequeños detalles.

Ahí van cinco apuntes semiocultos y perfectos para reflexionar -y disfrutar- del buen momento que vive el equipo en un festivo como este 9 d'Octubre.

1. 'SCOUTING' DE LOS PARTIDOS

Los lamentos y excusas de mal pagador en la última semana provenientes de la capital de España tras el 'meneo' al Atlético de Madrid han incidido en dos factores: el cansancio del rival tras jugar ante la Juventus de Turín, y en el ambiente "violento" (sic) promovido por Nuno (!) para incitar a la "hostilidad" (sic) que acabó en lanzamiento de botes de cerveza (!!). Porque los aspavientos del Cholo en la banda del Calderón, como todo el mundo sabe, nunca buscan calentar a su hinchada.

Tonterías al margen, lo cierto es que una excusa y/o justificación en la que no se ha reparado sí tendría algo más de sustancia en sus fundamentos: el hecho de que el Valencia dispusiese de una semana para preparar a conciencia el compromiso, mientras el Atlético andaba distraído con la Liga de Campeones. El tiempo extra se notó en la forma de salir a competir, en la forma de defender las acciones a balón parado del Atlético -su mayor arma en las tardes de juego espeso- y, especialmente, en el gol de Otamendi producto de una jugada de estrategia.

A estas alturas, ya puede decirse: el Valencia, como ya ocurriese el año pasado con el Liverpool en la Premier, gozará siempre esta temporada de una importante ventaja competitiva respecto a otros equipos de la Liga -aquellos que disputan competición europea- al apenas tener que centrarse semanalmente en un partido. El trabajo en este sentido de Rui Silva e Ian Cathro, los ayudantes más próximos a Nuno, está siendo metódico y minucioso. Junto a los 'scoutings' y personal de metodología del club, su misión semanal es analizar, diseccionar y buscarle las cosquillas al rival de turno cada domingo.

Una labor colectiva que empieza con innumerables visionados de partidos y en la que el cuerpo técnico cuida hasta el más mínimo detalle. El ejemplo más representativo pudo verse en la rueda de prensa que Nuno ofreció antes del choque ante el Atlético, hablando de "la ley" en el fútbol y denunciando los bloqueos en las jugadas a balón parado. El Valencia ya sabía cómo contrarrestarlos, pero tener los ojos vigilantes del árbitro en dichas acciones no ayudó nada al Atleti. Como golpe genial, poder marcar al conjunto colchonero mediante una acción de estrategia en la que los locales usaron una suerte de 'doble bloqueo' para habilitar a Otamendi fue la viva expresión del "cazador cazado". Dulce, dulce ironía.

2. NINGUNA LESIÓN DE GRAVEDAD EN TRES MESES DE TEMPORADA

Oficialmente, la pretemporada arrancó a principios de julio. Tres meses después, el balance respecto a lesiones en el Valencia es absolutamente impecable. Los servicios médicos no han tenido que lamentar ningún percance de gravedad en casi cien días, pese a la exigencia física que requiere el estilo implantado por Nuno en el equipo.

Los 'sustos' se limitan a una sobrecarga en los isquiotibiales de Pablo Piatti, y una distensión en el mismo grupo muscular de Rodrigo Moreno. El balance: un partido de baja cada uno. Lo dicho, casi perfecto. El resto de la plantilla se mantiene sana y preparada para competir, obligando al técnico a realizar siempre descartes de carácter técnico. Incluso un jugador que llegó lesionado 'de serie', como Negredo, está a pocos días de poder debutar al fin con el equipo.

En el fútbol, nada es casualidad. Y en lo que respecta a las rachas de lesiones, tampoco. El cuerpo técnico de Nuno está obsesionado -es la palabra correcta- con el trabajo preventivo. De nuevo, la minuciosidad es la tónica predominante. Estiramientos, tratamientos con frío, masajes y trabajo con los fisioterapeutas forman parte del día a día. Al contrario que en otras etapas, los ayudantes de Nuno -especialmente Antonio Dias, nuevo preparador físico desde este verano- han demostrado su afán colaborativo incorporando a los servicios médicos, encabezados por Juan Albors, al trabajo en las sesiones. La comunicación es continua y fluida con un único objetivo en mente: no tener que tratar lesiones una vez producidas, aunque suponga redoblar esfuerzos en la prevención.

Al respecto, otro de los apuntes obvios pero necesarios guarda relación con la edad media de la plantilla, situada en los 24 años. El Valencia tiene un 'roster' joven: más allá de las estadísticas y de las cualidades futbolísticas -rapidez, explosividad, descaro- que pueda suponer, esto implica que los técnicos trabajan con músculos jóvenes, con una materia prima a la que se le puede exigir mayores esfuerzos y cuyos plazos de recuperación activa son mucho más rápidos. Tener hombres cuya edad oscila entre los 20 y los 25 años es una bendición para un estilo de juego basado en la presión alta y el trabajo colectivo.

