Siete apuntes sobre el caso Otamendi

El futbolista argentino le pidió a Nuno no jugar el amistoso contra el Mestalla


Ayer hablábamos del caso Otamendi desconociendo un dato trascendental que desveló la cadena COPE. El hecho de que el internacional argentino pidiera a Nuno no jugar el amistoso contra el Mestalla lo cambia todo. Lo cierto es que resultaba inexplicable que el club, a cinco días para la previa, modificara su estrategia y le concediera al defensa central la posibilidad de salir. Se entiende todo mucho mejor cuando se conoce que el argentino se ha declarado en rebeldía.

El agente

Dijo Eugenio Silva que entre Lim, Mendes y él arreglarían la salida de Otamendi. Desconocemos las interioridades de la relación entre estas tres personas pero, en cualquier caso, la situación en la que Otamendi deja al Valencia, es decir, a Peter Lim, no parece fruto de un entendimiento entre las partes. Con amigos así no se necesitan enemigos.

El jugador

La decepción con Otamendi es tremenda. Declararse en rebeldía a escasos días de jugar la Champions es un golpe bajo. Por supuesto que es lícita la voluntad del jugador de salir del Valencia pero desde el respeto al club y a la afición. Los aplausos que recibió en Mestalla el pasado sábado estaban justificados desde esa perspectiva.

El golpe bajo

La actitud de Otamendi sólo le deja en evidencia a él. El argentino puede presumir de muchas cosas pero ya no puede alardear de ser un buen profesional. Cabe recordar que antes de llegar al Valencia era suplente en el Oporto y que su paso por Brasil no le permitió jugar el Mundial con su selección. Sin embargo, en el club de Mestalla se ha convertido en un referente internacional y el pasado verano fue titular en la Copa de América con la albiceleste. Otamendi hubiera sido más justo y noble con el club que le paga si se hubiese negado a entrenar y jugar el mes pasado cuando viajó a Alemania con el equipo. Dadas las circunstancias actuales, un poco de gratitud hubiera sido ayudar al Valencia en la eliminatoria contra el Mónaco y luego declararse en rebeldía. Pero sólo un poco.

El entrenador

Es lógico que Nuno no cuente con un futbolista incapaz de anteponer su profesionalidad a sus deseos. Hasta ahora Otamendi había tenido una actitud ejemplar aunque es evidente que contra la Roma anduvo algo descentrado. El técnico portugués, con buen criterio, sólo debe darle la confianza a los jugadores que quieren estar o, en el peor de los casos, a los son lo suficientemente maduros como para asumir lo que pone en su contrato.

¿Son 50?

¿Y ahora qué? Evidentemente, con esta maniobra Otamendi quiere forzar al club para que acepte una oferta menor a los 50 millones que estipula su cláusula. El Valencia queda en una posición de desventaja porque sabe que ya no puede contar en el plano deportivo con el futbolista. Si cuando se cierre el mercado de fichajes Otamendi no ha salido habrá que confiar en que cambie su predisposición pero puede que no sea así. No hay garantías de que manteniendo una postura firme se reconduzca la situación en el aspecto futbolístico. El Valencia tiene mucho que perder: o la dignidad o 50 millones y al futbolista. Para nosotros es fácil la respuesta porque además conviene enviar un mensaje al resto del vestuario pero es comprensible que Mériton dude. 

Una reflexión incómoda

Ayala le debió contar a Otamendi que él también quiso salir del club pero que se quedó y que ganó títulos. Por eso, es duro asimilar que un jugador al que se le ofrece un aumento de contrato, que tiene una persepectiva deportiva emocionante y atractiva en el marco de un nuevo proyecto y que tiene a toda la afición a sus pies, decida abandonar el barco a las primeras de cambio.

No se acaba el mundo, empieza una nueva era

La actitud de Otamendi es un misil a la línea de flotación del nuevo proyecto pero esto es el Valencia. Otros mejores que el argentino se han ido y, por supuesto, otros mejores que él se han quedado para darle gloria al club. Si sale Vezo contra el Mónaco será el mejor jugador del Mundo para disputar ese partido, solamente, porque llevará un escudo bordado coronado por un murciélago.

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