Reflexiones para el parón liguero

La situación extrema que vive el Valencia necesita de una profunda reflexión por parte de todos los estamentos.


El Valencia tiene muchos problemas. El principal tiene que ver con que el primer equipo no gana partidos. Pero la situación se agrava por la ruinosa política comunicativa de Mériton. El dueño sólo se ha dirigido una vez a la afición y con un mensaje institucional. Sabemos, por la presidenta, que es un hombre reservado al que no le gusta hablar demasiado en público. Es respetable pero tiene la obligación de delegar en un portavoz. Layhoon tiene miedo a entrar en según qué terrenos porque no es una mujer de fútbol. Pero lo que no se acaba de entender muy bien es que García Pitarch no haga declaraciones. Ya se dijo en este editorial tras la presentación del director deportivo que exigirle independencia significaba no haber entendido del todo bien en qué consiste haber vendido el Valencia. El propio García Pitarch dijo en rueda de prensa quién tomaba las decisiones en materia deportiva y, en ese sentido, nadie se puede sentir estafado. Sin embargo, que no se haya convertido en el nexo de unión con la afición es sorprendente. En la búsqueda de la persona idónea que sustituya a Amadeo Salvo Mériton ha padecido dos crisis deportivas de mucho calado que han deteriorado su imagen creando desafección.

Lim tiene el derecho contraído con el pago de 198 millones de configurar la plantilla asesorado por quien él crea conveniente. A veces, en algunas críticas, se pierde de vista que al empresario de Singapur le interesa que el Valencia vaya bien. Es hasta comprensible que Peter Lim se haya equivocado esta temporada porque el año pasado, con la misma fórmula, es decir, con un amigo en el banquillo y Mendes aconsejándole en materia de fichajes, todo era felicidad. Parece evidente que el revés que está sufriendo este año el proyecto es lo suficientemente importante como para que se replantee algunas maneras de funcionar en la gestión deportiva. Es cierto que se olvida fácilmente que el fútbol es caprichoso y que este año, en momentos puntuales, el Valencia no ha tenido suerte pero se impone que Mériton contrate a un entrenador por sus méritos deportivos y no por su relación de amistad con el máximo accionista.

La situación del equipo, aunque sea pedir mucho, exige generosidad por parte de la parroquia blanquinegra. De hecho, la tregua podría servir para hacer un poco de introspección. El valencianismo necesita sentarse en el diván. En Mestalla se están viviendo situaciones surrealistas últimamente como pitar a los jugadores que entran al campo casi de forma sistemática y, en uno de los casos, con Parejo, corear su nombre pocos minutos después. Hay frustración porque los resultados no son buenos y porque el Valencia no es el City o el PSG que es lo que vendieron algunos irresponsables. Pero incendiar el club quemando a los jugadores, a la directiva y al entrenador, ahora mismo, nos convertirá a todos en ceniza.

Respecto a Gary Neville, cuando se anunció su contratación se dijo claramente que iría a entrenar con su selección. No se escucharon muchas voces críticas entonces y ése el primer paso para que te pierdan el respeto, perdértelo tú mismo. No es una cuestión baladí, tener un trabajo paralelo al de entrenador del Valencia es, conceptualmente, un menosprecio grave a la responsabilidad que conlleva el cargo. Es una decisión que demuestra que la propiedad tiene una percepción equivocada del club. Y ése es el verdadero problema, no que se vaya o se deje de ir. Por otra parte, si Toni Grande estuviera entrenando al Liverpool y el equipo inglés atravesara una crisis deportiva, 40 millones de españoles podrían soportar que no acudiera a dos partidos amistosos con la Selección. Está bien que Gary Neville haya cambiado los planes y se quede tres días más en Valencia pero la semana que viene, en principio, se perderá un entrenamiento y medio. Exigir implicación así es mucho más difícil.

Y falta hablar de los jugadores, por supuesto. Es obvio que este año la profesionalidad de algunos se ha visto dañada. El rendimiento ofrecido en ciertos partidos como el día del derbi debería implicar una profunda renovación este verano. Pero antes de hacer listas negras hay que ser conscientes de que la supervivencia del equipo en Primera División depende de ellos. Afirmar que se borran de los partidos sin pruebas no es el camino correcto. Los jugadores, ahora mismo, deben sentir el apoyo incondicional de la grada porque si no, va a ser muy difícil salir de esta dinámica negativa que tiene, como destino final, el descenso.

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