Festín europeo con aroma épico

Muy bien en general y espléndido en los momentos clave, el Valencia se impuso claramente al Ludogorets en un duelo que tuvo de todo. El equipo de Pizzi, con este resultado, acaricia los cuartos de final de la Europa League.


Pese a los vuelcos de 180 grados que se dieron durante el partido y el estado de locura que impregnó todo el encuentro, la realidad que subyace y que acabó imponiéndose fue la de un trabajo serio y concienzudo. El Valencia resistió los bandazos y las adversidades con una tremenda solidez y madurez. El equipo de Pizzi disputó el partido con la confianza que otorga saber a qué se juega y cómo conseguir el objetivo. Ni un penalti en contra ni contar con un futbolista menos durante una hora fueron obstáculos para que el equipo se volviera a Valencia con la eliminatoria prácticamente cerrada.   

Pese a jugar a 350 kilómetros lejos de casa el Ludogorets llenó de entusiastas un campo con capacidad para 43.000 espectadores. Este hecho no intimidó al Valencia que salió con la jerarquía de los clásicos de Europa. El equipo de Pizzi saltó al césped decidido a ir a por el partido, sin especular. Tanto es así que Keita, en el minuto 2, estuvo a punto de hacer el primero con un cabezazo tras saque de falta desde la parte izquierda de la zona de tres cuartos de campo. El Ludogorets todavía no había tocado el balón cuando, en el minuto 4, Barragán hizo, probablemente, el mejor gol de su carrera. Otro saque de falta desde la misma zona fue rechazado por el defensor del equipo búlgaro fuera del área. El balón llegó a Barragán que golpeó el esférico con gran precisión y potencia. El portero, tapado por una nube de jugadores no pudo hacer nada por evitar que el balón entrara pegado a su poste derecho. Además del gol, la buena noticia es que Barragán ha recuperado la confianza. Es un jugador con unas excelentes condiciones que no podía exhibirlas por falta de fe en sí mismo. El golpeo del balón en el gol indica lo contrario, que el futbolista ha pasado a otra estadio de su carrera. El equipo de la senyera había empezado el partido como un ciclón. Llegaba al área contraria pero también controlaba la posesión del balón. A partir del minuto 10 el equipo local empezó a dar señales de vida. Alguna llegada jaleada por la grada que hacía la ola. Pero el Valencia controlaba el juego y fruto de ello fue una ocasión de Alcácer que remató alto un centro de Fede. En el minuto 20 el partido pareció cambiar por completo. Las dos palabras malditas, penalti y expulsión amenazaban con condicionar el excelente inicio del equipo de Juan Antonio Pizzi. Keita , extrañamente, arrolló al delantero Bezjak dentro del área. El árbitro con exceso de rigor expulsó al maliense. Volvió a aparecer Diego Alves para salvar a su equipo en un momento clave. El problema más urgente se había resuelto pero quedaba afrontar el resto del partido con uno menos cuando sólo se habían disputado 25 minutos.  Barragán pasó al mediocentro y Vargas al extremo derecho. El Valencia cedió la posesión al equipo búlgaro o, directamente, la tomó el Ludogorets. Los locales estaban viviendo sus mejores minutos con un hiperactivo Misdjan que llegó a enviar un balón al poste de potente disparo en pleno acoso a la portería defendida por Diego Alves. El Valencia resolvió el momento crítico con una obra de arte. Vargas y Fede combinaron en el centro del campo por dos veces avanzando con el balón y deshaciéndose de los marcadores. El cuero llegó a Paco Alcácer al borde del área. El de Torrent controló, se giró y puso un pase sublime lleno de sutileza a Fede a la espalda de la defensa. El argentino, a la media vuelta y sin dejarla caer, enganchó el balón y lo colocó en el palo contrario. Estaba siendo un partido de locos. Una bendita locura para los valencianistas que, cuando peor lo estaban pasando asestaron un golpe tremendo al Ludogorets. Misdjan lo seguía intentando, era una pesadilla incapaz de definir. El equipo de Razgard se volcaba sobre la portería del Valencia y, mientras, los de Pizzi esperaban agazapados para salir al contragolpe. Se notaba que Vargas, Fede y Alcácer disfrutaban en esas condiciones, como niños traviesos con carta blanca para llevar a cabo sus fechorías. Javi Fuego asumió con grandeza el papel de canalizador de juego, de cerebro del equipo. El Ludogorets no tenía su día. Un acción ofensiva con cuatro atacantes para dos defensas fue desperdiciada por Espinho con un disparo raso suave a las manos de Diego Alves.

Era importante controlar el inicio de la segunda parte. Como era previsible el equipo búlgaro salió al campo en tromba. El árbitro demostraba su talante: le hacían una falta tremenda a Javi Fuego y le enseñaba tarjeta amarilla a Barragán por recriminarle, precisamente, la tarjeta para el jugador del Ludogorets. El Valencia tardó poco en deshacerse de la presión inicial o, el Ludogorets, en desesperarse. Pizzi no escondió sus cartas y sustituyó a Alcácer por Víctor Ruiz. Cambio defensivo por el cual Víctor Ruiz ocupó la zona media junto a Javi Fuego, Barragán volvió a la derecha y Vargas se situó en punta de ataque. En el 58 el Valencia hizo el tercer gol. Una triangulación de cabeza dentro del área tras saque de esquina en la que participaron Mathieu, Vargas y, finalmente, Senderos que envió el balón al fondo de las mallas. Mérito del Valencia y demérito de la defensa búlgara. Como una carambola de billar a tres bandas, el balón pasó por la testa de los valencianistas para acabar dentro de la portería búlgara. Estaba siendo un partido increíble con goles increíbles. El equipo búlgaro, lógicamente, estaba desquiciado. Tanta ilusión depositada y el revés estaba siendo monumental. Pizzi volvió a mover el banquillo. Se marchó Barragán y entró Feghouli. Ningún cambio de posiciones pero un perfil más ofensivo. El técnico quería agrandar el roto. Por su parte, en el equipo búlgaro, salió al campo Michel Platini pero ya quedaba poco que temer  pese al pomposo nombre del jugador brasileño del Ludogorets. El Valencia estaba más cerca del cuarto que el Ludogorets del primero pese a que eran los búlgaros quienes acumulaban más posesión. Era el minuto 77 y Joao Pereira presionaba en el córner del campo contrario. Prueba de la desesperación en la que sumió el Valencia al equipo búlgaro fue la expulsión de Quixadá, aunque, para ser sinceros,  Joao Pereira contribuyó exagerando la supuesta agresión. A falta de cuatro minutos para que se cumpliera el tiempo reglamentario salió Jonas por Fede Cartabia. El argentino había completado un gran partido. El Valencia pudo hacer el cuarto con un disparo de Feghouli y con un gran jugada entre el propio argelino y Víctor Ruiz. Para acabar, otro detalle significativo fue ver a Jonas cerrando la defensa en la cobertura. El equipo de Pizzi dio una lección. Los futbolistas están convencidos. Como decíamos al principio, en medio de la locura, prevaleció un trabajo serio con acciones brillantes. Un festín europeo con aroma épico.  

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