Entrenadores de emergencia

Es difícil encontrar un técnico a mitad de temporada para encomendarle un proyecto a largo plazo


No se puede decir que el Valencia sea un club aburrido. Desgraciadamente, tanta actividad significa inestabilidad en la sociedad y desencanto entre los aficionados. Decía Djukic tras la junta de accionistas que el equipo podía ayudar al club dándole estabilidad deportiva. Una semana después la crisis en los terrenos de juego ha restado atención a la herida abierta en el ámbito institucional.

Cuando el Bayern organiza su estructura directiva con ex jugadores se trata de un club modélico. Si lo hace el Valencia es una fórmula caduca. La valoración sobre la posible contratación de Ayala como secretario técnico está sujeta a la labor que desempeñe en el cargo. Someterlo a prejuicios es, de nuevo, generar polémica gratuita.  Respecto al entrenador que se elija se puede decir lo mismo.

Sí que es digno de reseñar, por ejemplo, el hecho de que el Valencia sea cada vez una plaza menos atractiva para los entrenadores. Son muchos los condicionantes a los que se tiene que enfrentar el potencial técnico: los que le contratan puede que mañana no estén y se trabaja con una metodología definida impuesta por una estructura deportiva omnipresente.

Cuando se echa a un entrenador significa que la situación es de una urgencia máxima. En esa tesitura, tal vez se deban tomar soluciones con este carácter. Rufete dijo que buscaba un técnico para el presente y el futuro. Los planes a largo plazo no encajan muy bien con la necesidad de darle un vuelco al equipo con inmediatez. Es difícil encontrar al entrenador ideal a mitad de temporada. Sobre todo si lo quieres para liderar un proyecto complejo y no para que te saque las castañas del fuego. Esperemos que este planteamiento no condicione la elección del entrenador en menoscabo del club.

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