El efecto Pizzi llegó hasta el descanso del tercer partido

Se puede achacar cierto infortunio a la derrota del Valencia en Balaídos por la lesión de los dos centrales. Sin embargo, es difícil explicar con excusas el bajón de rendimiento de la segunda parte. El Valencia fue dos equipos diferentes en un mismo partido. La lesión de Mathieu al filo del descanso y el gol psicológico del Celta al principio de la segunda parte fueron demasiada losa para un Valencia que evidenció su fragilidad mental.


La alineación presentada por el Valencia CF fue la prevista. La principal novedad fue la participación de Canales en la mediapunta. Piatti, Feghouli y Oriol volvieron al once titular y Guardado ocupó el lateral izquierdo. El equipo dirigido por Pizzi salió dispuesto a imprimirle su sello al partido. El Valencia se adueñó del esférico y la primera llegada con cierto peligro no tardó en llegar por medio de un remate de Piatti a centro de Feghouli. El Celta respondió con un disparo desde fuera del área de Augusto. El Valencia recuperaba rápidamente el balón y llevaba claramente el peso del encuentro. Sólo las pérdidas en el medio campo comprometían el partido planteado por Pizzi. Pasado el cuarto de hora, un error de este tipo dio la oportunidad al Celta de armar el contragolpe. Diego Alves tuvo que emplearse a fondo para desviar el disparo de Charles. A raíz de esta ocasión, el equipo gallego se empezó a estirar y se niveló la balanza del partido. Sin embargo, en el minuto 22, Parejo hizo el cero a uno. Jonas abrió el balón a la banda derecha por donde se incorporaba Feghouli.  El argelino puso un centro medido para Dani Parejo que llegó totalmente sólo al remate. Su cabezazo limpio entró en la portería sin que Joel pudiera hacer nada para evitarlo. Dos minutos después, Jonas estuvo a punto de hacer el segundo. El futbolista brasileño recibió el balón de espaldas a la portería y, con una inteligente maniobra con el cuerpo, se perfiló de cara a la portería y se zafó del rival. Su disparo fue rechazado por el portero celtiña. El Valencia tenía el partido en su mano. Su dominio se había visto recompensado y al Celta se le veía bastante afectado mentalmente. Su delicada situación en la clasificación mermaba su capacidad de reacción.En el minuto 36 llegó una mala noticia para el Valencia que luego, visto lo visto, se convertiría en desastrosa. Mathieu se tuvo que retirar del campo con molestias físicas tras recibir un golpe en un salto con Rafinha. Hasta ese momento el francés había bordado su actuación apagando todos los incendios generados por las pérdidas de balón del centro del campo. Antes de llegar al descanso Rafinha empezó a aparecer. Primero provocó la tarjeta amarilla de Guardado. La amonestación pesó en la segunda parte en la que el brasileño ganó claramente la partida al mexicano. El propio Rafinha en una jugada aislada, estuvo cerca de conseguir el empate.

La segunda parte empezó con un jarro de agua fría. Charles convirtió en gol un gran envío de Rafinha que definitivamente había despertado. Ricardo Costa estuvo cerca de desviar el centro pero le faltó contundencia. El partido volvía a empezar pero con sólo 40 minutos por disputarse. El Celta intentó aprovechar la estela positiva del gol. Un equipo venía creciendo y el otro se empezaba a ausentar de manera alarmante. Eran minutos delicados para los valencianistas. Cada vez que la cogía Rafinha una amenaza sobrevolaba el área de los jugadores que vestían de naranja. Pizzi decidió mover el banquillo. Dani Parejo abandonó el terreno de juego para dar entrada a Javi Fuego. Una sustitución que cambiaba el perfil del equipo dándole un matiz, a priori, más defensivo.  Probablemente el técnico argentino buscaba darle más consistencia a un centro del campo algo incapaz de ejercer la presión sobre el rival. El encuentro se trababa y lo poco que se jugaba era en campo del Valencia.  Los cambios de Luis Enrique, por el contrario, fueron netamente ofensivos. Los jugadores del Valencia estaban desparecidos. El Celta era el dueño indiscutible del partido. Los futbolistas ofensivos Jonas, Piatti, Feghouli y Canales estaban pasando desapercibidos. Oriol y el recién salido Javi Fuego perseguían sombras y los centrales no daban excesivas sensaciones de seguridad.  Además, la mala suerte se cebó con el Valencia y Ricardo Costa también tuvo que abandonar el rectángulo de juego debido a problemas físicos. El sustituto fue Bernat. Prácticamente en la jugada del cambio, con los futbolistas reestructurándose tácticamente sobre el campo, llegó el segundo gol del Celta. Charles de nuevo, con un disparo cómodo desde dentro del área batió a Diego Alves. Quedaba un cuarto de hora escaso para que el Valencia evitara la derrota. La capacidad de reacción en el banquillo era nula con todos los cambios agotados, dos de ellos por obligación. Oriol ocupó la posición de central y Canales bajó al mediocentro. Era el plan de Pizzi antes del gol y lo fue después.  El  Valencia intentó un último esfuerzo para conseguir el empate y el partido se rompió. Las ocasiones se sucedieron en ambas porterías. Una clara para cada equipo. El Celta, mediante un disparo al larguero de Nolito y el Valencia con un poderoso remate de cabeza de Feghouli entrando desde atrás que repelió el poste.  Pero el marcador no sufriría cambio alguno.

El Valencia se vuelve a casa con la derrota y algo peor. La actitud en el segundo tiempo deja mucho que desear. Puede ser que el equipo estuviera fundido físicamente pero también se pudo apreciar un bajón en la actitud de los jugadores. De hecho, el Valencia de la segunda parte, no hace falta que viaje a Madrid. Nos ahorraremos un escarnio.

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