El Nuno sintáctico: fútbol más allá de los noventa minutos

En pleno 2014, da cierto reparo tener que reiterar que el fútbol moderno exige a un entrenador mucho más que saber de táctica. El fútbol moderno es juego, resultados, psicología, autoridad, moralidad, exigencia. Y palabras, por supuesto. Muchas palabras


Foto: Dulce Sotos Valero - Nuno el día de la presentación

Foto: Dulce Sotos Valero – Nuno el día de la presentación

Va, no se hagan ustedes los despistados. Cuando allá por el mes de junio surgió el nombre de Nuno Espírito Santo, el 'what the fuck?' colectivo del grueso del valencianismo retumbó con fuerza en las paredes de Mestalla. La Liga había terminado, Juan Antonio Pizzi era protagonista en la revista Amunt en una extensa entrevista -en la que definió la llegada de Peter Lim como "saludable para el Valencia y para el fútbol español"- y hacía pocas semanas que la Fundación VCF había escogido la propuesta del magnate como la mejor para asegurar la viabilidad del futuro del club.

Días después, se confirmaba la patada al argentino y el aterrizaje en Mestalla de un desconocido. Lo era, a todos los efectos y sin que eso resulte en absoluto peyorativo. Había entrenado a Río Ave, había sido portero de Depor y Oporto, era amigo personal de Jorge Mendes y, principalmente, agradaba al singapurense. Nunca encontraré explicación a la insistencia en justificar de mil formas una decisión que, objetivamente, tomó un empresario que creía ciegamente en las posibilidades de Nuno Espírito Santo. El consejo del Valencia aceptó la petición de Lim como gesto de buena voluntad. No hay más. Del mismo modo que nunca se deben hacer lecturas torticeras de decisiones así, es incomprensible gran parte del argumentario empleado aquellos días. Era innecesario vestir al Santo.

Pero no nos dispersemos. Cualquier persona con dos dedos de frente entendió la decisión a la primera: "This is business". Pizzi era pasado, Nuno era presente. Había expectación -al menos por parte del que escribe estas líneas- por ver cómo saldría el proverbial melón.

PRIMER CONTACTO

Huelga decir que el presente no pretende ser un análisis táctico o futbolístico de lo que ha aportado Nuno hasta el momento. Hay gente mucho más capacitada infinitamente para hacerlo, además de que los resultados avalan su trabajo hasta ahora. Lo dijo el presidente Salvo en Riazor a sus allegados y suscribo sus palabras: "Todos firmaríamos perder uno de cada ocho partidos". No, ese no es el tema del que apetece hablar. En pleno 2014, da cierto reparo tener que reiterar que el fútbol moderno exige a un entrenador mucho más que saber de táctica. El fútbol moderno es juego, resultados, psicología, autoridad, moralidad, exigencia. Y palabras, por supuesto. Muchas palabras.

La estampa mental es diáfana y nítida: traje impoluto, barba recortada, planta imponente y un asombroso parecido con el actor Lawrence Fishburne. Nuno llegó a Paterna aquella mañana de principios de julio flanqueado por Salvo y Rufete, este último ligeramente incómodo por dos motivos más que evidentes: que el entrenador al que quería dar la confianza en la 2014-2015 era argentino -aunque el manager general siempre ha antepuesto los intereses del club a los suyos, y no le costó aprobar el nombramiento de Nuno tras conocer sus métodos-; y que, simple y llanamente, Rufo se encuentra más cómodo en chándal y pisando el césped con el resto de técnicos que vestido de traje y corbata en actos públicos. En ese sentido, resulta difícil no sentirse identificado con él.

