Diego Alves en un club paralizado

Un rayo de esperanza en estos días oscuros


La renovación de Diego Alves por el Valencia es una gran noticia por muchos motivos. Primero porque el brasileño es uno de los mejores porteros del mundo y segundo por el momento en el que se produce. El valencianismo está alicaído, atenazado, las malas noticias se suceden y el compromiso del guardameta brasileño supone un rayo de luz entre las sombras que acompañan al proceso de venta. Por otro lado, es algo injusto comparar los casos de Alves y Bernat. Son temas diferentes y Alves no tenía una oferta del Bayern Munich que se sepa. Aún así, la apuesta que hace el brasileño por el club es, indiscutiblemente, una gran carga de autoestima para el valencianismo.   

La renovación de Alves es una decisión de club tomada en función del rendimiento ofrecido por el brasileño y Guaita el curso pasado y, en ese sentido, sería dramático que a Nuno le gustara más Guaita. Tal vez, con la ampliación de contrato de Alves sería interesante buscarle una salida a Guaita lo más rápido posible. El problema debe de ser que no hay ofertas que convenzan al Valencia.  

Se dice que el club está paralizado hasta que se cierre la venta de la mayoría accionarial pero la contratación de Nuno y la salida de Bernat sugieren lo contrario. Lo que verdaderamente paraliza las operaciones es que no hay un euro para fichar y casi ninguno de los futbolista a los que se le quiere dar salida tiene ofertas para marcharse. Parece ser que el próximo será Rami. El jugador francés y el Milán están muy cerca de salirse con la suya. Qué bonito fue hacer números en su día, contabilizando que el Valencia iba a cobrar 7 millones por Rami, 6 por Cissokho, 8 por Jonas y 10 por Banega.  Qué fácil es vender humo y qué terca es la realidad.

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