¿Y los veteranos? Si bien existen futbolistas que rondan la treintena o la superan, sus hábitos les convierten en modelos a seguir. Joao Pereira, aunque no juegue, es un obseso de la preparación física. Diego Alves, tras haber padecido varias lesiones musculares de importancia en su carrera, cuida ese aspecto hasta el más mínimo detalle. Y Javi Fuego, corazón del equipo en las sala de máquinas, es quizá el jugador que más se cuida de toda la plantilla: el asturiano, además de trabajar durante las sesiones de entrenamiento, vigila mucho la recuperación -"se pasa el día en la camilla con los fisios", cuentan en Paterna- y es corredor de fondo también en sus ratos libres. Todo un 'Iron Man'.

3. LA FLEXIBILIDAD DEL 1-4-3-3

Desde Ernesto Valverde no se veía un Valencia con tanta riqueza táctica a la hora de disponer las piezas sobre el tablero y modificar su posicionamiento para cambiar el rumbo de una partida. La base primordial sobre la que trabaja Nuno es la de un 1-4-3-3 con un cuadro de presión alta, exigiendo el esfuerzo de los atacantes en la recuperación del balón en terreno de juego rival.

A partir de ahí, las siete jornadas disputadas hasta el momento han dejado momentos y tramos de juego que indican la gran flexibilidad de este sistema -que, como dijo el técnico, "hacen bueno los futbolistas"- en situaciones de partido diferenciadas. Robar en terreno de juego rival ha permitido sorprender al contrario con su zaga desubicada en más de una ocasión. Ese siempre ha sido uno de los argumentos fundamentales en el discurso del Valencia 2014-2015.

El ataque en estático, con posesiones largas ante equipos encerrados en su área, ha encontrado en André Gomes a un 'desatascador' de lujo, toda vez que los rivales ya conocen a Parejo a la perfección y ajustan sus marcas en consecuencias. El portugués gozó de cierta inmunidad para jugar despreocupadamente hasta la jornada sexta, cuando Yagoba Arrasate demostró con un marcaje pegajoso de sus centrocampistas que los equipos españoles ya empiezan a considerar a André uno de los hombres claves del Valencia.

El equipo tampoco ha tenido reparos en irse atrás cuando el ritmo de partido invitaba a ello, incrustando a Fuego entre los centrales para tejer una tela de araña que propiciase el robo y contragolpeo con hombres veloces como Alcácer, Piatti, Rodrigo o Gayà en sus incorporaciones por banda.

Precisamente el canterano ha sido protagonista en varios partidos -ante Sevilla o Atlético, por ejemplo- de uno de los movimientos tácticos más habituales de Nuno en este arranque liguero: el cambio en el segundo acto de un hombre de banda por el lateral Lucas Orban. Una modificación que, a su vez, cambia el dibujo a un 1-4-4-1-1 -y 1-4-5-1 en su fase de repliegue- en el que todo el carril es propiedad del joven de Pedreguer, liberado de sus correas defensivas y libre para incorporarse hasta pisar línea de fondo o bien moverse con libertad por todo el frente de ataque.

Todo lo anterior se lleva a cabo en medio de un "caos ordenado" en el que los futbolistas tienen muy definidos los automatismos, coberturas y movimientos en la transición defensa-ataque. Entrenados una y otra vez. Repetir, repetir, repetir hasta que quede grabado a fuego. Los resultados, hasta el momento, están siendo excelentes.

4. MESTALLA, NÚMEROS EN MANO, APRIETA COMO NUNCA

No es una ilusión óptica, acústica ni visual: Mestalla aprieta en este inicio de campaña como hacía tiempo que no veíamos. Para crear esa 'caldera', hace falta una grada animosa -el trabajo de la Curva Nord en este sentido está siendo encomiable-, una predisposición ilusionante, etc. Pero, sobre todo, hace falta gente. Sin aficionados en sus butacas, sería una quimera.

La nueva plantilla ha conectado con los aficionados desde antes de que arrancase la temporada. El 'repaso' al Milan en el Trofeo Taronja fue la muestra palpable: otros años se hablaba de una botella de ilusión con más o menos contenido, mientras que esta temporada se podría llenar un camión cisterna sin problemas gracias a las esperanzas de casi 200.000 tíos -172.041 espectadores, concretamente- que han pasado por el estadio en los primeros cuatro partidos.