Empezó la rueda de prensa de presentación del nuevo preparador y las preguntas, lógicamente, viraron en torno a la salida de Pizzi y los motivos para el nombramiento de su sucesor. Salvo y Rufete capearon el temporal, mientras Nuno no perdía la compostura en ningún momento. Fue el primer detalle en que el personal reparó: el portugués se manejaba con una soltura impropia de un novato en la Liga. Respondió sereno, tranquilo, contundente. "Es un placer y un honor estar en Valencia". Primer golpe a su favor. "La afición va a tener a un equipo que les hará estar orgullosos". Pronto, la sala escuchaba con atención. El escepticismo daba paso al interés. Entonces, Nuno se refirió a Lim como "Peter", su amigo, su confidente, aquel con el que hablaba por teléfono a menudo. El sentimiento volvía a repetirse casi un mes después, pero por otros motivos: "What the fuuuuuuuck?"

Nuno se hizo con el control en la sala. Su lenguaje gestual, sus palabras, el aplomo con el que hablaba, su tranquilidad… En una ciudad en constante necesidad de Tranquimazin, Nuno parecía el amable farmacéutico dispuesto a dispensarlo en dosis elevadas. Se le buscaron las cosquillas, sin duda. Se le midió. Se le 'apretó'. Y el luso salió airoso: "En esta sala no hay duda de que con la llegada de Peter van a llegar otro tipo de jugadores (…) Sé lo que es Mestalla, como adversario, y la afición del Valencia es muy grande, especial (…) Hay que darlo todo porque en fútbol no hay mañana, hay presente y respeto. No hay nada que nos de más placer que ganar".

Uno, que es un tipo raro, pidió el turno de palabra. Todo sonaba magnífico, pero en realidad la escena, la platea, sólo es la antesala del césped. Tras casi treinta minutos de comparecencia, me salió de dentro preguntar a Nuno por el estilo.

"¿Qué Valencia vamos a ver?" La pregunta no había terminado pero el portugués ya se había recostado en la silla y esbozaba una media sonrisa. "Te agradezco la pregunta porque finalmente vamos a cambiar el tema y vamos a hablar de lo que más nos gusta a nosotros, que es el fútbol. Eso es lo que nos apasiona", dijo con cierta dosis de alivio.

Nuno entró a la sala sabiendo que debería enfrentarse al recelo general de medios y aficionados, pero tras media hora de explicaciones y de permanecer a la defensiva, llegaba el momento de hablar de fútbol. De ilusionarse con el futuro que pretendía construir. Y, de paso, de ilusionar a la hinchada que escuchaba, leía y veía en directo al nuevo entrenador a través de Internet.

JUGAR CON UNO MÁS

Me marché de la sala de prensa pensativo, dándole vueltas al dominio de la escena del flamante técnico del Valencia. Su mensaje resultaba convincente, desde luego. También ligeramente familiar. Y esto último no era, en absoluto, mala noticia. El paso de los días confirmó las sospechas: como buen representante de la escuela Jorge Mendes, Nuno también trabaja con mimo la escenografía de sus comparecencias. Una virtud incuestionable en la era del 3.0, las redes sociales y las plataformas de contenidos. Vienen a la mente nombres como los de Cristiano Ronaldo, André Villas-Boas o incluso el ínclito José Mourinho, antes de que el personaje devorase al entrenador. El lenguaje utilizado se asemeja, el mensaje ambicioso también. Perfil de triunfador. Palabras de ganador.

Una de las diferencias más significativas de Nuno con respecto a sus predecesores -y aquí empieza el 'meollo' del análisis- es el papel que reserva siempre en su discurso a la hinchada. Los guiños son constantes. Ya en pretemporada el mensaje fue calando. La presentación, ante el Milan, fue la consolidación del ideario: "Mestalla ha superado todas nuestras expectativas", dijo tras la goleada endosada a los de Inzaghi. "Ha sido un día muy especial para nosotros, en el Mestalla que todos queremos para el futuro. Eso es lo más importante: Mestalla ha sido el decimosegundo jugador que necesitamos", agregó. Mensaje enviado. Guante lanzado. Y el público ha respondido, en asistencia y en implicación. ¿O hay que recordar el estado de excitación colectiva cuando el 29 de agosto anunció el inminente aterrizaje de "una bomba, un jugador fantástico" en la plantilla? Hasta para eso, jamás un técnico había logrado crear tal grado de expectación con apenas dos frases. Cosas de ser amigo de Peter Lim.

