‘Rufolution’: primera temporada

“… se ha logrado el milagroso equilibrio (…) entre decisiones deportivas del club y movimientos de mercado en los que Peter Lim y Jorge Mendes llevaban la voz cantante. La previsible ‘pelea de gallos’ se ha convertido en un esfuerzo colaborativo sin precedentes. “


Corría el 4 de noviembre del pasado año cuando, de forma completamente inesperada -o no, hablamos enseguida de eso-, Amadeo Salvo rebanaba el proverbial gaznate de Braulio Vázquez a distancia mientras se encontraba de viaje. Sorprendió a muchos por la forma de hacerlo, por el coste que iba a suponer y por el hecho de tomar una decisión tan importante con apenas tres meses transcurridos de la temporada 2013-2014.

Amadeo Salvo le tenía la misma confianza a Braulio Vázquez que a Hélder Postiga, del que opinaba que no tenía el nivel para el Valencia apenas días antes de hacer oficial su contratación. Para el presidente, Braulio era un hombre de Llorente, y trabajar con él suponía tener al enemigo en casa. Poco a poco el gallego fue perdiendo cuota de responsabilidad -que tampoco era excesiva bajo el mandato del anterior dirigente, quien tenía siempre la última palabra en las decisiones- hasta salir del club por la puerta de atrás, arrollado por ese torbellino llamado Francisco Joaquín Pérez.

Rufete llegó con la dirección deportiva en mente, y preparó el terreno los primeros meses adaptando el trabajo en la Ciudad Deportiva de Paterna a una concepción muy particular, híbrido de La Masía con las escuelas deportivas de la Premier y con las lógicas y necesarias pinceladas de la idiosincrasia valencianista. Para marcar el terreno, bautizó el nuevo modelo con el nombre de Academia GloVal, aunque seguirá siendo para muchos la cantera de toda la vida. Cuando llegó el momento de tomar las riendas del primer equipo en noviembre, el nuevo manager general ya tenía a su lado a Joan Salvans y había contactado con Fabián Ayala para que se incorporase a su equipo de trabajo en el mes de enero.

EL PRIMER PASO

Enero fue, precisamente, la primera prueba de fuego para el nuevo trío de responsables en la confección del equipo. La primera decisión, tras consultar a Pizzi, consistió en ventilar un vestuario avinagrado y que no funcionaba: se dio salida a 'bluffs' braulianos como Pabón y Postiga, se envió a Banega todo lo lejos que se pudo por expreso deseo del jugador, se dio a Guardado la oportunidad de ganarse un puesto para el Mundial en Alemania… También se intentó prescindir de Ricardo Costa por motivos de sueldo y para hacer hueco a un defensor estelar, pero la operación se echó atrás sobre la bocina. Aquella tensa discusión al filo de la medianoche del 31 de enero entre el portugués y Amadeo Salvo queda ya como una de las intrahistorias más jugosas de los últimos años.

Costa no se fue porque Otamendi no llegó. Más bien, Rufete -quien no escapa a la crítica, como nadie en este negocio- cometió un error de cálculo. El pasaporte del argentino provocó la convocatoria de un gabinete de crisis, tras firmar a un futbolista que no podía jugar en España si no se hacía hueco antes. Otamendi acabó cedido en Brasil y el Valencia, pagando al Oporto doce millones fijos y otros tres en variables, avalados por uno de los fondos con los que más se ha trabajado en los últimos dos años. A fecha de hoy, 15 'kilos' por el rocoso zaguero bonaerense parecen hasta baratos, una vez atisbado el rendimiento que puede llegar a dar. El 'patinazo' se convirtió en una oportunidad de mercado, y Rufete no dejó pasar el tren.

Llegaron Keita, Senderos, Vinicius y Vargas. El rendimiento de todos ellos, con el paso de los meses y a excepción del malí, acabaría siendo decepcionante. Pero se movió el avispero lo suficiente para cambiarle la cara al equipo. Con Pizzi al frente -el 'Lagarto' fue uno de los técnicos más nobles que ha tenido el club en la última década-, el Valencia cambió de cara, de actitud y de resultados. Si bien en Liga la irregularidad pasó factura, Pizzi logró de nuevo que el equipo conectase con la grada. La noche de Basilea puede considerarse el gérmen del brote de ilusión vivido este año. Del mismo modo, aquel infame gol de M'Bia supuso un duro golpe para una hinchada que ya tocaba la Europa League con la punta de los dedos.