Números en mano, el debut liguero en Mestalla ante el Málaga ejemplifica el cambio radical en la afluencia: 42.141 aficionados abarrotaron la grada en pleno mes de agosto, mientras que un año antes la cifra había sido de 30.448 ante el mismo equipo también en el estreno como local. En 2013 el Barcelona fue el segundo visitante -44.805 espectadores- mientras que este año otro equipo catalán, el Espanyol, estuvo a punto de igualar dicha cifra de asistencia -41.550 seguidores-, pese a su inferior atractivo.

Hace unas semanas, el choque entre semana ante el Córdoba contó con 41.084 personas en la grada, cuando un año antes otro equipo andaluz como el Sevilla apenas había aglutinado a 31.000 espectadores en el tercer encuentro disputado en Mestalla. Por último, los 31.714 espectadores ante el Rayo de la séptima jornada de la temporada 2013-2014 palidecen al lado de los 47.266 aficionados que se dieron cita el pasado domingo ante el Atlético de Madrid, rozando el lleno absoluto.

Sumando cifras, Mestalla cuenta esta temporada con una afluencia casi un 25% superior a la amasada el año pasado a estas alturas, algo todavía más excepcional si tenemos en cuenta que en aquella ocasión uno de los dos transatlánticos de la Liga, el FC Barcelona, ya había visitado el coliseo de la Avenida de Suecia en la jornada 3. La ilusión, ese intangible, ha propiciado semejante subidón que debería mantenerse vigente vista la espectacular racha del equipo en casa, donde promedia tres goles por partido y ha sumado los doce puntos disputados hasta el momento. Mestalla está siendo la 'bomba' de la temporada.

5. UN VESTUARIO DE LÍDERES SILENCIOSOS

Los fichajes de este verano hacen prever que, con la debida continuidad, hombres como Nicolás Otamendi, Rodrigo Moreno o Skhodran Mustafi están destinados a convertirse en líderes carismáticos sobre el terreno de juego. Sin embargo, su momento de tirar del carro no ha llegado todavía, al menos en lo anímico y testicular. La salida en masa de tipos importantes en la caseta en los últimos quince meses -Albelda, Soldado, Ricardo Costa…- y la nula confianza en Joao Pereira -quien, por lógica, debería abandonar el club en enero- ha obligado a secundarios de lujo a convertirse en protagonistas.

El ejemplo más directo es el de la capitanía: sólo Dani Parejo ostenta el título 'oficial' de capitán, con Diego Alves como segundo en la cadena de mando. Mientras que otras temporadas hubo que soportar charlotadas verbales adjudicando el brazalete a todos y a ninguno al tiempo, esta vez la limpieza del 'locker room' ha ayudado a la transición. Parejo, asentado en Valencia, identificado con el club, estabilizado personalmente y entregado a la entidad que apostó por él -renovará, si todo va bien, esta misma temporada-, es la imagen y líder del equipo. Sólo hay que escucharle hablar para percatarse de lo mucho que ha evolucionado aquel muchacho tímido y timorato que aterrizó en Valencia en 2011.

Junto a él, tres hombres de la 'vieja guardia' que suplen, a su manera, los roles restantes que faltaban por ocupar. Alves, Fuego y Piatti son tres de las piezas claves de Nuno, absolutamente indispensables por lo que aportan dentro del campo en cuanto a experiencia y veteranía. Portero y atacante llegaron también al mismo tiempo que Parejo al club, y conforman junto a Barragán y Feghouli -que llegó en 2010- el quinteto de futbolistas más veteranos de la plantilla.

El caso de Fuego es más sorprendente todavía, dado que el asturiano acaba de arrancar su segundo curso como valencianista. Sus dotes de mando en la medular y su capacidad de sacrificio se han ganado el respeto reverencial de la plantilla. Incluso estrellas internacionales como Otamendi se deshacen en elogios hacia el de Pola de Siero. En un equipo en el que siempre se ha buscado con cierta melancolía al 'nuevo Albelda', ha tenido que llegar un trabajador silencioso y eficiente para, tras el paréntesis abierto por Keita y su espectacular rendimiento hace unos meses, hacerse con el bastón de mando en la medular. Vive el mejor momento de su carrera, y el Valencia lo nota para bien.

A falta de referentes claros, de símbolos que en ocasiones restan más que suman, todos ellos comparten un afan colectivizador en todas sus facetas. Alves y sus alaridos en defensa sirven para poner firmes a todos sus compañeros, además de disparar su adrenalina con paradas espectaculares y penaltis detenidos. El vestuario tampoco olvida el calvario vivido por Piatti hace catorce meses, cuando Djukic lo apartó de la plantilla y tuvo que arañar, a base de sacrificio y trabajo silencioso, primero minutos, luego partidos y finalmente la titularidad. Y Fuego es capitán 'de facto', en actitud, en ejemplo para los demás, prácticamente desde que pisó Paterna por primera vez. En eso no se equivocaba Quique Sánchez Flores: la manada es, sin duda, la fuerza del lobo.

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