Los grandes éxitos del portugués son ese 'leitmotiv' que el ex guardameta reitera con cierta sutilidad cada vez que comparece ante los medios. No interfieren en el discurso semanal ni en el análisis futbolístico del rival de turno -ya se encargan sus ayudantes de tener estudiado al milímetro al equipo contrario-, pero sí refuerzan el mensaje. Unión. Compromiso. Ambición. "Disfrutar de nuestro trabajo". Una de las más célebres supone un resumen corto, sencillo y certero de la filosofía que muchos entrenadores tardan una vida en plasmar en palabras: "Comida es entrenar fuerte y después el postre es ganar el domingo", dijo hace escasas fechas. Mensajes enviados hacia el exterior (prensa, aficionados), pero cuyo destinatario principal mora dentro de la caseta, ese futbolista que leerá o escuchará sus declaraciones en las horas siguientes: si no hay esfuerzo durante la semana, ni mucho menos te habrás ganado el derecho a disfrutar de la tarta futbolística por antonomasia que es la titularidad y posibilidad de sumar los tres puntos.

Del dicho al hecho debe haber un trecho, ¿cierto? Sin embargo, no es mera palabrería: Nuno sí predica con el ejemplo. La relación con la grada debe ser simbiótica, recíproca. Es el primero en incitar a sus jugadores a valorar y apreciar el aliento constante de los aficionados en cualquiera de los entrenamientos a puerta abierta que ha dispuesto –y que ya en su día alabamos sin reparos– y, especialmente, en cualquiera de los compromisos disputados en Mestalla o a domicilio. Nuno lo demuestra, tirando de sus futbolistas, ordenándoles que vayan al rincón del estadio de turno que ocupan los aficionados valencianistas -también en la derrota, como se vio en Riazor- para saludarles y agradecerles su apoyo.

En etapas anteriores se han vivido episodios absolutamente lamentables y fuera de lugar protagonizados por jugadores egoístas que ignoraban a aquellos responsables de su sustento, los verdaderos héroes que cimientan el negocio del fútbol. Estampas de infamia en la Ciudad Deportiva de Paterna, con futbolístas pisando el acelerador para salir escopetados de las instalaciones sin pararse a firmar un mísero autógrafo. O derrotas a domicilio en las que la propia plantilla, en su mayoría, ponía la desafortunada 'guinda' al no dignarse siquiera a acudir a saludar a los aficionados valencianistas que habían hecho el esfuerzo de desplazarse cientos de kilómetros para alentarles. Imperdonable. Impropio de un club grande.

No es un simple ejercicio de dominio escénico. Si algo han demostrado estas primeras jornadas es que Nuno es un tipo astuto, y que conoce perfectamente los resortes necesarios para que su equipo saque ventaja. Jugar con un hombre más cada partido en casa, con una grada enfervorecida y que empuje a los suyos, debería ser obligatorio para cualquier entrenador blanquinegro, pero sólo el luso -y Pizzi, en menor medida- han sabido captarlo. Lejos quedan aquellos tiempos en los que el técnico de turno echaba en cara a la grada que no levantase un partido por sí misma. No imagino a Nuno reprochando nada a Mestalla. Todo lo contrario: el portugués sabe del arma secreta que posee cada quince días, y no duda en tocarle la fibra antes de los partidos si es necesario, rendirle pleitesía tras una velada inolvidable en la Avenida de Suecia o en arengar, brazos en alto, a la gente desde la zona técnica. Lo que haga falta para tener al público 'enchufado'.

HACERLE UN 'CHOLO' AL CHOLO

Precisamente desde el sector nacional de la prensa se ha ensalzado, analizado, alabado y loado la conexión que mantiene otra de las grandes hinchadas de la Liga, la colchonera, con el Cholo Simeone. El técnico del Atlético es todavía más gesticulante, expresivo y desaforado en sus carreras y aspavientos por la banda. Y nadie ha puesto objeción ninguna, todo lo contrario.

