Cuidar la cultura de club

Veintiocho meses después… es hora de poner punto y aparte. DIARIO DE MESTALLA cambia de piel, y su reforzada apuesta por el contenido audiovisual relega a un segundo plano todo lo demás, incluyendo los Análisis que durante dos años y medio he tenido la fortuna de escribir.


DIARIO DE MESTALLA cambia de piel. Como verán en los próximos días, el nuevo periódico refuerza la apuesta por el material audiovisual, que desde sus inicios hace tres años le han convertido en un referente informativo a la hora de seguir día a día las evoluciones de un Valencia CF que ha vivido en una auténtica montaña rusa durante todo ese tiempo.
La ‘criatura’ todavía no había cumplido un añito cuando Ignacio Fernández-Momparler, padre del proyecto, me citó en una cafetería para proponerme una colaboración. Llegó, además, en un momento personal difícil, tras invertir mucho esfuerzo en otra aventura periodística que terminó en pesadilla. No sabía si podría ayudarle. No sabía, tampoco, si estaría a la altura de algunos de los colaboradores que este periódico ha tenido desde sus inicios: Paco Lloret, Alfonso Gil, Josep Bosch, Josep Lizondo ‘Desmemoriats’…

Le comenté que no estaba seguro de que una columna de opinión con mi firma pudiese aportar el factor diferencial que buscaba. La respuesta me sorprendió: “No quiero una columna de opinión. Eso lo tiene todo el mundo. Quiero piezas de análisis largas, con sustancia”. Me sentí intrigado. Ignacio buscaba análisis en profundidad, atemporales, cuya fecha de caducidad trascendiese la semana o el típico partido con victoria o derrota. Reportajes que pudiesen consultarse años después y presentasen la misma vigencia o, debido a la coyuntura, un contexto y perspectiva esclarecedores. La idea me encantó, aunque enseguida me di cuenta de que teclear ‘tochos’ de 3.000 o 4.000 palabras no era ni mucho menos cuestión de media hora. Pero nos pusimos manos a la obra.

Además, el periódico había nacido –como yo- un 6 de octubre. ¿Cómo iba a negarme?

En DIARIO DE MESTALLA se han podido leer análisis profundos y extensos sobre el proceso de venta, cuyas brasas siguen ardiendo casi tres años después. Sobre Porxinos y anteriores directivas. Sobre la Fundación VCF y la multa de la Unión Europea. Sobre Nuno, Salvo, Rufete y aquel desencuentro que acabó en ruptura. Sobre George Mendes y la influencia que tuvo, tiene y tendrá, pese a que los altavoces oficialistas quisieron negarlo una y otra vez. Sobre Peter Lim y sus bandazos. Sobre las Juntas de Accionistas. Sobre fútbol, política, economía y sentimiento. En definitiva, sobre el Valencia CF en todas sus facetas.

Mientras me dedicaba a mi labor semanal, observaba con admiración el trabajo que Ignacio y sus colaboradores más estrechos realizaban para dotar de valor, cariño, esmero y una factura técnica cuidadísima la información diaria de la entidad. Sin titulares engañosos, sin ‘click-bait’, sin falsedades, sin trampa ni cartón. Cada entrenamiento, cada rueda de prensa, cada partido del filial, del juvenil, de cadetes e infantiles. Actos de presentación, dimisiones, destituciones y fichajes. Actos en Mestalla y en las peñas, con los veteranos, con directivos de alto nivel y aficionados de a pie. Nada escapa al objetivo de DIARIO DE MESTALLA.

La labor diaria de sacar adelante un proyecto tan apasionado, tan emperrado en cuidar y mimar la cultura y el corazón de un club que atraviesa una etapa cada vez de mayor desnaturalización, encontró fiel reflejo en la enorme cantidad de trabas y obstáculos para hacer viable un sueño así de bonito. Un concepto, el de ‘cultura de club’, con el que a muchos se les ha llenado la boca pero en el que pocos, muy pocos, están dispuestos a arrimar el hombro. En estos tres años –y créanme, lo digo como lo siento-, DIARIO DE MESTALLA ha crecido y seguido adelante ‘a puro huevo’, por una cuestión de esfuerzo personal y sentimental de sus ideólogos. Día tras día tras día. Sin ayudas, sin prebendas, sin filtraciones, sin cables externos a los que aferrarse. Sin favores de ningún tipo. Y eso, amigos míos, es absolutamente extraordinario.

Quizá, de hecho, sea el detalle clave que dota de absoluta fuerza moral y potencia argumentativa a su línea editorial: Ignacio no se casa con nadie, no se pliega ante nadie, no le debe nada a nadie. Y por eso en sus opiniones, libres, respetuosas, constructivas y siempre buscando lo mejor para el club que quiere, puede hallarse algo muy cercano a la pureza futbolística. Al menos, lo más cercano que yo he visto desde que me dedico a esto.

Veintiocho meses después… es hora de poner punto y aparte. DIARIO DE MESTALLA cambia de piel, y su reforzada apuesta por el contenido audiovisual relega a un segundo plano todo lo demás, incluyendo los Análisis que durante dos años y medio he tenido la fortuna de escribir. Sólo con un cambio editorial así puede asegurarse la viabilidad de un medio que, hoy más que nunca, es necesario e imprescindible para el aficionado valencianista.

Un aficionado valencianista al que, para acabar y en un abuso de confianza, voy a pedirle un favor: amigo mío, ‘banca’ este proyecto. Visítalo a menudo. Disfruta de todos esos vídeos y contenidos que no verás en ningún otro lugar. Goza con las ‘perlas’ de la cantera cuya existencia puedes conocer antes que nadie. Piensa y opina con propiedad tras ver las ruedas de prensa sin filtros ni cortes, íntegras, reales. Ayuda, en definitiva, a que la cultura de club siga cuidándose a diario.

Más que nunca… ¡larga vida a DIARIO DE MESTALLA!

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