Un botín para soñar

El Valencia obtuvo un magnífico resultado en el partido de ida de la previa de la Champions. Sobre todo, teniendo en cuenta que el Mónaco mostró sus credenciales y fue un rival muy duro de batir.


La lectura del partido debe ser positiva para el Valencia porque viajará a Mónaco con dos goles de diferencia. La despedida que le tributó Mestalla a su equipo así lo demuestra. Eso sí, durante los 90 minutos hubo momentos para todo. Euforia, desesperanza, enfado, impotencia y muchas satisfacciones. Un análisis obviando el marcador habla de un Valencia vulnerable, que no supo imponer su idea de fútbol y que supo disimular sus carencias con sacrificio y el empuje de Mestalla.

Nuno salió con el once previsto, es decir Ryan, Barragán, Vezo, Mustafi, Gayà, Enzo, Parejo, De Paul, Feghouli, Rodrigo Moreno y Alcácer. En este sentido, quizá lo más sorprendente fue que Nuno se dejó fuera de la convocatoria a Bakkali y Danilo Barbosa, dos de las incorporaciones de esta temporada

También, como estaba previsto, Mestalla presentó un aspecto excepcional aunque sorprendió que, tras agotarse las entradas, hubiera partes del campo con asientos vacíos. Sobre todo, enfrente de tribuna y detrás de la portería del Gol Xicotet. Tampoco estaba llena la Curva Nord. El himno de la Champions fue celebrado más que el del propio Valencia. Había hambre, mucha hambre de estar con los mejores.

El inicio del partido mostró a un Valencia algo indeciso con el balón en los pies pero con la primera llegada se asentaron los ánimos. El partido entró en ebullición en el minuto 4 cuando De Paul puso un centro al segundo palo donde apareció Feghouli completamente sólo para devolver el balón al poste contrario donde se encontraban, también sin ninguna oposición, Rodrigo Moreno y Alcácer. El hispano brasileño envió el balón al fondo de las redes y Mestalla se derrumbó y alcanzó el cielo a la vez de la emoción. El partido se ponía de cara para los blanquinegros.

La ventaja hizo que la predisposición de los equipos a la hora de afrontar el duelo cambiara. El Mónaco había salido con la intención de cederle la iniciativa del juego a los locales pero ahora el Valencia era el que se replegaba buscando robar y salir al contragolpe.

El equipo de Nuno atacaba por oleadas con la grada agitada cada vez que se llegaba al campo del Mónaco. Por su parte, el Mónaco también daba sensación de peligro cuando merodeaba el área del Valencia. El partido era intenso. El dominio territorial era para los franceses pero ninguno de los dos equipos era capaz de mover el balón con comodidad. En este sentido, los futbolistas más clarividentes estaban siendo Bernardo Silva por parte del Mónaco y De Paul por el lado valencianista. También estaba destacando en otro ámbito del juego Mathew Ryan que transmitía tranquilidad a su zaga cada vez que tenía que intervenir.

A la media hora de juego Alcácer no llegó por poco a un centro de Gayà desde la izquierda. El Mónaco respondió con una ocasión clarísima a raíz de una pérdida de balón de Parejo en una posición comprometida. La acción acabó con un disparo de Bernardo Silva que repelió la madera después de que Ryan consiguiera tocar el esférico con la yema de los dedos.

El Valencia estaba sufriendo y no daba argumentos futbolísticos para que la situación cambiara. En el minuto 38 el árbitro anuló un gol a Marital que remató en posición antirreglamentaria. Lo cierto es que el Valencia tenía muchos problemas para sacar el balón jugado desde atrás y apenas pasaba del medio del campo. El descanso llegó como una bendición para repensar el partido. Lo mejor, sin duda, estaba siendo el resultado.

El paso por los vestuario le pareció sentar bien al Valencia que salió más ambicioso. Sin embargo, en el minuto 48 Pasalic hizo el empate para el Mónaco tras un despeje corto de Vezo. El gol fue más que un jarro de agua fría par Mestalla.

No quedaba otra que recompenerse y buscar un mejor resultado para viajar a Mónaco. Nuno decidió mover el banquillo en el minuto 57 y dio entrada a Piatti por De Paul. El Valencia pasaba a jugar con un 4-4-2.

Poco después Parejo conseguía hacer el segundo gol para el Valencia. El tanto se pareció al primero con la salvedad de que había muchos más jugadores del Mónaco por en medio. Barragán fue el autor del centro al segundo palo, Piatti hizo la dejada y Parejo remachó a las redes. Justicia poética para el capitán que, como suele ser habitual, estaba siendo señalado por la grada de forma injusta, sobre todo, por las características del partido que exigía apoyo incondicional.

Ahora, lo mejor del partido volvía ase el resultado. Cabía esperar que el Valencia aprovechara el viento a favor para no cometer el error de la primera parte de cerrarse excesivamente atrás. Y así fue. El partido se ponía bronco y copero y el Valencia también. Nuno hizo la segunda sustitución y soliviantó el buen ambiente que se respiraba al dar entrada a Javi Fuego por Alcácer. El equipo volvía al 4-3-3 con Rodrigo en punta. Lo cierto es que el cambio no le sentó mal al Valencia, probablemente, porque Javi Fuego es imprescindible para darle equilibrio al juego.

El Mónaco ponía a prueba a Ryan que respondía con solvencia. El Valencia estaba viviendo sus mejores minutos. Faltaba algo de precisión en la zona de tres cuartos pero, por lo menos, los locales llevaban la iniciativa del duelo. Nuno hizo el tercer y último cambio dando entrada a Negredo por Enzo Pérez. De nuevo el equipo se reestructuraba con un 4-4-2.

En el minuto 85 llegó el éxtasis a Mestalla. Tras un lanzamiento de saque de esquina y un barullo en el área el rechace acabó en Feghouli que puso con sutileza el balón en la esquina de la portería. El resultado, visto lo visto, era muy bueno para el Valencia y había que conservarlo. El equipo francés trató de apretar. La fiesta en Mestalla era total y más cuando el árbitro señaló el final del encuentro. El Valencia se lleva al Principado un precioso botín para soñar.

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