La perspectiva del éxito

El Valencia se ha alejado de la zona peligrosa de la clasificación.


La actual coyuntura del Valencia obliga a valorar las victorias como un éxito incontestable independientemente de cómo se consigan. En situaciones de emergencia hay que abrazar el resultadismo. Parece que el equipo de Gary Neville tocó fondo en el Villamarín cuando se situó a cuatro puntos del descenso. Dos jornadas después ya está a diez. Esta distancia permite apagar las luces de emergencia.

Se pueden sacar conclusiones sobre el juego de cara al futuro. Porque el fútbol, normalmente, recompensa a los equipos que más méritos acumulan sobre el césped y ayer el Valencia tuvo demasiado premio. No se puede confiar en que la suerte ha cambiado de forma indefinida. Es un clavo ardiendo demasiado candente e inestable. Si acaso, se puede albergar la esperanza de que las victorias permitan asentar los pilares para que el equipo acabe siendo superior a los rivales. Parece, en cualquier caso, que el partido contra el Rapid de Viena debe ser considerado más como una conjunción de astros que como una referencia. Por otra parte, el espejo del Atlético de Madrid, debería abrir el debate sobre la importancia de conseguir puntos sin cuestionar las formas.

En cualquier caso, conviene cuanto antes alejar el fantasma de los puestos peligrosos de la clasificación y esperar rival para los octavos de final de la Europa League. Hay pocas posibilidades de que el Valencia se enfrente a un equipo asequible. La expectativa de la temporada no da para más. Desde el plano individual sí se puede apreciar la mejoría del equipo. Parejo empieza a parecerse al de la temporada pasada, Cancelo y André Gomes son cada vez más regulares, todos los delanteros están haciendo goles y Enzo Pérez ha tomado el relevo de Otamendi a la hora de darle personalidad al equipo.

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