LA ÉPICA

El Valencia se juega media temporada esta noche aunque el club, en cierta medida, trate de disimularlo. El discurso institucional que no prioriza la Copa del Rey choca con la evidencia de la relevancia del duelo contra el Getafe en la vuelta de los cuartos de final. Da la sensación de que es una actitud preventiva para minimizar una posible eliminación. Sin duda, una manera de proceder poco ambiciosa y poco recomendable para afrontar un reto que está al alcance de la mano del equipo.

No es del todo justo aseverar que el Valencia desprecie la competición en función de los jugadores alineados por Marcelino aunque el propio entrenador alimente ese argumento. Al final, todos los futbolistas de la primera plantilla están preparados para competir al más alto nivel de exigencia y así lo han demostrado. Lo que resulta chocante es que el técnico asturiano programe los cambios que va a realizar durante el partido y que, como reconoció en sala de prensa, contemple la posibilidad de volver a hacerlo esta noche. En el partido de ida acabó jugando con un sólo delantero por este motivo. Sorprende que el técnico prefiera competir en desventaja, con una sustitución menos que el rival en función de las circunstancias del partido, en pos de un mejor rendimiento del equipo en el Camp Nou el próximo sábado. Los cambios de jugadores suelen tener, además, especial relevancia en la vuelta de una eliminatoria. Esperemos que Marcelino, esta noche, no adopte esa medida que desprestigia, como ninguna, la competición. Y aún así, pese los esfuerzos del club en desviar el tiro, hay una doble verdad que se impone y que conoce todo el mundo: la afición está tremendamente ilusionada con esta competición y el Valencia está obligado, en teoría, a pasar la eliminatoria ante el Getafe. Conviene, pues, concentrarse en la manera de hacerlo.

En el partido de ida el Valencia perdió por falta de fútbol aunque, antes y después del encuentro, se pusiera el foco en la dureza del Getafe. Marcelino abrió el fuego en la previa con unas declaraciones (“juegan al límite del reglamento”) que se demostraron inútiles para condicionar al árbitro pero excelentes para motivar al rival. Después, llegó la andanada de Bordalás con Klopp y la respuesta ayer de Marcelino (no) apelando al Cata Díaz. Pero volviendo al terreno de juego, en el Colisemum Alfonso Pérez, el Valencia no naufragó por la dureza del equipo azulón. Al contrario de lo que sucedió la temporada pasada en Liga, los futbolistas de Marcelino no rehusaron el intercambio de golpes y se aplicaron con contundencia. De hecho, sólo la negligencia del VAR, que no vio la agresión de Damián a Kang In, impidó que el Valencia le ganara la partida al Getafe en los confines del reglamento, en el otro fútbol. Así las cosas, el equipo blanquniegro, manteniendo esa actitud en Mestalla, tiene muchas posibilidades de superar al Getafe si mejora sus argumentos ofensivos. No es difícil prever que el equipo madrileño, incluso por voluntad propia, pase muchos minutos del partido defendiendo. A favor del Valencia juega el hecho de que viene de marcar tres goles con todo lo que eso supone en una temporada en la que el mayor problema, y para algunos el único, ha sido ése, la falta de efectividad de cara a portería.

Marcelino aventuró que iba a ser un partido largo y que se definiría, probablemente, en la segunda parte. Sólo cabe confiar en su criterio aunque el cuerpo pida salir al terreno de juego pensando en marcar tres goles. También hay que confiar ciegamente en los futbolistas y hacer valer la magia de Mestalla. Ahí, sobre el terreno de juego, es donde reside la épica.

A por ellos.

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