UNA VEZ EN LA VIDA

Cualquier valencianista entiende la importancia del Centenario. Es una efeméride que evidencia la magnitud del club y llena de orgullo los corazones blanquinegros. Mirar al pasado es, además, una oportunidad para salir reforzados de cara al futuro. Así, la obligación de reivindicar la grandeza de la entidad implica un compromiso para, al menos, mantenerla. Por otra parte, el Centenario debería entenderse como una oportunidad única para cohesionar a la afición, aunque sólo sea durante las celebraciones.

El club ha programado una serie de eventos que tendrán su punto culminante el 18 de marzo de 2019, fecha del cumpleaños. El pasado mes de julio el Valencia organizó el acto de apertura del Centenario y ya entonces se pudieron advertir muchas carencias. Hubo aspectos positivos como la presentación de las camisetas y la proyección de dos piezas audiovisuales de gran factura a la altura de lo que cabe esperar. También se presentó la canción oficial del Centenario realizada por el grupo Bombai pero, ante el asombro de muchos de los presentes, la formación musical cantó tres canciones más de su repertorio ajeno al Valencia CF. Fuentes del club y de manera no oficial confirmaron las sospechas de que se hizo así para que el acto tuviera más duración. Como si 100 años de historia fueran insuficientes para dotar de contenidos a un evento de 30 minutos. Los responsables, de hecho, acabaron bastante satisfechos porque habían logrado preparar y realizar la ceremonia en tiempo récord. Todo eso, aunque sea en clave interna, se nota y trasciende al exterior. Fue, sin duda, un mal precedente.

El pasado miércoles se produjo el segundo gran acto del Centenario: la presentación del libro oficial. Lo principal, el libro, merece el reconocimiento del trabajo bien hecho por la calidad de los autores y de la edición. Sin embargo, también fue un acto en el que se desprendió falta de previsión por parte de los organizadores. La presentación en sí misma fue algo tediosa y las pequeñas dimensiones del lugar escogido provocaron la indignación de muchos de los asistentes que tuvieron que presenciar el acto en unas condiciones lamentables por la falta de visibilidad y las estrecheces. Hubo otros que, directamente, se fueron.

La sensación que queda después de este inicio del Centenario es que al club le incomoda tener que invertir tiempo y dinero en los fastos. La labor de Mateu Alemany se concentra en el rendieminto deportivo del primer equipo. Es una filosofía certera pero en su justa medida. Es lógico priorizar el fútbol en un club de fútbol. Además, teniendo en cuenta que el director deportivo lleva menos de dos años en la entidad, se podría entender y aplaudir esta línea de actuación en un marco más a largo plazo en el que, alcanzada cierta estabilidad deportiva sobre cimientos seguros, el club empezara a reforzar aspectos de carácter social. Sin embargo, el Centenario es ya y se necesitan respuestas ya. Eliminado Mateu Alemany de la ecuación para dignificar el Centenario queda Anil Murthy. En este punto, es difícil exigirle a un singapurense la sensibilidad necesaria para entender el profundo significado de la celebración. Pedirle a Kim Koh medio millón de euros para encontrar un rival a la altura del Centenario no debe ser tarea fácil teniendo en cuenta la salud de la cuentas del Valencia y la mirada pragmática del directivo. Dentro de los parámetros de eficiencia en los que se mueven Mateu y Murthy, el Centenario es una preocupación superflúa o, al menos, parece que no es tan importante para ellos como lo es para los valencianistas.

Así las cosas, el Valencia CF está delegando parte de la celebración en la Fundacón y en la Asociación de Futbolistas. La primera, presidida por Salvador Belda, fue la encargada de gestionar el libro del Centenario y la segunda, presidida por Giner, tiene previsto organizar un partido de leyendas en Mestalla y ofrecer diferentes exposiciones con objetos históricos del club.

Por otra parte, hay que aplaudir todas las iniciativas que surgen desde la base para celebrar la efeméride pero el club está obligado a aportar más. Aún queda mucho Centenario por delante y es el momento de pedir mayor sensibilidad y esmero por parte de los dirigentes. Algo que sólo pasa una vez en la vida merece el esfuerzo. Todavía hay tiempo para reconducir la situación.

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