Primera derrota de un Valencia desconocido

Sin hambre y sin intensidad durante el primer tiempo el Valencia se fue al descanso con dos goles en contra y ninguno a favor. En el segundo periodo el Valencia mejoró pero no fue capaz de meterse en el partido y el Depor acabó sentenciado con otro tanto.


El inicio de campaña que ha hecho el Valencia invita a pensar que lo sucedido en Riazor ha sido un accidente y, en ese sentido, conviene mantener la tranquilidad. Hablábamos en la previa de la exigencia que implica estar en las posiciones altas de la clasificación y por ahí se podría hilar un discurso derrotista. Al fin y al cabo, el Madrid marcó ocho goles en ese mismo estadio. La medida de la derrota en el campo del Deportivo la dará los próximos partidos. Ahora, de momento, se puede concluir que el Valencia hizo un mal partido y que en la primera parte le faltó aquello que Nuno siempre ha calificado de innegociable: la intensidad.  

El primer contratiempo para los visitantes llegó antes de empezar el partido: Diego Alves causó baja por problemas gastrointestinales lo que provocó que Yoel debutara en partido oficial. Por lo demás, el Valencia salió con el equipo previsto, es decir, el once de gala con la novedad de Filipe Augusto por André Gomes. Algún medio de comunicación daba a entender que Kim Kho, como había viajado con el equipo, iba a ser determinante en el resultado. Sin embargo, finalmente, la mano derecha de Peter Lim no salió al campo y vio el partido desde el palco.

Los primeros minutos sirvieron para imaginar cómo iba a ser la primera parte. El Deportivo salió decidido a cambiar su racha de resultados negativos llevando la iniciativa de juego y en el minuto 2 ya había generado peligro con una acción peligrosa entre Fariña y Cavaleiro. Estos dos futbolistas fueron un auténtico incordio para la zaga valencianista. Pasados los primeros diez minutos el Valencia empezó a dar señales de vida teniendo el balón en su posesión aunque sin excesiva profundidad. El partido se igualaba un poco pero la diferencia la marcaban los balones divididos, los rechaces y los choques siempre favorables al equipo coruñés que hacía ver, de este modo, que quería más la victoria que el Valencia. Hubo que esperar al minuto 26 para ver el primer disparo del Valencia pero vaya disparo. Rodrigo se perfiló desde la derecha y golpeó con violencia con su pierna izquierda. El trallazo se fue por poco. Pese a este intento por parte del equipo dirigido por Nuno el partido no se estaba desarrollando en las mejores condiciones. Además de la falta de intensidad el Valencia no estaba bien tácticamente, faltaba organización, el Depor jugaba demasiado cómodo y había demasiada distancia entre las líneas a la hora de realizar la presión o replegarse. En el mnuto 35 Medunjanin lanza una falta a la cruceta y el rebote golpeó en Yoel y se fue a córner. En el saque de esquina posterior el equipo blanquiazul se adelantó en el marcador. Nadie consiguió rematar en el primer palo y el balón golpeó por sorpresa a Mustafi saliendo hacia su propia portería. Tras rebotar en el larguero el balón golpeó en la mano de Gayà que, con un escorzo, acabó sacándolo de la línea de gol. El asistente y el árbitro interpretaron que el esférico había entrado y así se evitaron tener que tomar la decisión de pitar penalti o no. El Valencia ya no podía especular o contemporizar. Reaccionó pronto el equipo de Nuno con una jugada por banda de Piatti pero su centro bombeado no encontró rematador. Pero la ofensiva valencianista carecía de claridad y, antes de llegar al descanso el Deportivo puso más distancia en el marcador. Toda la consistencia defensiva que había mostrado el Valencia en estas primeras jornadas desapareció de un plumazo con un jugada de tres toques de portería a portería. Sacó en largo el Fabricio, peinó Cavaleiro adelantándose a Mustafi y remató Lucas Pérez que le ganó la partida a Otamendi y, posteriormente con su disparo, a Yoel.

Tocaba darle una vuelta al planteamiento y a la situación y Nuno dio entrada a Carles Gil y Feghouli por Piatti y Filipe Augusto. Aunque el verdadero cambio pasaba porque el Valencia transformara su actitud. Y, en ese sentido, el equipo de naranja mejoró. También hacía falta, obviamente, más fútbol. Y también, en este punto, el equipo valencianista dio más argumentos: Parejo y Javi Fuego se bastaron para sostener el medio del campo y crear juego. El Valencia empezaba a apretar: Feghouli estaba hiperactivo y acertado. Los laterales actuaban de extremos y la ofensiva era total. Pero el Depor esperaba encerrado atrás y al Valencia le costaba crear peligro. En el minuto 60 Otamendi estuvo a punto de recortar distancias con un cabezazo tras un saque de falta lateral. Poco después una gran combinación entre Gayà y Carles Gil acabó con un pase de la muerte a Rodrigo que no pudo dirigir su remate entre los tres palos. Faltaba el gol para que el Valencia acabara de meterse de lleno en el partido pero el tanto se resistía. Los minutos pasaban y las opciones de sacar algo positivo de Riazor se reducían. Nuno hizo el último cambio introduciendo a De Paul por Javi Fuego. El Valencia estaba en modo suicida con un solo mediocentro, cuatro mediapuntas y dos delanteros y la muerte le llegó pronto. Pero antes el árbitro le escamoteó un penalti al Valencia en una jugada en la que Rodrigo se adelantó a Fabricio y el portero del Depor se llevó por delante al delantero hispano-brasileño. Lo intentó también Alcácer con un envío al poste tras una gran jugada personal de Barragán. Sin embargo, fue el Depor el que hizo el tercer gol tras una contra que culminó Toché. Era el minuto 80 y el partido estaba más que sentenciado. El Valencia, al menos, lo siguió intentando aunque con la misma sensación de impotencia que había dejado durante todo el encuentro.

Fue una tarde en la que se rompieron muchas rachas: el Deportivo ganó en su estadio por primera vez en lo que va de temporada y el Valencia perdió por primera vez en Liga. Es lo que tienen las estadísticas que, cuando empieza a rodar el balón, valen de poco. Ahora el Valencia debe demostrar que lo sucedido en Riazor ha sido un contratiempo dentro de una dinámica victoriosa. Por otro lado, un equipo tiene mayor capacidad de crecimiento cuando pierde que cuando gana. Es importante sumar hasta cuando se pierde.  

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