Grietas en Paterna

Hay futbolistas con los que el Valencia contaba para el futuro que han abandonado la escuela.


Hace poco alabábamos el poder de seducción de Rufete para retener en el Valencia CF a Fran Villalba, uno de los jugadores más prometedores de la Academia Gloval y que tenía una oferta mareante del Liverpool que el club blanquinegro no podía igualar. Ayer informamos, sin embargo, de dos bajas sensibles en la cantera blanquinegra: Christian Vassilakis (2001) y Sergio Ortuño (99). También, hace tres semanas contamos que Javi Llario (98) se había ido al Real Madrid y Álex Blanco (98) al Barça. Cada caso es distinto y tiene su historia particular pero los cuatro son buenos jugadores, eso sí, no hay que olvidarlo, en formación.

Subyace el debate de hasta qué punto se deben poner los medios para retener el talento frente a la atractiva idea de que el compromiso con el club es innegociable. Aún así, insistimos, cada caso es diferente.  

En este periódico ya hemos mostrado nuestra predilección por Sergio Ortuño dedicándole un capítulo de la serie 'Las Estrellas que vienen'. Su marcha al Deportivo de la Coruña pilló desprevenidos a los técnicos de la escuela valencianista. Es un futbolista diferente que traza pases imposibles con una naturalidad asombrosa. Es pequeño físicamente y en los partidos importantes los entrenadores han preferido otro tipo de jugadores. En este punto tiene valor el argumento del club en el sentido de que ningún futbolista puede tener garantizada la titularidad en el Valencia CF. Pero, por otro lado, a estas edades, la envergadura y la altura deberían ser cualidades secundarias. A Silva el Madrid no le quiso por ser pequeñito y a Jordi Alba le invitaron a salir del Barça por ese mismo motivo. Es cierto que el Valencia sí quería a Ortuño pero también lo es que no ha sabido crear las condiciones para que estuviera a gusto.  

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