Por eso resulta ciertamente sorprendente el ataque frontal -más o menos afortunado, más o menos inocente- que el jefe de prensa del preparador argentino dispensó a Nuno el pasado fin de semana, después de que el Valencia cayese derrotado por vez primera esta temporada. El 'pique' en área técnica quince días atrás todavía coleaba. Durante el partido, el Mono Burgos y el cuerpo técnico blanquinegro tuvieron más de un roce durante los noventa minutos. Luego, llegaría el desplante del ex portero colchonero cuando Nuno trató de darle la mano. El técnico del Valencia se marchó del césped satisfecho doblemente: no sólo había ganado la batalla futbolística, sino que también había prevalecido en la guerra de la imagen.

Llama la atención la inquina hacia el portugués, insisto, habida cuenta de que Simeone ha usado desde su regreso a España prácticamente las mismas armas que Nuno en sala de prensa. Presión a los árbitros, victimismo cuando tocaba, apelar a la hinchada, promesas de un equipo comprometido, aguerrido y luchador. Muchas similitudes. El único pecado de Nuno fue hacer algo similar en la previa del choque ante el Atlético, recordando al árbitro la necesidad de "aplicar la ley" y de evitar -precisamente a pregunta de servidor- los bloqueos ilegales que han hecho al del Manzanares un equipo temible a balón parado. Al Cholo y a su entorno les molestó la derrota, sí, pero especialmente les molestó caer en Mestalla ante un rival y un entrenador que les pagaron con su misma moneda. "Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga".

PARTIDOS DE UNA SEMANA

Basta ya de considerarlo palabrería o mero postureo. No hace falta pensar demasiado para encontrar un par de ejemplos de técnicos charlatanes cuyo discurso molaba un huevo pero que luego naufragaban en el césped en el impredecible oleaje de las derrotas útiles. Estamos en el siglo XXI, señores: el fútbol ha evolucionado. Manejar los tiempos y la escena pública es casi tan importante como acertar con la alineación. Tipos como Jose Mourinho -ahora es cuando la jauría merengue se lanza a la yugular- han fundamentado gran parte de su éxito en cultivar un aura de infalibilidad a su alrededor gracias a la palabra, según la cual las victorias son sus éxitos y las derrotas, culpa de los futbolistas o de terceros. Mou nunca pierde.

Hacía tiempo que un técnico del Valencia no presionaba un arbitraje con el 'savoir-faire' que Nuno demostró en la previa del Atlético de Madrid -quizá Valverde, pero con mucha menos mala uva-. Hacía tiempo que un entrenador no conectaba con tanta intensidad con los aficionados, dentro y fuera del césped. La gente ya ha interiorizado expresiones como "bomba" o "fantástico" con la particular pronunciación del luso. Y siempre en tono de admiración, de reverencia, nunca de burla. Su discurso 'engancha', motiva, supone todo un ejercicio de coherencia dos veces por semana. En la mente de Espírito Santo, el partido arranca el lunes y sólo termina después de que las luces de Mestalla se apaguen, horas después del pitido final. Y no concibe otra cosa que no sea una victoria total.

El resumen de las primeras jornadas de Nuno al frente del equipo revela trazas de un tipo preparado, leído, astuto y gran conocedor de los resortes que manejan el ámbito de los medios de comunicación y las comparecencias públicas. Fuera de Paterna, cuentan, se trata de un tipo ciertamente normal, muy lejos de los excesos vistos en etapas anteriores. Si bien es cierto que la ola de buenos resultados le ayudó a tumbar de un sólo golpe la resistencia y suspicacias que había levantado su incorporación, Nuno es consciente de que sólo con el apoyo incondicional de Mestalla se puede edificar un fortín como local que asegure esa bolsa de puntos necesaria para entrar en Champions. De que sólo un infierno naranja puede decantar eliminatorias ajustadas en la Copa del Rey. Y todo eso, repito, sin haber escrito ni una palabra sobre táctica o estrategia… todo eso son cualidades propias de un buen entrenador para el Valencia.

Quizá, de un gran entrenador para el Valencia.

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