REVOLUCIÓN CORREGIDA Y AMPLIADA

En el apartado de debes del manager general -aunque quizá hubiese que atribuírselo al presidente-, la falta de tacto con Pizzi a lo largo del mes de mayo, cuando se reiteró varias veces que la llegada de Peter Lim le aseguraba su continuidad. El magnate tenía otros planes, y pidió expresamente a Nuno Espírito Santo. En pleno proceso de venta, el club decidió complacer a su futuro propietario, descuidando el trato con un técnico que había hecho recobrar al equipo la fe en sus posibilidades. Decepcionado, Pizzi se marchó a principios de julio dejando un regusto agridulce y la pregunta de qué hubiese ocurrido este año con una plantilla a su medida.

A lo largo del verano, Rufete ha sorprendido al mundo del fútbol acometiendo en el Valencia una 'revolución' que jamás se había visto. Ni siquiera en 1986, con el descenso del equipo a Segunda, se habían producido tantas altas y bajas como en este mercado. El único caso similar puede encontrarse en Orriols en 2008, aunque en aquel caso la entrada en concurso de acreedores del Levante y la ejecución de un ERE en la plantilla fueron los causantes de innumerables bajas y la confección de una escuadra nueva a coste cero.

El desglose se divide en veinte salidas, once fichajes, el regreso del cedido Carles Gil y la consolidación en el primer equipo de Jaume, Robert y Jose Luis Gayà. Treinta y cinco movimientos de mercado. Una locura.

Por primera vez en la historia, el Valencia y el resto de clubes se han visto obligados a jugar bajo las férreas reglas -es un decir, porque a algunos clubes les permiten doblar la legalidad a su antojo- del 'fair-play' financiero, al igual que ocurre con la masa salarial en la NBA. En el caso del club de Mestalla, el hecho de que entre sueldos y amortizaciones de fichajes no se pudiesen superar los 69 millones de euros ha obligado a improvisar y echar mano de originalidad -cesiones- para cuadrar los números. Dar salida a jugadores que cobraban mucho en relación a su aportación era prioritario. De ahí que la labor fundamental de la dirección deportiva haya sido la de abrir la puerta a muchísimos futbolistas este verano.

El balance general es positivo y muy ilusionante, aunque las rescisiones a jugadores como Ricardo Costa o Postiga han costado dinero y se ha devaluado mucho por tenerlos entrenando aparte a hombres como Jonas o Viera, que han salido del club gratis cuando hace escasos meses podrían haberle supuesto a la entidad un buen pellizco económico. A cambio, Rufete, Ayala y Salvans han confeccionado una escuadra flexible, polivalente, "versatil" -como expresó el de Benejúzar- y joven, muy joven. Una media de edad de 23 o 24 años asegura una plantilla para muchos años, con margen de crecimiento y con una ductilidad que permitirá a Nuno moldear a su gusto las características de su equipo. 

Además, se ha logrado el milagroso equilibrio que pocos podían aventurar entre decisiones deportivas del club y movimientos de mercado en los que Peter Lim y Jorge Mendes llevaban la voz cantante. La previsible 'pelea de gallos' se ha convertido en un esfuerzo colaborativo sin precedentes. Para la gran mayoría, una tremenda sorpresa. Para quienes conocen a Rufete, su personalidad y su obsesión por el trabajo, nada nuevo bajo el sol. 

Han pasado trece meses desde que 'Rufo' aterrizase en el Valencia. El ex futbolista, con su cuota de errores, ha realizado un trabajo ciclópeo, ingrato en muchos aspectos pero absolutamente necesario e imprescindible para dar un empujón a un club que, en lo deportivo, también se había anquilosado. La guinda de Negredo, al margen de sus cualidades futbolísticas, también se trae a Mestalla siguiendo los parámetros perseguidos por el manager general: ambición, garra, carácter, personalidad y competitividad. El madrileño, junto a hombres como Diego Alves o Javi Fuego, van a ser los veteranos de un grupo humano que este año tiene mucho que demostrar. La 'Rufolución' se ha culminado en apenas un año. Y, sin embargo, promete secuela muy pronto: como bien dijo el presidente, Rufete y sus colaboradores seguirán tocando teclas y afinando el instrumento porque "siempre se puede mejorar".

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